No fueron los primeros en montar frenos de disco, pero sí los primeros en hacerlo en un coche de producción: cuando Citroën se puso 15 años por delante de los demás

A mediados de la década de 1950, Citroën presentó un coche en París que cambió para siempre los sistemas de frenos del sector con la llegada de los discos.

Como siempre ha ocurrido en la historia de la industria automotriz, los fabricantes de coches han sido partícipes de una carrera para desarrollar nuevas tecnologías que los situaran a la cabeza en términos de innovación. Hoy esa carrera se disputa en el campo del coche eléctrico, pero décadas atrás esos avances tecnológicos tenían lugar en áreas como los frenos o la suspensión.

En el caso de los frenos, la tecnología detrás de estos sistemas hace que los coches nuevos se detengan antes y que lo hagan en condiciones de máxima seguridad, todo ello apoyado por una electrónica que pone a disposición de conductor todo tipo de ayudas y asistentes que mejoran el comportamiento de la frenada mientras mantienen el vehículo bajo control en todo momento.

Pero hace siete décadas, esta tecnología no estaba a la orden del día. El estándar en el sector eran los frenos de tambor, un sistema que, aunque era eficaz para las necesidades de la época, presentaban claras limitaciones en cuanto a rendimiento se refiere, especialmente cuando se hacía un uso intensivo de los mismos y aumentaba la temperatura en el interior de los tambores.

Para acabar con estas limitaciones se diseñaron los frenos de disco. Estos sistemas ofrecían un mejor rendimiento y, al estar expuestos, combatían mejor el exceso de calor, permitiendo que se refrigeraran rápidamente para ofrecer nuevamente todo su potencial. Nacieron en el mundo de la competición, pero tardaron tiempo en llegar a los coches de calle.

El Citroën DS cambió las reglas del juego en términos de frenada

Al menos hasta que Citroën, a mediados de la década de 1950, decidiera ir un paso más allá e instalar frenos de disco en uno de sus coches. Esta decisión situó al fabricante de los dos chevrones muy por delante en términos de prestaciones de sus rivales directos, unos competidores todavía absortos por los frenos de tambor.

Fue en el Salón del Automóvil de París de 1955 cuando la marca francesa presentó en sociedad el Citroën DS. Conocido como Tiburón, este vehículo rápidamente llamó la atención de los presentes por su diseño, una estética elegante, fuera de lo normal, que ha sabido mantenerse dentro de los cánones de belleza de los coches clásicos de su época 70 años más tarde.

El DS causaría sensación también por sus avances tecnológicos. El sistema de suspensión hidroneumática, una tecnología pionera y revolucionaria en los años ’50, fue una de las características técnicas más importantes que presentó Citroën.

El sistema está basado en unas esferas que reemplazan los tradicionales muelles. En la parte superior de las mismas hay gas nitrógeno, algo que aportaba flexibilidad y una gran capacidad de adaptación a las irregularidades del terreno. 

Esta tecnología marcaría un hecho histórico cuando en 1962 contribuyó, junto a la pericia del conductor a salvar la vida del presidente de la República Francesa, Charles de Gaulle, de un atentado terrorista, permitiendo que el pudiera huir a toda velocidad a pesar de llevar los neumáticos pinchados. Todo ello en un coche que no estaba blindado y que recibió 14 disparos.

Otras tecnologías innovadoras de Citroën que llegaron al DS

Volviendo al Citroën DS, otra de las novedades con las que contó fue su dirección asistida, un sistema moderno para la época que sigue siendo comparables a los sistemas actuales de los coches modernos.

Y en cuanto a frenos, el DS fue el primer coche de producción en masa que fue equipado con un sistema de frenos de disco. Hasta entonces, esta tecnología estaba reservada a los coches de carreras y solo se había visto antes en las 24 Horas de Le Mans, lo que situó a Citroën a la cabeza en términos de rendimiento de frenada.

La marca francesa aportó así un gran avance a la industria del automóvil, algo que años más tarde se convertiría en todo un estándar, reemplazando a los frenos de tambor primero al eje trasero y, más tarde, eliminándolos casi por completo. Ahora, con la llegada de los coches eléctricos que no necesitan tanto rendimiento de frenada, los tambores parecen volver al mercado en algunos modelos.

El Citroën DS se convirtió en todo un éxito de ventas. El primer día, todavía expuesto en su estand en el Salón de París, la marca registró 12.000 pedidos, de los cuales más de 700 se oficializaron en el primer cuarto de hora tras su debut.

El DS permanecería en activo durante dos décadas, hasta que en 1975 cesó oficialmente su producción. Lo hizo pasando a la historia como uno de los coches de Citroën más representativos del mundo, y tras haber comercializado más de 1,4 millones de unidades.

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