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La pregunta de los martes: campaña DGT 2020, ¿son necesarios tantos radares y vigilancia?

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Según las previsiones y teniendo en cuenta lo visto hasta el momento, los viajes bajarán en 2020… una tendencia que, parece, no seguirá la velocidad a la que circulamos con nuestro coche. Un verano más la Dirección General de Tráfico (DGT) ha puesto en marcha su tradicional campaña dedicada a controlar el cumplimiento de las normas durante los meses estivales haciendo especial hincapié en los excesos de velocidad: ¿son necesarios tantos radares y vigilancia?

Radares DGT 2020: estas son las ubicaciones exactas de los 1.320 que multan

Hace ya varias semanas que Tráfico desplegó todo un arsenal de medios para controlar a aquellos conductores a los que el pie derecho les pesa más de lo que debería: furgonetas camufladas, drones, helicópteros… y más de 1.320 radares (548 móviles, 684 fijos y 80 de tramo) vigilan nuestras carreteras y abren el eterno debate en torno a estos métodos de control.

La velocidad y la siniestralidad vial

Los cinemómetros se han convertido en una herramienta indispensable para frenar una de las principales causas de siniestralidad vial: la velocidad. Según la Dirección General de Movilidad y Transporte de la Comisión Europea, este es un factor determinante en el 30% de los accidentes mortales. Además, el exceso de la misma aumenta el riesgo de tener un accidente y la probabilidad de sufrir lesiones graves e, incluso, perder la vida.

1.324 radares, 11 drones, 15 furgonetas camufladas: el espectacular despliegue de la DGT este verano

A pesar de tener claro este objetivo son muchos los detractores que atesoran y que basan su punto de vista en varias razones: una de ellas es el afán recaudatorio y otra la creación de situaciones de peligro. En ambos casos encontramos argumentos para responder y apostar por la presencia de estos métodos de control.

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Compensación del riesgo

Una buena parte de los conductores que asegura que los radares están colocados para recaudar y no para perseguir un efecto disuasorio. Cuando nos encontramos un cinemómetro en una carretera revirada y con puntos conflictivos, se da por hecho que está ahí para evitar situaciones de peligro; no en vano, la velocidad media de un tramo se reduce hasta un 15%. Sin embargo, ¿qué ocurre cuando están ubicados en una recta o en una bajada?

Aquí están y así están funcionando los radares de tramo de la DGT en agosto

Aunque parezca que su presencia responde a esa supuesta fuente de ingresos extra, lo cierto es que atiende a la teoría de la compensación del riesgo. Ésta establece que los usuarios reequilibran su actitud en función de lo que creen que es el riesgo y no en función del riesgo real… y en este caso aceleran por encima de los límites. Por lo tanto, en las vías en las que, en principio, no parecen necesarios sí lo son.

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Sin pruebas científicas

Otra de las razones que esgrimen es que la existencia de un radar puede dar pie a situaciones de riesgo al crear el ‘efecto canguro’, es decir, frenar antes y acelerar después. El European Road Safety Observatory admite que es un fenómeno real y observable, pero al mismo tiempo señala que, por el momento, no existe ninguna prueba científica de que pueda generar situaciones de tráfico peligrosas.

Menos accidentes y menos vidas perdidas

Y por último nos quedan los números, tan fríos como tajantes. La DGT realiza periódicamente estudios en los que mide la velocidad libre en las diferentes carreteras españolas. Los resultados no dejan lugar para las dudas. Las vías convencionales limitadas a 90 km/h son las carreteras donde más se incumplen los límites: 4 de cada 10 conductores circulan a una velocidad superior a la permitida, el 25% la sobrepasan en diez kilómetros y el 12% en más de veinte. En el caso de las carreteras limitadas a 100 km/h, el porcentaje de vehículos que infringen la normativa es algo menor, pero existe y, por lo tanto, es algo que las autoridades deben controlar.

En este sentido conviene recordar un par de estudios relacionados con la necesidad de un sistema de control. En 2010, Wilson, Willis, Hendrikz, Le Brocque y Bellamy revisaron 35 informes previos para comprobar si ayudaban a rebajar el número de fallecidos y accidentes de tráfico la reducción de la velocidad media fue de entre el 1 y el 15% y la proporción de coches que excedían la velocidad pasó de un 14% a un 65%. Es más, en los alrededores los accidentes descendieron de un 49% a un 8% y los heridos graves o los fallecidos bajaron de un 44% a un 11%.

Tres años después, Li, Graham y Majumdar examinaron el impacto de los radares en el Reino Unido a lo largo de nueve años y sus conclusiones van por el mismo camino que las anteriores: mostraron una reducción significativa en el número de accidentes de todo tipo en los lugares donde se localizan los cinemómetros, pero también a 200 metros de su ubicación. Por lo tanto, la respuesta a nuestra pregunta de los martes parece clara: ¿son necesarios tantos radares y vigilancia? Sí porque hasta cuando no lo parece, están trabajando para frenar uno de los grandes problemas de la seguridad vial española: el exceso de velocidad.

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