Los cinco mejores motores de cuatro cilindros que han hecho las marcas americanas en la historia

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Rara avis al otro lado del charco.

Los motores tetracilíndricos son, a día de hoy, los más comunes del mundo. Sin embargo, es la percepción que tenemos porque vivimos en España y en Europa es un formato habitual, aunque los tricilíndricos estén ganando fuerza. Sin embargo, al otro lado del charco, la situación no es así: ¿cuáles son los cinco mejores motores de cuatro cilindros que han hecho las marcas americanas en la historia?

Hay que tener en cuenta que lo que en el Viejo Continente es un estándar, en Estados Unidos se considera como un bloque pequeño. Tengamos en cuenta que al V8 se le denominaba ‘small block’, por lo que los motores de seis cilindros ya se quedan por debajo de lo que se quiere considerar como estándar y, por tanto, los de cuatro son bastante raros.

Es por eso que la producción norteamericana de motores tetracilíndricos no ha sido excesivamente amplia y que, en su mayoría se trate de propulsores de rendimiento medio, que han sido utilizados para dar vida, bien a versiones deportivas de modelos convencionales, bien a las variantes de acceso de modelos deportivos per se. 

Esto hace que, en términos generales, se queden por debajo de obras maestras como el cuatro cilindros de AMG (el más potente del mundo), pero hay excepciones con algunas mecánicas interesantes.

Ford 2.3 EcoBoost

Hemos querido empezar por el que es la estrella de esta lista. Ford, que al otro lado del Atlántico se ha hecho un nombre por motores más grandes, también ha sabido sacar partido al dowsizing y en la última década ha dado a luz a varios modelos de corte deportivo armados con un cuatro cilindros, el 2.3 EcoBoost.

Así, el último Ford Focus ST lo monta y en él desarrolla 280 CV (el previo se conformaba con un 2.0 y 250 CV), pero el bloque es capaz de desarrollar todavía más potencia: en la sexta generación del Ford Mustang, como motor de entrada, llegaba hasta los 314 CV, pero la palma se la lleva la tercera generación del Focus RS, en el que entregaba 350 CV.

Jeep 2.0T

Éste es un ejemplo de como un motor de cuatro cilindros puede operar de manera satisfactoria tanto por su cuenta como formando parte de un sistema electrificado.

El actual Jeep Wrangler cuenta bajo el capó con un motor 2.0 turbo tetracilíndrico que desarrolla una potencia de 272 CV y un par máximo de 400 Nm. Son guarismos suficientes para mover al todoterreno con soltura, pero las cifras mejoran cuando forma parte del sistema híbrido enchufable que es la única alternativa que se comercializa en España.

En ese caso el rendimiento alcanza los 380 CV y 637 Nm de par, con el añadido de que puede funcionar en modo eléctrico durante 50 km, por lo que disfruta de la etiqueta CERO de la Dirección General de Tráfico (DGT). Además, en este formato rebaja el consumo de lo que es un propulsor bastante sediento.

Chevrolet 1LT

Un gran ejemplo de lo que nos referíamos con motor de entrada para modelos deportivos. Que un muscle car tenga un motor tetracilíndrico no es algo muy habitual, pero el Mustang, como hemos visto, ya lo tuvo, así que Chevrolet lo montó también en el Camaro, aunque estando éste enfocado al mercado estadounidense, su calado fue bastante menor.

El motor 2.0 desarrolla 275 CV, una cifra que no está nada mal, y se combina con una caja de cambios manual de seis marchas o con una automática de 10, siempre mandado la fuerza al eje trasero. Aunque el V6 de gasolina sea una opción que atrajera más a los compradores, el bloque de cuatro cilindros tenía más par, lo que es un punto a favor.

Pontiac 2.0

Este motor en realidad era parte de General Motors, por lo que se utilizó en modelos tan distintos como el Chevrolet Cobalt SS, que pasó sin pena ni gloria, o el Pontiac Solstice GPX, un descapotable biplaza de lo más pintón. En cualquiera de los dos casos, bajo el capó se encontraba un bloque 2.0 tetracilíndrico que desarrollaba 260 CV.

Ford 2.0 EcoBlue

Que se trate de marcas americanas no implica que tengan que ser motores desarrollados específicamente para el mercado norteamericano, por lo que también hay cabida para motores diésel, como es el 2.0 EcoBlue de Ford.

Actualmente se puede encontrar en el Ranger Raptor, pick-up deportivo que puede montar un bloque de gasolina (3.0 EcoBoost de 292 CV y 491 Nm), pero que tiene en el motor de gasóleo una alternativa más racional, que tiene un consumo más comedido, pero a pesar de ello cuenta con un rendimiento notable.

Desarrolla una potencia de 210 CV, pero su par máximo de 500 Nm es mayor que el de la otra alternativa, lo que le otorga más patada desde abajo. Gracias a él acelera de 0 a 100 km/h en 10,5 segundos. 

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Mario Herráez

Colaborador

Colaborador redacción motor Auto Bild España