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Reportaje

Motor

Coches míticos solo para verdaderos amantes del motor, Ford Probe

Coches míticos, Ford Probe

Con sus faros escamoteables

Qué tiempos aquellos, en los que las marcas fabricaban preciosos coupés de líneas elegantes, faros escamoteables y buenas prestaciones. ¡Cómo ha cambiado la historia, que hoy podemos ver por la calle hasta un Ford Mustang convertido en un SUV eléctrico! Hoy te traemos otro capítulo de aquellos coches míticos para verdaderos amantes del motor: el Ford Probe.

El Ford Probe llegó a nuestras vidas en aquel inolvidable año de 1992, año de Juegos Olímpicos, de la Expo y de la llegada del tren de alta velocidad. España, definitivamente, abría la ventana se asomaba al mundo. 

Pero el Probe, en realidad, apareció mucho antes, aunque no llegó a Europa. La primera generación del coupé de Ford empezó a gestarse a finales de los años 70, con la intención de fabricar un deportivo más modesto y menos prestacional que el icónico Mustang y con los coletazos de la crisis del petróleo de 1973 de fondo. El coche se presentó en 1988. 

La marca del óvalo recurrió a la plataforma GD de Mazda, de la que poseía un porcentaje de participación. No era lo único que tomaba de los japoneses: los primeros prototipos utilizaron motores venidos del país nipón, todos de cuatro cilindros, pero eran muy poco potentes para lo que estaba acostumbrado el cliente norteamericano.

 

Finalmente, el modelo llegó al mercado estadounidense en 1988 con tres mecánicas: un 2.2 litros de cuatro cilindros y 110 CV, como versión de acceso, un 2.2 litros Turbo, con 145 CV y un V6 3.0 litros como el que usaban los Ford Taurus y Ranger de la época. 

La versión turbo era la más prestacional y estaba equipada con amortiguadores variables con tres modos de funcionamiento, frenos de disco en las cuatro ruedas y ABS. Esta primera generación estuvo a la venta hasta 1992, cuando apareció el Probe que todos conocemos.

Coches míticos solo para verdaderos amantes del motor, Ford Probe

Mientras el primer Probe mostraba un diseño poco convencional para los gustos estadounidenses y más cercano al cliente japonés, la segunda generación era ya un producto de mayor empaque.

Nuevamente utilizaba una plataforma de Mazda, en este caso, del MX-6, un deportivo más grande desarrollado en paralelo con el modelo norteamericano.

A nivel estético, el Ford Probe de segunda generación proyectaba un diseño mucho más atractivo, cuyo rasgo más distintivo y, por el que muchos lo recuerdan, eran los faros escamoteables que, ya en aquellos años, comenzaban a desaparecer en la industria del automóvil por razones de seguridad y eficiencia. 

La silueta del Probe recordaba mucho a la de algunos modelos japoneses contemporáneos, como el Toyota Celica, especialmente, por el diseño de la zaga y la cantidad de superficie acristalada.

Un coupé para viajar

Coches míticos, Ford Probe

Entrando en el apartado de las mecánicas, el Probe se ofrecía con dos versiones: la GL, con un motor 2.0 litros de cuatro cilindros y 115 CV, y la GT, que montaba un V6 2.5 litros de aluminio con doble árbol de levas e inyección electrónica de origen Mazda, con 165 CV de potencia

Esta versión más potente ofrecía unas prestaciones interesantes, aunque tampoco desmedidas. Pero, sin duda, el rasgo más apreciado del V6 era su sonido embriagador que llamaba la atención cuando pasaba de lado. 

En general, el coche ofrecía unas buenas cualidades dinámicas, sin ser tampoco un referente en este aspecto. Comparado con su hermano gemelo, el Mazda MX-6, el Probe era menos dinámico. De hecho, la prensa especializada de la época se decantaba por el japonés, mientras que el Probe dejaba sensaciones un poco “frías”.

Coches míticos, Ford Probe

El comportamiento menos dinámico del coupé americano se debía al uso de unos neumáticos 225/50 R16 Goodyear VR50 Gatorback, más grandes que los del Mazda, unas suspensiones más blandas y una dirección más asistida

La filosofía del Probe era la de un coupé para viajar tranquilamente, con un elevado nivel de confort, pero con estilo. No es que sea algo criticable, simplemente, el Probe perseguía un tipo de conducción propia de un gran turismo y no la de un deportivo puro.

Además, contaba con un equipamiento mucho más abundante, como volante forrado en cuero, asiento del conductor con ajuste eléctrico y soporte lumbar, faros antiniebla, frenos de disco en las cuatro ruedas, entre otros elementos. 

Un coche inolvidable

Coches míticos, Ford Probe

Aunque al principio tuvo una buena acogida, las ventas del Ford Probe fueron menguando con el paso del tiempo y la marca del óvalo nunca vio culminada sus expectativas. 

Quizá su falta de carácter y personalidad, unido a la tracción delantera, hizo que nunca estuviera a la altura de una leyenda como el Ford Capri, de quien se consideraba su heredero. 

En cualquier caso, nunca olvidaremos la silueta de un Ford Probe al pasar, sobre todo, si era de noche y llevaba las ópticas alzadas para iluminar. Un coche solo para verdaderos amantes del motor que, desgraciadamente, ya no volveremos. Y si vuelve, quién sabe si será en formato SUV y con baterías.

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