Hubo un tiempo en que los fabricantes disfrutaban ideando locuras. Como cuando Suzuki mostró un motor V8 de 1.6 litros

En 1997, Suzuki se lanzó a hacer una de esas locuras que tanto nos gusta a los aficionados al motor. Creó un pequeño deportivo descapotable equipado con un motor V8 de 1.6 litros biturbo, pero no pasó de la fase conceptual.
Hoy vemos una industria del automóvil muy monótona, en la que la mayoría de las marcan parecen hacer lo mismo. Da la sensación de que se ha perdido la originalidad y las ganas de hacer cosas diferentes. Pero no siempre fue así. Hubo un tiempo en que los fabricantes disfrutaban ideando locuras, como hizo Suzuki con su motor V8 de 1.6 litros.
En el mundo del automóvil, Suzuki es más conocida por sus vehículos todoterreno y utilitarios, pero en la década de los 90 se lanzó a producir un pequeño roadster que, de haber llegado al mercado, habría sido muy interesante, aunque quizás, también un quebradero de cabeza para sus propietarios.
Tenemos que remontarnos a 1997. Ese año, en el Salón del Automóvil de Frankfurt, la marca japonesa presentó el Suzuki C2, un prototipo de proporciones muy reducidas, un poco inspirado en el Mercedes SLK lanzado al mercado un año antes, inaugurando el concepto de descapotable con techo rígido plegable que más tarde imitaron otros.
Suzuki C2, el roadster que pudo haber revolucionado la industria automotriz

El Suzuki C2 mostraba lo que podría ser el sustituto del Suzuki Cappuccino, un modelo que se comercializaba desde 1991 y que cumplía con la reglamentación japonesa de los Kei Cars, esos vehículos pequeños tan famosos en el país del sol naciente.
El C2 destilaba deportividad desde todos los ángulos y, a pesar de sus reducidas dimensiones, apenas 3,65 metros de largo y una distancia entre ejes de 2,2 metros, proyectaba unas líneas muy redondeadas, limpias y fluidas.
Como versión deportiva del mencionado Cappuccino, tenía un agresivo frontal supeditado a una enorme rejilla de refrigeración central y a unos faros de gran tamaño que se prolongaban hasta los laterales.
En la vista lateral, se apreciaban unas prominentes aletas que escondían unas ruedas de mayor tamaño de lo normal, con unas llantas de 16 pulgadas envueltas en unos neumáticos de perfil muy bajo.
Por último, la zona trasera estaba personalizada por la ubicación y el tamaño de los dos tubos de escape gemelos. Por último, se repetía el esquema del frontal, con unas ópticas escoradas hacia las esquinas de la carrocería.
Un roadster con techo rígido plegable

Una de las principales características del Suzuki C2 era su techo rígido plegable, al estilo del SLK, que se ocultaba tras los asientos. El techo se plegaba y desplegaba eléctricamente, convirtiendo al pequeño roadster japonés en un coupé-cabrio.
El interior se correspondía con el de un coche equivalente de la época. Prescindía de cualquier cosa superflua, tan sólo ciertos revestimientos en las puertas, guarnecidos en la consola central y dos asientos que formaban parte de la propia estructura del habitáculo.
El cuadro de instrumentos era muy minimalista, con apenas un reloj de forma circular y gran tamaño. El resto de los mandos se situaban en el túnel central que separaba los dos asientos, junto a la palanca de cambios.
Un V8 1.6 litros con 250 CV
Aunque la principal particularidad del Suzuki C2 era su motor. Montaba un V8 alimentado por inyección electrónica multipunto y dos turbocompresores con intercambiadores de calor, con culatas de cuatro válvulas por cada cilindro.
Has leído bien, un motor de ocho cilindros en un coche de apenas 3,65 metros y 850 kg de peso. Tenía una cilindrada de 1.6 litros y desarrollaba 250 CV a 7.000 vueltas. La potencia se enviaba a las ruedas traseras a través de una caja de cambios automática de cinco velocidades.
Colocado en posición delantera, el diseño del motor tenía unas formas muy compactas y peso ligerísimo. Era un propulsor muy complicado de fabricar y, de a ver llegado a producción el coche, habría sido bastante complicado de mantener. Uno de esos coches que, cuando llegan a un taller, el mecánico pone cara de pocos amigos.
Además de este extraño V8, el Suzuki C2 contaba con unas suspensiones independientes, con amortiguadores de gas y fuertes resortes. Con tanta potencia, un peso tan ligero y tracción trasera, no hay duda de que habría sido un coche muy divertido.
