Hace 40 años las marcas japonesas acordaron un pacto entre caballeros por el que ningún coche superaría los 280 CV. Y llegó Honda y se lo saltó con su Legend

Hubo una época en Japón en el que se llegó a un pacto de caballeros por el que ningún coche podía superar los 280 CV de potencia ni los 180 km/h de velocidad máxima. Fue acuerdo que rompió Honda con el Legend.
Si prestas atención a los diez mejores deportivos japoneses de la historia, comprobarás que algunos de ellos coinciden en la potencia. 280 CV, ese era el límite, debido a un pacto de caballeros al que llegaron las marcas japonesas.
Aquel acuerdo se introdujo en 1989, como medida preventiva para evitar una guerra de potencias, coincidiendo con el auge de los deportivos nipones, al mismo tiempo que las muertes por accidentes de tráfico superaban las 10.000 anuales en Japón, lo cual generó una gran preocupación en las autoridades.
La Asociación Japonesa de Fabricantes de Automóviles (JAMA) limitó la velocidad máxima de los coches nuevos en 180 km/h y acordó que ningún modelo para el mercado nacional superase los 280 CV.
El pacto de caballeros entre las marcas japonesas

Sin embargo, no se trataba de un acuerdo jurídicamente vinculante, es decir, que las marcas no estaban obligadas a cumplirlo y, en cualquier momento, podía superar la potencia acordada.
Esta situación se mantuvo durante un tiempo, de ahí que se conociera como pacto de caballeros. Por eso, muchos deportivos de entonces, como el Nissan Skyline GT-R, el Honda NSX, el Mazda RX-7, o el Toyota Supra, tenían 280 CV.
Sin embargo, era un secreto a voces que muchos de aquellos motores podían desarrollar mucha más potencia de la que declaraban. Algunas fuentes señalan que la generación R32 del Skyline GT-R alcanzaba los 300 CV y el R34 daba más de 350 CV.
Como siempre, hubo algunas excepciones a las que se les permitió superar la potencia del pacto de caballeros, pero fueron muy limitadas y destinadas al mundo del tuning, como el Nismo 400R, una versión derivada del GT-R que desarrollaba 400 CV.
El Honda Legend V6 rompió el acuerdo

El pacto se respectó durante toda la década de los 90, pero con el nuevo milenio empezó a perder importancia. Aparte de que los fabricantes japoneses en el fondo eran conscientes de que cualquiera podía romperlo y el resto le seguiría, había otros dos factores que hizo que el acuerdo ya no tuviese sentido.
Por un lado, que la seguridad en los automóviles mejoró de manera notable, incorporando múltiples airbags en muchas partes del mundo, sistema ABS y diseños con mejoras en las zonas de deformación que daban una mayor protección a los ocupantes.
Por otro, las marcas europeas y estadounidenses empezaron a producir modelos más potentes, quedándose las japonesas atrás.
Finalmente, en el año 2004 se presentó la cuarta generación del Honda Legend con el que el pacto de caballeros se fue al garete. El modelo se lanzó simultáneamente en Japón y en Estados Unidos (como Acura RL), con la única diferencia de algunos elementos de equipamiento opcional en la versión americana.
Precisamente, la berlina japonesa fue la respuesta de Honda a modelos alemanes, como el BMW Serie 5 E39 y el Mercedes-Benz Clase E W211, que desarrollaban mucho más de 284 CV.

El Honda Legend montaba un motor J35A8 V6 de gasolina atmosférico de 3.5 litros que desarrollaba 304 CV, asociado a una transmisión automática deportiva de cinco velocidades con levas de cambio y un sistema de tracción total Super Handling con vectorización de par.
Posteriormente, el motor recibió algunas mejoras, como un sistema de sincronización variable de válvulas y control electrónico de elevación (VTEC), un colector de admisión compatible con el VTEC de nuevo desarrollo y nuevos sistemas de gestión del motor y del escape.
Como era de esperar, el resto de marcas japonesas también abandonaron el pacto de caballeros y al Honda Legend le siguieron el Mitsubishi Evo IX con 284 CV, el Lexus RX400h con una potencia similar o el Nissan GT-R R35 con 473 CV.
Finalmente, ese mismo año 2004 la Asociación Japonesa de Fabricantes de Automóviles llegó a la conclusión de que no había estudios reales que relacionasen la potencia de los vehículos con el aumento de la mortalidad en Japón, por lo que se puso fin al pacto.
A partir de ese momento surgió la segunda generación de coches deportivos JDM, algunos de ellos superando de largo las cifras de los años 90.
