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Prueba: Toyota Land Cruiser V8. Lujo y todoterreno en uno

Toyota Land Cruiser V8

El Toyota Land Cruiser solo se ofreció entre 2008 y 2009 con un motor gasolina V8. Un importador, Extreme, ha recuperado y traído a nosotros lo que, por el momento, Japón nos niega. Hemos conducido a esta bestia. Prueba: Toyota Land Cruiser V8.

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Lo cierto es que este Toyota rueda suave como un fuera borda por el asfalto. Sus supensiones, grandes y blandas, casan mucho con el estilo americano al que se dirige esta mole, más aún con el borboteo constante de sus ocho cilindros en V. Además, este Land Cruiser circula 140 milímetros más elevado que el modelo habitual.

Pero hay que matizarlo: en parte es por sus brazos de suspensión más largo, y en parte, por sus enormes ruedas Yokohama Geolandar-AT-de  325/60 R 20. Cubren llantas de aleación ligera de Delta 4x4, y de vez que cuando crujen al tomar curvas con cierta decisión. Son tan grandes, que apenas dejan espacio en sus ya de por sí amplios pasos de rueda. Por fuera, esta modelo presenta un tamaño bastante aburguesado. Por dentro, potencia el lujo: asientos de cuero ventilados, portón eléctrico, una nevera en la consola central o apertura sin llave son algunos de sus muchos refinamientos.

¡En marcha!

El apabullante motor de 4,6 litros con 318 CV y 448 Nm de par va acoplado a una discreta caja automática de seis relaciones que proyecta la fuerza de forma permanente a las cuatro ruedas. Dos grandes ruedas en el habitáculo me permiten elegir entre diferentes modos de conducción, y activar la reductora.

Al volante: Toyota Land Cruiser V8

¿Las sensaciones al volante? Pues se alejan mucho de estar llevando un todoterreno de semejante tamaño y peso. Y es que me permite conducir relajado, sin mucho que hacer: el diferencial Torsen se encarga de repartir la fuerza entre los dos ejes y compensar el deslizamiento cuando aparece. Al igual que en el actual Land Rover Discovery, dispongo de un Tempomat todoterreno para circular a velocidad extremadamente contenida fuera del asfalto, denominado Crawl Control.

Su efecto es sorprendente, ya que permite una conducción offroad semiautónoma. Un coche muy especial y único, porque difícilmente verás dos iguales por nuestras carreteras. Pero la exclusividad tiene su precio: el importador pide por él casi 80.000 euros.

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