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Test de los 100.000 km: Hyundai Santa Fe 2.2 CRDi AWD

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El Hyundai Santa Fe es un manojo de viejas virtudes y logra una buena puntuación. Analizamos cómo le ha ido tras 100.000 kilómetros recorridos.

Hay coches que suelen protagonizar las grandes portadas y los titulares más rimbombantes de las revistas, y luego está ese otro tipo de coches que son más discretos y que, a menudo, se contentan con la segunda fila en los eventos. Uno así se unió a nosotros en julio de 2019: fue el Hyundai Santa Fe 2.2 CRDi AWD

Aunque solo había sido presentado un año antes, inmediatamente nos pareció un viejo conocido, como si hubiera estado toda la vida entre nosotros. 

Prueba del Hyundai Santa Fe Híbrido Eléctrico: sin enchufe y autorrecargable

Con una longitud de 4,77 metros y una anchura de 1,89 metros, nos dimos cuenta enseguida de que estaba justo en el límite de ser considerado demasiado grande para moverse con desparpajo en las ciudades. Sin embargo, ciertamente esa impresión también continuó fuera de la urbe. 

Un cuatro cilindros solvente

Con el bloque diésel de 2,2 litros y la transmisión automática de ocho velocidades, el Hyundai Santa Fe nos ha invitado continuamente a llevar una conducción muy formal. Ofrece el típico carácter de las gentes del norte: un poco malhumorado al principio, algo seco después, pero tras un corto periodo de convivencia se vuelve tan práctico como servicial. 

También es contenido en su consumo. A una velocidad de 120 km/h, este bloque es capaz de mover las dos toneladas de peso con un gasto de unos siete litros de media. No está mal... Uno de nuestros probadores aprendió a apreciar justo ese aspecto en sus viajes de largo recorrido. 

Sin embargo, el consumo medio durante los 100.000 km de la prueba arroja a la luz un dato algo perturbador: 8,5 litros a los 100 kilómetros. ¿La razón? Es una clara muestra de que otros muchos compañeros de redacción tenían bastante más prisa y, a menudo, apuraban la aguja del cuentavueltas hasta la zona roja con demasiada facilidad.  

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¿Hablamos de su personalidad? Los cómodos y amplios asientos, y una dirección un tanto artificial, pero siempre suave, definen perfectamente el carácter del Santa Fe. En las notas que íbamos dejando en el cuaderno de viaje a menudo se hacía referencia a que el interior no era el último grito en modernidad, pero sí que era lo suficientemente familiar como para sentirse cómodo desde el primer día. 

Ese puntito excesivamente convencional podría deberse al hecho de que el Santa Fe antes del gran lavado de cara aún no estaba equipado con la última generación de sistemas ni asistentes.

La increíble historia del Hyundai Santa Fe

El de navegación, por ejemplo, estaba a la zaga de los dispositivos en términos de funcionamiento y velocidad, el control de voz funcionaba de una forma un tanto errática (en el mejor de los casos) y el reconocimiento de señales cometía graves errores una y otra vez y, por lo tanto, acabó con la confianza de nuestros probadores. 

La mejor característica del excesivamente entusiasta 'Lane Assist' era (nótese la ironía) el botón en el volante para desactivarlo. ¡Así daba gusto! Rápido, indoloro y sin remordimientos: era subirse, arrancar y apagarlo. 

Para todos los gustos

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El diseño del interior también se encontró con opiniones divididas. Mientras algunos hablaban de "terribles combinaciones de tonos", otros alababan el "mucho sabor y estilo de a bordo". En lo que sí que coincidieron fue en la practicidad del Santa Fe, un automóvil que cuyo manejo era sencillo y muy intuitivo. 

No hacía falta navegar en el libro de instrucciones para hacerse con la mayoría de funciones. También hubo elogios constantes por la gran cantidad de espacio y su maletero de capacidad variable. Ya fuéramos cinco o con el equipo de video a cuestas para una grabación, el Santa Fe supo gestionar cada situación con absoluta facilidad. 

¿Alguna anotación negativa en este aspecto? Las hubo, como que los asientos y el volante no envejecían demasiado bien. También se había desgastado el material del respaldo del lado del conductor y eso tampoco causó demasiadas simpatías. Sin embargo, para ser justos, hay que tener en cuenta que los probadores no miman el coche como si fuera suyo, mientras que siempre le exigen el máximo. 

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Estamos seguros de que este Santa Fe, bien cuidado en unas buenas manos privadas, debería soportar mejor el paso de los kilómetros. No obstante, los paneles interiores del pilar A, a menudo se movían, crujían y fueron la continua comidilla sobre si llegarían al final de la prueba intactos. 

Por cierto, tampoco teníamos toda la confianza del mundo cuando abandonábamos el asfalto y nos adentrábamos en un camino de tierra debido a que los bajos van muy desprotegidos. También evitamos los remolques demasiado pesados, ya que la escasa capacidad de remolque (de dos toneladas) no nos permitía aventurarnos demasiado. 

En coches así, es una verdadera carencia. Pero debido a que el Santa Fe había tenido suficiente estrés durante los 100.000 kilómetros, estábamos particularmente impacientes con el desmontaje para ver definitivamente cómo había acusado la mecánica esa distancia. 

Algunos puntos a resolver

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¿Qué descubrimos? Había acumulación de carbonilla en las válvulas y en los conductos de admisión, pero eso es simplemente parte innegociable de los motores diésel de hoy en día. Por otra parte, el turbocompresor dio un resultado algo irregular y nos pareció algo más endeble de lo deseable, mientras que uno de los rieles de la transmisión estaba dañado (y eso es algo más preocupante).

También es molesto el comienzo de la corrosión descubierta en los largueros como consecuencia de la distribución desigual de la cera protectora. ¿Solo minucias? Quizás sí, pero en pocos años, todos estos detalles pueden convertirse en un problema más grave y sobre todo más costoso. 

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También descubrimos al desmotar el Hyundai Santa Fe 2.2 CRDi AWD:

  1. La transmisión no presenta anomalías al ser desmontada. Sus ocho velocidades aportan mucho confort a cualquier ritmo.
  2. La cadena es enorme, con dos tramos cortos y ruedas dentadas de alta resistencia. Ha rozado contra uno de los rieles deslizantes y eso ha provocado un poco de desgaste de material.
  3. La culata de dos árboles de levas y 16 válvulas, como muchos motores diésel modernos, sufre acumulación de carbonilla en las válvulas y en la admisión.
  4. El bloque de hierro fundido es robusto. El cigüeñal, los pistones y los cilindros también han resistido bien la prueba de larga duración y muestran poco desgaste.
  5. La conservación es desigual en las aletas y los largueros. La corrosión incipiente se puede ver en los laterales de la parte trasera a ambos lados.
  6. La barra de acoplamiento interior izquierdo está desgastada y necesita ser reemplazada. Aparte de eso, los ejes, los cojinetes y las articulaciones están bien.

Eso sí, después de todo, la transmisión, el sistema de escape y el sistema eléctrico están en su mejor momento, por lo que el Santa Fe puede reclamar un buen 8,5 como resultado final. Nuestro cariño también. De hecho, no ha pasado una semana y ya extrañamos a nuestro querido colega.

Opinión

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Un gran familiar y libre de problemas molestos. El Santa Fe es de la vieja escuela en el mejor sentido de la expresión. Con un diésel potente y bien entrenado, y una transmisión automática suave y relajada, es imbatible en el día a día. Solo la prevención de la oxidación debería ser mejor.

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Etiquetas: SUV

Valoración

Nota8

El Hyundai Santa Fe es un manojo de viejas virtudes y logra una buena puntuación. Analizamos cómo le ha ido tras 100.000 kilómetros recorridos.

Lo mejor

Práctico interior, confort de marcha

Lo peor

Vehículo ligeramente desactualizado a nivel tecnológico, calidad de algunos materiales