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Coches 4x4

Mercedes Clase G 2018: atemporal

Mercedes Clase G 2018
Alex Morán

El rey ha vuelto.

Pocos coches puede presumir de ser parte de la historia de la automoción manteniéndose fiel a su concepto inicial. A la venta desde 1979, el Mercedes Clase G 2018 continúa ese legado, evolucionando en todo lo que es necesario pero conservando tanto su icónica imagen como su carácter de ‘todoterreno de los de antes’ que le desmarca de la actual tendencia SUV.

VÍDEO: El Mercedes Clase G 2018 pasó la prueba definitiva

Y es que si tradicionalmente ha sido considerado una mole, esta nueva generación lo es más ya que aumenta 53 mm su longitud y 121 mm su anchura, aunque el empleo de materiales ligeros le ha permitido adelgazar 170 kilos. Sigue presente el diseño cuadriculado, en el que dominan las líneas rectas y las superficies limpias. En el frontal el logo se enmarca en una parrilla con tres lamas cromadas, los pilotos son redondos y desde el paragolpes parten los pasos de rueda, que se unen con los estribos laterales, prosiguen hasta el eje trasero y continúan hasta la zaga. No se puede considerar un cambio de imagen grande, pero es que nadie lo reclamaba.

Los cambios llegan por dentro

Donde sí se ha producido una renovación completa es en el interior. Por un lado, el mayor tamaño del Mercedes Clase G 2018 hace que la habitabilidad en el habitáculo se haya disparado en todas sus cotas: +38 mm para las piernas, +38 mm para hombros y +68 mm para los codos en los asientos delanteros; y +150 mm, +27 mm y +56 mm respectivamente en las plazas traseras. Además, estas últimas pueden abatirse en proporción 40/60 o en su totalidad.

Por otra parte, se ha buscado que el tradicionalmente algo espartano habitáculo de paso a otro más acogedor, con materiales de calidad y más tecnológico. Las cuatro salidas de aire imitan el diseño de los faros, las molduras de aluminio (salpicadero, puertas) se combinan con el cuero, el pedalier es de metal, el cuadro de instrumentos de serie está formado por dos relojes y un display central, pero de manera opcional puede ser una pantalla de 12,3 pulgadas, que se une a una gemela que corona la consola central.

Un Clase G 2018 sumergido en ámbar

Los asientos, con costuras de contraste, tienen calefacción, los delanteros cuentan con reposacabezas de confort y el del conductor tiene función de memoria. Además, un paquete suma funciones de climatización y masaje a los delanteros, además de cámaras de aire para el conductor, que se hinchan o deshinchan en función de la conducción para aportar una mayor sujeción lateral.

Mercedes Clase G 2018: puro todoterreno

Y es que se puede elegir entre diversos modos de conducción gracias al DYNAMIC SELECT: Confort (el normal), Eco (menos consumo), Sport (deportivo) e Individual (personalizable); cada uno de ellos con sus propios parámetros para los asistentes de conducción, al respuesta del motor, la dirección y el tren de rodaje. Sin embargo, el que más interesa es el quinto, el ‘G-Mode’, que saca el máximo partido de las capacidades off-road del Mercedes Clase G 2018 y se inicia de manera automática cuando se activa cualquiera de los bloqueos tres del diferencial o la desmultiplicación LOW RANGE.

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El 4x4 es en los terrenos difíciles donde se crece, y esta nueva generación tampoco decepciona en ese aspecto, solo hay que mirar los datos para darse cuenta: 241 mm de altura libre al suelo (+6 mm), 700 mm de vadeo (+100 mm), ángulo de ataque de 31º (+1º) y ángulo de salida de 30º.

G500 para empezar

Parece que de inicio solo se comercializará en una variante mecánica, el G500, que utiliza un motor gasolina 4.0 V8 que entrega 422 CV de potencia y un par máximo de 610 Nm. El cambio 9G-TRONIC más ágil se encarga de digerirlo y la tracción total de transmitirlo al suelo. Mercedes homologa un consumo de 11,1 l/100 km y unas emisiones de CO2 de 263 g/km.

El Mercedes Clase G 2018 llegará a los concesionarios en mayo, pero todavía se desconoce cuál será su precio.

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Redactor

Crecí viendo deportivos japoneses en los 90, los echo de menos y me decanto por los import nipones. El Nissan Fairlady Z 432 es mi amor platónico.

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