Descubren dónde se encuentra el coche que protagonizó uno de los mejores anuncios de coches

Como parte de una colección expuesta en el museo de la marca francesa, este Peugeot 206 abollado fue protagonista en uno de los mejores anuncios de coches.
Si creciste en los ’90 o los 2000, probablemente fueras testigo de algunos de los mejores anuncios de coches de la historia. Estos breves vídeos comerciales motivaron a más de uno a comprar coches de alta gama o vehículos deportivos. A otros, simplemente, nos llevaron directamente a interesarnos por el mundo de la publicidad, soñando por ser autores de esos anuncios.
Sueños frustrados aparte, uno de los spots que tal vez recuerdes sea el del Peugeot 206. Fue a principios de la década de 2000 cuando la firma gala lanzó el que acabaría siendo considerado como uno de los mejores anuncios de coches de la historia. Ese vídeo está en la retina de muchos de los que lo vimos una y otra vez emitido en televisión.
El anuncio que muchos recordamos
Bautizado como “El escultor”, este anuncio de Peugeot fue encargado en Italia con la intención de promocionar el 206. Corría el año 2003 y, si bien el utilitario francés no era un coche nuevo (fue lanzado al mercado en 1998), fue todo un éxito de ventas en Europa en esos primeros años del nuevo milenio.
Y parte del éxito radicaba en el hecho de que Peugeot no se olvidaba de promocionar el 206 con campañas publicitarias de todo tipo y en todos los medios. Volviendo a 2003, ese año se estrena la campaña que protagoniza estas líneas, un anuncio que mostraba a un joven enamorado del diseño del 206 que, con un coche bastante más viejo, logra cumplir su sueño.
La campaña nos traslada directamente a la India, el país donde el Ambassador es el coche que dominó durante año en sus carreteras. Y ese es precisamente el coche que el joven protagonista toma como base para esculpir su propio 206 de una forma rústica, artesanal… y efectiva.
Como -recordarás- puedes ver en el anuncio que acompaña a estas líneas, el joven decide trabajar durante toda una noche para dar forma a su Ambassador hasta convertirlo en el, por aquel entonces, nuevo Peugeot 206.
Todo comienza con un par de colisiones contra un robusto muro. El primero de frente y, el segundo, marcha atrás. El objetivo con esos impactos es acortar la longitud de carrocería del vehículo y eliminar el volumen trasero. En líneas generales, adoptar la forma de la carrocería del utilitario francés.
Esculpiendo un Peugeot 206 sobre un Ambassador
Luego, para reducir la altura del capó del Ambassador, el joven hace uso de un elefante que se sienta sobre el capó siguiendo sus indicaciones. El último paso será emplear un gran martillo y las habilidades de un escultor para darle forma al coche, replicando cada pliegue y línea del 206.
A la mañana siguiente, el coche está terminado y, bajo una pegadiza música, se revela el resultado oculto bajo una doble página de una revista donde se ve un anuncio del Peugeot 206.
La magia de la publicidad hace el resto, mostrando un coche que incluso tiene los faros originales de un 206, su gran luna delantera, las características tomas de aire del capó o las insignias de Peugeot.
Acompañado de unos amigos, el joven protagonista decide dar una vuelta por las calles en mitad de la noche de la ciudad de Jaipur, mientras atrae la mirada de las jóvenes locales.
El coche que se usó en el anuncio, en realidad, no era un Ambassador. Al menos no el que muestra el resultado final, ya que el coche del principio sí que lo es. En lugar de ello, los productos emplearon un 206 que había sido sometido a una completa sesión de martillazos para crear ese efecto abollado, rudo e improvisado que tenía el coche del anuncio.
Una pieza de museo
Una vez acabó el rodaje, el coche no se mandó al desguace. Tampoco se reparó ni se vendió. El 206 abollado acabó integrando en una colección privada que forma parte del museo histórico que la marca francesa tienen en Sochaux, siendo protagonista incluso en algún que otro salón del automóvil de la época.
Se desconoce en qué estado está su mecánica, aunque teniendo en cuenta que solo son “daños” en la carrocería y las ventanas, debería ser plenamente funcional, aunque eso en realidad no importa, ya que nadie conduciría un vehículo que se encuentra en ese estado.
Hoy es una pieza más de ese extenso museo de Peugeot y, sin duda, un coche que a muchos de los que vivimos esa época de la publicidad más creativa y original de la televisión nos trae felices recuerdos. No te pierdas el vídeo.

