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Reportaje

Motor

Giannini, el preparador romano que rivalizó con Abarth

Giannini, el preparador romano que rivalizó con Abarth

Realizó varias versiones del Fiat 500 durante los 60 y 70

Todo el mundo conoce la marca Abarht, su historia y trayectoria como preparador de modelos de Fiat. Sin embargo, muy pocos conocen otra marca, Giannini, el preparador romano que rivalizó con Abarth en los años 60 y 70. 

Tras el fin de la Primera Guerra Mundial, la industria automovilística experimentó un espectacular crecimiento, gracias a la aparición de grandes nombres que se convertirían en leyendas de las cuatro ruedas.

Personas cuyas aportaciones fueron vitales para el desarrollo de algunas de las carreras de competición más famosas del mundo, como Le Mans, la Mille Miglia o la Targa Florio, escenarios donde grandes genios de la mecánica probaban sus creaciones. 

Uno de esos nombres legendarios fue Giannini, una marca nacida en Roma dedicada a la modificación y preparación de motores para la competición. Lo que empezó como una pequeña oficina de recambios acabó convirtiéndose en preparador oficial de Fiat, protagonizando una hermosa y apasionante rivalidad con Abarht.

Giannini: del origen al Fiat Topolino

Giannini, el preparador romano que rivalizó con Abarth
El Fiat Topolino fue el primer coche popular en el periodo de entreguerras

Los orígenes de Giannini se remontan a 1917, cuando los hermanos Attilio y Domenico Giannini abrieron una pequeña oficina, a orillas del río Tíber, en donde se dedicaban a la fabricación y venta de diferentes componentes mecánicos para automóviles. 

Apenas unos años después, esta oficina comenzó a colaborar con la marca Itala y, en 1927, elaboró un bólido con el que participó en la primera carrera de la Mille Miglia, el Itala Tipo 61. Desde entonces, Giannini se había especializado en la preparación de motores para las diferentes competiciones de la época. 

Cinco frikadas de la historia de Fiat que, quizá, no conocías

Su reputación aumentó en los años treinta, cuando realizó una serie de modificaciones en el Fiat 500 Topolino que convirtieron a este pequeño 'ratoncito' en una máquina de carreras, consiguiendo multitud de victorias y récords mundiales en la categoría de 500 centímetros cúbicos. 

Una de las innovaciones más destacadas de los hermanos Giannini fueron las bielas de aluminio que daban una mayor ligereza del motor y evitaban que éste acabara destrozado, ante una eventual rotura de una de las bielas.

El Fiat Giannini Topolino consiguió cruzar la línea de meta en varias carreras populares de la época como la Trento-Bondone, incluso por delante de los Ferrari, alcanzando los 160 km/h de velocidad media en algunas pruebas.

Giannini era ya una marca famosa en Italia pero el estallido de la Segunda Guerra Mundial frenó sus ambiciones. Como ocurrió con otras empresas, tuvo que dirigir sus servicios al ámbito militar. 

https://www.youtube.com/watch?v=DxMfDhTYVDc&ab_channel=CineCarsTV
Giannini se especializó en la preparación del Fiat 500

Una vez finalizada la contienda, los hermanos retomaron la actividad, pero esta vez, no con vistas a la competición sino a la elaboración de motores propios destinados al sector de camiones y vehículos pesados que habían quedado inutilizados en la guerra. 

En 1947 Giannini produjo un motor diésel de tres cilindros e inyección directa que entregaba 40 CV de potencia, pero su éxito fue discreto y, a finales de la década de los cuarenta, volvió al mundo que le había dado notoriedad, el de las carreras.

No obstante, la breve experiencia en el campo militar hizo que la pequeña empresa romana aumentara sus competencias técnicas y ganara en robustez. Construyó nuevos motores y en 1949 creó su primer prototipo, el G1 750, con el que participó en la carrera de la Mille Miglia en la categoría de 750 centímetros cúbicos, obteniendo un resultado considerable. 

El éxito de la mecánica Giannini era tal que acaparó la atención de personajes como Barardo Taraschi, empresario y piloto italiano que fundó su propio negocio en la ciudad de Teramo, Meccanica Taraschi, y construyó varios vehículos de carreras bajo la marca Giaur, con la colaboración de los hermanos Giannini.

Década de 1950: nace el Fiat 500

En la década de los 50, Europa experimentó un notable crecimiento económico, gracias a los estímulos del Plan Marshal para la reconstrucción del viejo continente tras la Segunda Guerra Mundial. 

A este crecimiento económico, contribuyó también el nacimiento de la Comunicad Europea del Carbón y el Acero (CECA) y, posteriormente, la Comunidad Económica Europea (CEE) y Comunidad Europea de la Energía Atómica (CEEA), antecedentes de la actual Unión Europea.

Comenzaba, así, a desarrollarse lo que acabaríamos denominando ‘sociedad del bienestar’ y la población europea empezó a alcanzar mayores niveles de prosperidad. Este crecimiento económico también se notó en la industria del automóvil, particularmente, en Italia.

En 1955, el Fiat 500 Topolino estaba ya muy anticuado y se antojaba necesario un sustituto más moderno, adapto a las nuevas necesidades de los italianos. Así nació el Fiat 600, que tuvo un gran éxito comercial también en otros países como España, bajo la marca SEAT

Sin embargo, continuaba siendo un coche algo caro para algunos sectores de la población. Así que la marca turinesa creó en 1957 un modelo más económico, el Fiat 500, un utilitario muy pequeño, cómodo y práctico que no sólo permitió a los italianos acceder a su primer coche sino, también escribir una de las páginas más importantes en la historia del automovilismo.

Pronto, todas las ciudades italianas se llenaron de este pequeño y simpático coche, convirtiéndose en un símbolo del país que entraba, definitivamente, en la modernidad. Esto fue aprovechado por Giannini que vio la posibilidad de repetir los logros que había conseguido con el Topolino en los años treinta. 

Giannini, el preparador romano que rivalizó con Abarth
Realizó versiones como el Giannini 500 TV y el GT 590

La marca romana preparó una serie de modificaciones mecánicas y estéticas para la nueva joya de Turín y el resultado fue, en 1963, el Giannini 500 Turismo Veloce y el Giannini GT 590, dos versiones especiales que aumentaron aún más la popularidad del Cinquecento.

Las modificaciones en el motor permitían casi doblar la potencia original, desde los 18 hasta llegar a los 35 CV, según las versiones, gracias al uso de carburadores de doble cuerpo, doble colector de aspiración con el interior en aluminio, un cárter de aluminio, un tubo de escape especial o el empleo de una pompa electrónica en el depósito de combustible. 

A la hora de comprar un 500 original, el cliente podía elegir entre varias opciones, como incluir un carburador o un tubo de escape específicos o algún otro componente de la firma Giannini. Incluso, muchos que poseían un 500 de serie, luego sustituían algunas piezas del motor por otras de Giannini, hasta donde les permitía el bolsillo. 

En el campo estético, la marca romana ofrecía también varias opciones de personalización, como adhesivos, paragolpes, el logo Giannini en el frontal o los acabados interiores más cuidados y deportivos. Para entonces, Giannini ya se había convertido en preparador oficial de Fiat.

Giannini Vs Abarth, una hermosa y apasionante rivalidad

Giannini, el preparador romano que rivalizó con Abarth
Giannini protagonizó una emocionante rivalidad con Abarth

A partir de los años sesenta, el éxito de Giannini era tan fastuoso que originó una gran rivalidad con otro preparador que había alcanzado también una gran notoriedad, como Abarth. Si bien hoy nos resulta más conocida la marca que fundara el empresario y piloto de origen austríaco Karl Abarth, Giannini llegó a gozar de mayor popularidad

De hecho, Karl Abarth estuvo a punto de convertirse en empleado de la marca romana, pero el desacuerdo en la cantidad de la retribución lo impidió. Además, muchas de las piezas utilizadas por Abarth eran construidas por Giannini. Pero esa rivalidad no era tan vista entre las dos marcas sino, más bien, entre el público.

Además de las versiones Giannini del 500 para uso de calle, también hubo otras destinadas a la competición con las que la marca consiguió numerosas victorias en su categoría, tanto en carreras en circuitos como en las famosas carreras en subida a colinas. 

Eran tiempos en los que las carreras populares gozaban de un gran prestigio en Italia y muchos amantes de los coches participaban por pura pasión. Algunos de ellos eran personajes que acabarían siendo importantes como el propio Luca di Montezemolo, quien también competía en diferentes pruebas con un Giannini 500.

La crisis del petróleo y la transformación en los 80

Giannini, el preparador romano que rivalizó con Abarth
La crisis del petróleo truncó los proyectos de Giannini

A mediados de los setenta, la crisis del petróleo provocó una crisis económica global que afectó seriamente a la industria del automóvil. Fueron los años en que desaparecieron los grandes motores americanos y en Europa los distintos fabricantes comenzaron a elaborar propulsores más contenidos.

Las prestaciones y la diversión al volante dejaron paso a la preocupación por la eficiencia y el mayor ahorro de combustible. Giannini había elaborado una versión más prestacional del nuevo Fiat 126, nacido en 1972 para sustituir al 500 (aunque sin el mismo éxito), con un motor que llegaba hasta los 800 centímetros cúbicos.

Pero el nuevo contexto económico obligó a Giannini a producir motores más pequeños. Realizó una versión del 500 de sólo 350 centímetros cúbicos, pero que rendía la misma potencia. 

A partir de ahora, la casa romana centró sus esfuerzos en elaborar modificaciones atendiendo a las exigencias y a la realidad económica del momento, sellando el inicio de una nueva filosofía que continuaría en los años sucesivos: ofrecer vehículos con buena calidad de acabados y con consumos ajustados.

La década de los 80 fue un periodo de transición. A medida que se dejaba atrás la crisis energética de 1973 y la industria comenzaba a ver el final del túnel, las diferentes marcas empezaron a introducir nuevas gamas de motores en sus modelos, desde los más básicos hasta los más potentes. 

Vehículos como el Peugeot 205 GTI, el Renault 5 Turbo o el Ford Fiesta XR2 provocaron un frenesí entre el público más joven. Lo mismo ocurrió en Italia con coches como el Fiat Uno Turbo

Viejas glorias: Fiat Uno Turbo

Ante esta situación ya no tenía sentido preparar motores, ya que el propio fabricante ofrecía versiones más deportivas de sus propios modelos. Así que Giannini dejó de realizar intervenciones en la mecánica para ocuparse de la elaboración de equipamientos más exclusivos.

En los años 90, produjo algunos modelos de Fiat con modificaciones estéticas, pero no en el motor. De esta forma, y gracias a modelos como el Uno y el Panda, se mantuvo la relación entre Giannini y la marca turinesa, una relación que quedó reducida a un mero servicio de posventa.

Una leyenda romana

Giannini permitió, primero con el Fiat Topolino y, sobre todo, después con el 500, que muchos entusiastas de las cuatro ruedas pudieran acceder a un vehículo prestacional y a una conducción divertida sin tener que gastar mucho dinero, como en modelos deportivos de Alfa Romeo o Lancia. 

Su contribución al automovilismo ha sido muy notable por haber iniciado una corriente, la de las casas de modificación y preparación de motores, tan populares en Italia en los años cincuenta, sesenta y setenta. 

Hoy, Giannini es sólo un hermoso recuerdo en el corazón de algunos apasionados que vivieron aquellos años vibrantes o de los amantes del automovilismo clásico que encuentran en la firma romana la nostalgia del tiempo que se fue. 

Fuente: Giannini Automobili

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