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Reportaje

Estilo de vida

McLaren GT: nos vamos de turismo con el McLaren más... ¿práctico?

De turismo, con el McLaren GT 2020
A Bruce le encantaría eso de tener 570 litros de maletero con 620 CV...

Son días de soñar con una vida 'post-apocalíptica', como dicen algunos. Y nosotros te invitamos a hacerlo a bordo de un vehículo que cuesta más de 228.000 euros y que estaría dispuesto, si tu cuenta corriente quisiera, a ser un superdeportivo rápido, exclusivo, relativamente cómodo y hasta funcional: el McLaren GT. Nos vamos de turismo con el McLaren más práctico y versátil -si es que esto se puede decir de un coche así-. ¿Vienes? 

Bruce McLaren, el piloto, mecánico, empresario y fundador de la segunda escudería más laureada de la historia de la Fórmula 1, también soñó con muchas cosas. Y una de las que no pudo cumplir fue la de construir un superdeportivo 'de calle'.

Bruce McLaren y su coche de calle
Bruce McLaren sí llegó a hacer un prototipo de calle.

Pero este 'apodo' no llegaría hasta 1992, cuando la división McLaren Automotive daría a luz, por fin, las 104 unidades del mítico McLaren F1, que desbancaría al Jaguar XJ220 como el coche de producción más rápido del mundo y sería el precedente del resto de coches de serie de la firma -que en iniciarían su andadura, en realidad, en 2011-. Pero, en cualquier caso, el bueno de Bruce tendría que conformarse con un prototipo para uso personal con el que se le llegó a ver paseando por ahí, en fiestas... y poco más. 

Toda la historia de McLaren

Por eso, hace especial ilusión plantarse en el nuevo concesionario McLaren de Barcelona e imaginar que puede elegir cualquiera de sus joyas rodantes y pasar un día de aventuras por las viradas carreteras de los alrededores. "¿Cuál vas a querer?", me dice una voz como del más allá. "¿El McLaren 600 LT? El McLaren 675 LT? ¿El McLaren 720 S Spider? ¿El McLaren GT, en rojo o en azul?".

Concesionario de McLaren en Barcelona

Aunque no pueda escoger el típico 'naranja papaya' -que en los últimos años ha vuelto a dominar en el monoplaza de F1, si esto es lo que llaman un 'sueño lúcido' (de esos que parecen reales y uno se da cuenta de que puede hasta volar), ¡que a nadie se le ocurra despertarme! 

Todos me apetecen. Muchísimo. Pero reconozco que eso de que el McLaren GT sea 'práctico' me pone tonto, más que cualquier otra cosa. Y en ese rojo cereza, como el concept de Bruce, me hace una gracia especial. ¿Una potencia 620 CV y un maletero -combinado- de 570 litros como argumento de venta? Pónganme uno para llevar, para hincarle el diente desde ya y huir muy lejos.   

De 'turismo' en este Grand Turismo

Mi unidad de pruebas tiene volante a la izquierda, pero está matriculado en Gran Bretaña, con unas placas en las que pone "GT10 MCL", porque allí se pueden comprar personalizadas. El resto de elementos tampoco son ni al azar ni con formas y materiales convencionales. 

Por fuera, hay que admitir que las formas son perfectamente reconocibles desde cualquier punto: los faros delanteros son bastante más refinados que los de sus hermanos; las tomas de aire laterales, menos agresivas; las llantas, de brazos muy numerosos y estilizados; y la trasera 'esconde' los pilotos de LED, en lo que a mí me parece un toque de finales de los 80 y principios de los 90, con esas rejillas que ocultaban la iluminación posterior y conferían a los Ferrari Testarrossa y 348 o al propio Jaguar XJ220 una gran personalidad. 

De turismo, con el McLaren GT 2020
De turismo, con el McLaren GT 2020

Cuando me asomo a la enorme luna trasera, no aparece su motor central-trasero longitudinal de 3.994 cc distribuidos en 8 cilindros en V. ¡Ni al abrir el capó, donde sólo hay un hueco de 150 litros! En el portón, hay una especie de forro antideslizante especialmente desarrollado en Woking para este modelo con unas mallas de fijación y ya. Ahí tengo otros 420 litros disponibles para el equipaje. Si lo piensas bien, es mucho para un vehículo así, pero olvídate de llevar al perro -si es que se te había pasado por la cabeza-, porque incluso el caniche más 'apañado' se agobiaría por la altura y el 'efecto invernadero' bajo el cristal, no habría la separación reglamentaria entre cofre/animal y habitáculo... 

De turismo, con el McLaren GT 2020

Pero como yo soy más de gato doméstico, pues pulso el botón de la llave, meto con disimulo una chaqueta y una elegante mochila con el logo de Porsche (ya sé que eso no es de buen gusto, pero me acabo de dar cuenta ahora y, viendo el garaje del concesionario, te aseguro que aquí no se hace ascos al lujo en ninguna de sus facetas) y dos termos de café (bien dentro, con las cremalleras cerradas) de la boutique McLaren. Mejor ahí que dentro, que la cosa se presenta movida... 

Como un guante

Pulso ahora el botón de apertura y, automáticamente, se baja unos centímetros la ventanilla, como si fuera un cabrio actual. En contra de mis previsiones, no hay un pistón que la accione automáticamente hacia arriba, sino que tengo que darle un empujoncito. Es muy ligera y enseguida asciende. Todo el mundo desaparece. ¿De verdad que esto es sólo para mí? Pero como el despertador sigue sin sonar, accedo y me voy acomodando. Un autobús urbano pasa a escasos centímetros y me recuerda lo práctica que puede resultar esa configuración de puertas, aunque no me imagino haciendo la compra en un centro comercial, aparcando entre una columna y un carrito y pidiéndole a mi hijo que, al salir, no estampe la suya contra un tubo de ventilación del techo. ¿O sí? Sería un puntazo. 

Ya acoplado, me recreo un poco en el famoso logo de McLaren que hay en el volante y que parece multiplicarse por mil en las formas de los paneles, en los altavoces, dotando al habitáculo de un dinamismo que puedes percibir por todas partes. Me encanta. Pero si a eso le unes el revestimiento en piel marrón claro -más sufrido que el blanco de la unidad azul, dónde va a parar- y lo bien rematado que está todo, no me importaría nada de nada que este fuera mi compañero de todos los días para ir al trabajo. 

De turismo, con el McLaren GT 2020
De turismo, con el McLaren GT 2020
De turismo, con el McLaren GT 2020

Es el momento de pisar el freno con decisión y pulsar el botón rojo de arranque y que empiece la fiesta. ¡Brooom! Lo escribo con 'o' porque este coche es inglés, aunque su bramido estremece en ese lenguaje universal que estremece los sentidos. No resulta desagradablemente alto, ni mucho menos. 

En la consola central, el monigote que hay en la pantalla para regular el flujo de la climatización tiene casco, para que no olvides que McLaren empezó a en eso de los coches de F1, en 1963. Y en el túnel de transmisión, junto a los botones de D (directa), R (retroceso/marcha atrás) y P (freno de mano/parking), hay más botones y ruedas con sabor a monoplaza para elegir modo automático o 'Manual' (cambio secuencial de 7 velocidades mediante levas) y actuar de forma independiente sobre chasis y mapas de motor, cuando pulsas 'Active', y jugar así con tres modos de conducción (de más confortable a más salvaje) en cada ruleta: Confort, Sport y Track

De turismo, con el McLaren GT 2020

Con los parámetros más dóciles, inicio la marcha por badenes, cruces, rotondas de polígono, pasos de peatones y las miradas de todo el mundo. Lo que más me intimidan, de momento, son los posibles bordillazos en unas llantas de 20 y 21 pulgadas, aunque tengo que reconocer que la superficie acristalada proporciona una visibilidad excelente por todas partes y la dirección, aunque suave, es lo suficientemente precisa como para esquivar de un volantazo, si fuera el caso, al tipo despistado con el móvil en la mano. 

Prueba del McLaren GT 2020 rojo

Igual que un novato usa una milésima parte del 'Photoshop' para retocar fotos de su último viaje, yo soy consciente de que, en este McLaren GT tan 'práctico' tengo 620 caballos bajo el acelerador y sólo he usado medio 'poney', de momento. Pero no me quiero emocionar todavía porque la salida a la autopista está cuajada de radares a 80, 100 y 120 km/h. Así que pasan los kilómetros y el único estrés que tengo es el de ir a punta de gas para no pasarme. ¡Qué lástima que no me dé tiempo hoy a hacer una visita rápida al Circuit de Barcelona-Catalunya y ponerlo a los 326 km/h que declara de velocidad máxima

De turismo, con el McLaren GT 2020

Enseguida recuerdo que esto es una toma de contacto 'práctica', realista... Y, tras ir cómodamente a trabajar todos los días en este coche, me imagino perfectamente de escapada romántica, con un coche relativamente cómodo hasta para hablar, porque la insonorización para cuando quieres que así sea es realmente buena (sin silenciar los escapes, ni nada). Tanto, que el rugido de mis tripas me hacen volver a la (dulce) realidad. 

De turismo, con el McLaren GT 2020

En la radio suena aquella frase de "No more lonely nights", de Paul McCartney. Así que decido seguir las señales del destino y que Mc...Cartney y Mc...Laren me lleven a un Mc...Donald's? Veo un Auto King que también me vale -ahora mismo mordería un retrovisor-, pero no pienso dejar el GT solo ni un momento y no me fío de las estrecheces del carril, manchar la tapicería de kétchup, que el volante luego se quede brillante de la grasilla... o lo que es peor: que, en el peor momento de la curva, una leva se escurra de mis dedos brillantes y la liemos pardísima. Y si ya es materialmente imposible que la bebida de cualquier centro de comida rápida no empape todas las bolsas de cartón camino a casa, lleves un 600, imagina aquí. 

Curvas 'made in Woking'

Con más hambre de curvas que de otra cosa, agradezco ahora que nadie se pueda marear a mi lado, porque decido continuar hasta Sitges por la carretera más virada de la zona. Espero que no haya mucho tráfico. De pronto, mientras estoy detenido verificando la ruta en el navegador, alguien me grita desde un camión de chatarra, entre risas: "¿Qué te doy por él?". "¡La voluntad, que no es mío y salgo ganando sí o sí!", le respondo mientras apuro la barrita energética que ahora me sabe a auténtico manjar de dioses. Y que, bien mirado, dará menos guerra en el estómago cuando pise el acelerador.

De turismo, con el McLaren GT 2020

 

Enfilo el frontal hacia la 'pista'. Cambio a modo Track y salgo de un acelerón. Esta cosa tan apetecible de 620 CV y 630 Nm de par máximo a 7.500 vueltas, se pone de 0 a 100 km/h en 3,2 segundos con un empuje brutal. ¿Ya me habría fundido el sueldo de unos cuantos días en gasolina y neumáticos? Seguramente, pero ¡guau! (digo, "wow!", que te recuerdo que no tengo perro -algo que a estas alturas agradeceríamos tanto él como yo- y esto sigue siendo muy British y muy racing). 

De turismo, con el McLaren GT 2020
Prueba McLaren GT 2020 rojo, trasera

El coche es una auténtica pasada. Dentro de todo, da la sensación de ser muy compacto, entra muy bien en curva y la entrega de la potencia se puede ir matizando un poco con los controles circulares, que decido ir usando en favor de la seguridad y el sentido común. En el modo Sport se disfruta igual o más, porque la electrónica hace su trabajo si es preciso y esa mezcla de deportividad y control te hace dejar muy lejos -y muy rápido- los problemas del mundo. 

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Las frenadas también son de lo más efectivas y hasta dulces, si quieres y si la temperatura de los discos alcanza su nivel óptimo. 

Arte funcional 

A la vuelta, decido parar a descansar un rato y recargar fuerzas en algo que me parece un alojamiento de lo más pintoresco. ¡Pero si es un palacete de Gaudí convertido en restaurante! Fidel, su dueño, que está retocando la valla, me invita a pasar y me cede sin compromiso ese lugar para hacer las fotos que quiera. La verdad es que necesitaba hacer un alto entre tantas emociones de este día improvisado día con el McLaren GT, en el que sí, estoy haciendo turismo con el McLaren más práctico

De turismo, con el McLaren GT 2020
De turismo, con el McLaren GT 2020
De turismo, con el McLaren GT 2020

Antes de dejarme llevar por la emoción, recuerdo que en la palanca de la derecha del volante, el fabricante ha instalado un botón para levantar un poco el chasis cuando es necesario y salvar resaltos, canales de agua, badenes, cuestas de parking, empedrados... Y aquí viene muy bien.

De turismo, con el McLaren GT 2020

Mi anfitrión se esfuerza en indicarme para maniobrar y, aunque se lo agradezco mucho, no quito ojo -ni oreja- a la enorme pantalla del sensor de aparcamiento que aparece en el display cuando pulsas el botón de la marcha atrás. Tampoco le hago ascos a los pitiditos del asistente y a cualquier otra cosa que preserve la integridad de este McLaren 'de calle' y de pleno disfrute en cualquier circunstancia. 

De turismo, con el McLaren GT 2020

No doy un euro por la integridad de otros dos objetos de deseo tras este 'delicioso' ayuno, pero los termos de café han resistido las fuerzas G y ahora vienen muy bien para merendar, junto a las formas modernistas del palacio, la masía, la torre romana con vistas al mediterráneo...

De turismo, con el McLaren GT 2020
De turismo, con el McLaren GT 2020

Soy bastante 'fación' para según qué cosas y un hombre de gustos sencillos, aunque nadie en 20 kilómetros a la redonda lo dijera viéndome ahora mismo así.

De turismo, con el McLaren GT 2020
De turismo, con el McLaren GT 2020

Pero al echar un vistazo a 'mi' McLaren GT e alegro de haber dado un poco la lata en el concesionario con aquello del color, porque el contraste con estos parajes es, simplemente, mágico; y el día de hoy, disfrutando de esta máquina y de este entorno, un verdadero lujo.  

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Me quedaría aquí toda la vida y hasta dormiría en el coche, si fuera necesario. Y sin estreses, prisas, mascarillas ni coronavirus.

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Porque en mis sueños, tengo este McLaren en el garaje, ya no me importa que no sea color 'naranja papaya', como el de Carlos Sainz y puedo programar el siguiente viaje al fin del mundo...

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