Cierra un concesionario de Harley-Davidson tras 110 años activo

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Culpa de los nuevos jefes.
Ser centenario no es algo sencillo. La inmensa mayoría de las empresas, sean del sector que sean, ni por asomo se acercan al siglo de vida. Por eso resulta triste ver como algo sobre pasa los 100 años para acabar desapareciendo, especialmente si es por el mal hacer de alguien, como es el caso del concesionario de Harley-Davidson que os traemos hoy.
Se trata el situado en San Francisco, que antes de su cierre había estado operativo durante 110 años, tiempo suficiente como para ser el más longevo de su tipo.
Uno no aguanta 110 años en el negocio si no sabe lo que hace (sobre todo si se tiene en cuenta que esa etapa de la humanidad no ha sido precisamente tranquila, pues han tenido lugar dos guerras y una pandemia mundial), lo que explica que un cambio en la gerencia en la etapa final del establecimiento sea lo que le haya llevado a su cierre.
El negocio fue fundado en 1914 por Dudley Perkins y ha sido siempre familiar, como ha demostrado el hecho de que ha ido pasando de padres a hijos durante tres generaciones. Sin embargo, en 2018 los descendientes de Perkins se lo vendieron a un comprador ajeno a la familia y ahí fue donde la cosa se torció.
Entre los compradores, (eran dos) estaba Cliff Chester, quien ya tenía otros dos concesionarios de Harley-Davidson, uno en Nevada y otro en Idaho; por lo que a priori cualquiera supondría que sabría como llevar el negocio.
Sin embargo, según ha podido saber The Sun, no había pasado ni un año cuando empezó a haber problemas, según han confirmado antiguos trabajadores del establecimiento.
Los concesionarios de HD son negocios independientes que están licenciados para vender productos de la marca y por eso se supone que deben que cumplir con ciertos estándares, protocolos, reglas y normas que dicta la compañía. Sin embargo, desde que llegaron los nuevos dueños, dejó de ser así.
Carlos Martínez, uno de los trabajadores del local, que estuvo empleado durante 22 años hasta que decidió dimitir, señala que “todo era un caos”.
Según parece, del mechandising que entraba en la tienda a menudo desaparecían cosas, de las piezas y repuesto que tenían para hacer reparaciones, muchas estaban tiradas en una habitación, sin clasificar; tampoco había un sistema que permitiera a los empleados registrar los pedidos, por lo que a menudo no se completaban ni se entregaban, etc.
Los empleados señalan que se perdió el foco que había antes y que consistía en establecer una relación buena y cercana con los clientes, un mecánico explicaba que había perdido su alma y que, hasta la fecha, era considerado como un museo para los entusiastas de Harley-Davidson, pero que la nueva gerencia consiguió llevarlo a la ruina.
Martínez señala que “se convirtió en un concesionario” y añade que “así no era Dudley Perkins... tú eras parte de una familia, de la comunidad de moteros”. Se entiende entonces que alguien había trabajado dos décadas en el concesionario, decidiera por cuenta propia dimitir y abandonarlo cuando vio que perdió su identidad.

