La historia del Mitsubishi Evo IX que se movía con cuatro motores eléctricos

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No ha sido hasta hace relativamente pocos años que los coches eléctricos han llegado de manera general al mundo del motor, pero las marcas llevan trabajando en esta tecnología desde mucho tiempo atrás, muchas veces en formatos que cuestan incluso creer. ¿Sabías que hubo un Mitsubishi Evo IX completamente eléctrico?
Unir el concepto del Evo, un icono de la automoción y de los rallyes, con una mecánica de cero emisiones es algo que se antoja realmente raro, pero a pesar de ellos fue una realidad en 2005, cuando Mitsubishi se encontraba explorando el comienzo de su carrera en los coches eléctricos.
Ese mismo año presentó una versión eléctrica del Colt, pero, como es lógico, el modelo que armó revuelo de verdad fue el Evo, que respondía al nombre de Mitsubishi Lancer Evolution MIEV por ‘Mitsubishi In-wheel motor Electric Vehicle’, nombre que la firma nipona otorgó a su tecnología de cero emisiones.
A nivel visual quedaba claro que se estaba ante un Evo IX, pero el conjunto estético estaba bastante modificado, con unas formas más redondeadas, paragolpes menos agresivos y un alerón de tamaño descomunal, amén de los vinilos específicos que rezaban el nombre de la versión.
Junto al spoiler, lo más llamativo eran las enormes llantas, de 20 pulgadas y que dejaban hueco a un neumático de perfil muy bajo, configuración nada habitual en un modelo de rallyes, pero que aquí obedecía al hecho de que era necesario hacer hueco al motor que llevaba incorporado cada rueda.

Cada bloque tenía un diámetro de más de 17 pulgadas, lo que hacía imperativo que la llanta fuera mucho mayor. La configuración de cada propulsor era peculiar, pues tenía un formato de “donut” en el que el rotor iba por fuera del estátor.
Según Mitsubishi, esto tenía tres consecuencias positivas:
- El diseño facilita aumentar la potencia y el par y hace innecesario el reductor de velocidad, lo que reduce las pérdidas de energía y frena el aumento de peso no suspendido
- La eliminación del reductor de velocidad hace que el motor encaje más fácilmente en el puente de mando
- La construcción de “donut” crea espacio en el centro del motor para el conjunto de frenos y otros componentes
Cada unidad desarrollaba una potencia de 68 CV (50 kW) y un par máximo de 518 Nm, por lo que en conjunto alcanzaba 272 CV (200 kW) y espectacular par de 2.072 Nm. La entrega inmediata de la fuerza, sumada a la tracción integral, hacía que su respuesta fuera realmente rápida, así como el control y la tracción estuvieran a un gran nivel.
Era capaz de alcanzar una velocidad máxima de 180 km/h, pero no hay dato oficial de su aceleración de 0 a 100 km/h, que tenía que ser bastante rápida dados los números que manejaba.
De alimentar al sistema se encargaba una batería de 33,7 kWh de capacidad, situada en el suelo del vehículo en la parte central, que le otorgaba una autonomía de 250 kilómetros sobre el papel. Teniendo en cuenta que se trata de tecnología de hace casi dos décadas, no estaba nada mal.

Otro aspecto que resulta llamativo es que pesaba 1.590 kilos, lo que supone un sobrepeso de unos 100 kilos respecto al Evo IX estándar, lo que tiene su mérito, aunque se entiende porque al llevar un motor en cada rueda se prescindía del pesado sistema de tracción integral de la variante convencional.
Como estaba previsto en un primer momento, el Mitsubishi Lancer Evolution MIEV participó en el Shikoku EV Rally 2005, que se celebró en la prefectura de Tokushima entre en los días 27 y 28 de agosto de dicho año.
Sin embargo, su carrera terminó ahí, el prototipo no siguió desarrollándose y la marca japonesa decidió aplicar sus conocimientos en materia eléctrica en un formato muy distinto, el urbanita i-MiEV que sería el primer cero emisiones de producción del fabricante y, a día de hoy, también el último.
