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Reportaje

Motor

La increíble historia del frontón Beti-Jai de Madrid: de ser sede del juego de pelota a concesionario Harley-Davidson y taller de Citroën

COAM y Archivo Regional de Madrid

Aunque ha conseguido salvarse de momento, su restauración hoy está paralizada. 

En este reportaje conocerás la increíble historia del frontón Beti-Jai de Madrid y de cómo pasó de ser sede de la pelota vasca en la capital a concesionario Harley-Davidson en incluso taller de Citroën. En la actualidad, tras un primer impulso para salvarlo de la ruina, su restauración está 'aparcada' y muchos sueñan con que pronto vuelva a ser una referencia deportiva y cultural... aunque lejos de los motores. 

Al menos, en su interior. Porque los coches y las motos sí que siguen pasando continuamente por su fachada principal, de estilo neoclásico, en el 7 de la madrileña calle Marqués de Riscal. El lateral izquierdo, de ladrillo neomudéjar, donde se vendían las entradas para que los espectadores no hicieran cola "bajo los rigores del sol", como decía la prensa de la época, ahora está condicionado a una puerta de acceso al recinto del que se considera hoy 'la Capilla Sixtina de los frontones' por su antigüedad. 

Fronton Beti-Jai de Madrid.

Wikimedia Commons

Wikimedia Commons

Inaugurado el 29 de mayo de 1894, el Beti-Jai ('siempre fiesta', en euskera) se convirtió enseguida en uno de los frontones más importantes de la capital y de España. Fue encargado al arquitecto Joaquín Rucoba Octavio por José Arana y Antonio Modesto de Unibaso, a imagen y semejanza del que había en San Sebastián con el mismo nombre, con una cancha de 67x20 m y un aforo de 4.000 espectadores.     

Además de contar con los mejores 'pelotaris' del momento para los partidos, en este espectacular recinto de 10.800 metros cuadrados llegaron a celebrarse competiciones de esgrima, de hípica y otros actos más festivos que deportivos durante los pocos años que estuvo en funcionamiento como tal. A posteriori, hay constancia de que fue empleado para todo tipo de cuestiones. 

Por ejemplo, el inventor, ingeniero y matemático Leonardo Torres Quevedo al parecer lo uso como centro de ensayos de aeronáutica en los primeros años del siglo XX. Luego, en los años 20, la asociación Salvemos Beti-Jai, en sus visitas guiadas, habla de que fue usado como taller de Harley-Davidson.  

Durante la Guerra Civil y a posteriori, en la dictadura de Franco, el espacio se aprovechó como prisión, comisaría, lugar de ensayo para bandas musicales vinculadas a Falange Española, mercado... E incluso, si volvemos a la puerta de entrada, junto a la fachada principal e investigamos un poco, volvemos a ver su relación con el mundo del automóvil. 

Beti-Jai: taller "especializado en Citroën tracción delantera"

Hasta la primera década del siglo XXI, colgaban justo ahí los dos destartalados y poco 'marketinianos' carteles "Carrocerías Madecar" y "Citroën de la Osa" -y más tarde, talleres Riscal- (al menos estas dos últimas empresas siguen existiendo, aunque en otras ubicaciones) que funcionaban a pleno rendimiento y que hacían que dentro y fuera pulularan todo tipo de vehículos para su reparación.  

Por ejemplo, "De la Osa" era un grupo muy relacionado con el automóvil y con la marca francesa en particular, tal y como atestiguan un par de facturas que hemos hallado sobre un mismo vehículo de la marca. En la expedida en el propio local del Beti-Jai (con teléfono 247298) el 12 de noviembre de 1952, figuran como "talleres mecánicos" con "especialidad en Citroën tracción delantera". 

En la primera, figura el cobro de 116 pesetas a un tal Enrique Sainz de Ortueta (¿el jugador vasco de hockey hierba que fue tres veces internacional en 1955?),  "por hacer desmontaje de amortiguadores traseros, revisarlos, cambiando dos 'silemblot' de goma y montaje, revisar carburador y bomba de gasolina", en su Citroën matrícula M-87897.

En la segunda, el mismo coche y su mismo propietario acuden a la "estación de servicio De la Osa" el 20 de octubre de 1953, esta vez, en la calle Alenza número 7 de Madrid (hoy el hueco está ocupado por un pequeño jardín vecinal entre dos edificios de viviendas), para un "engrase general" (24 pesetas) y poner "siete litros de aceite" (140 pesetas) por un total de 164. 

Un coche en el taller del Fronton Beti-Jai Madrid.

Archivo Regional de la Comunidad de Madrid

Archivo Regional de la Comunidad de Madrid

Volviendo a Marqués de Riscal número 7, de acuerdo con muchas fotografías de esta época procedentes del Archivo Regional de la Comunidad de Madrid y el Colegio Oficial de Arquitectos de Madrid (COAM), las instalaciones fueron cayendo en un increíble abandono, al tiempo que el espacio lateral destinado al público se tapiaba con paupérrimas y desiguales ventanas. 

La pista, a su vez, se cerraba en un conglomerado de techumbres a dos aguas (aún se puede ver la mancha del tejado en la pared principal del frontón), dando lugar a unas descuidadas naves industriales en las que, entre otras tareas, se reparaban todo tipo de vehículos, en un entorno cochambroso que permaneció en creciente deterioro durante décadas. 

Fronton Beti-Jai Madrid.

Archivo Regional de Madrid

Archivo Regional de Madrid

A pesar de que los restos del frontón fueron adquiridos en 1997 por una sociedad vasca para volver a darle un uso deportivo, no fue hasta muchos años más tarde cuando las distintas Administraciones públicas dieron para salvar y recuperar los restos del mítico Beti-Jai, que había resistido pese a todo a la ruina y a la especulación urbanística, a diferencia de otros lugares dentro y fuera de Madrid. 

Así, en 2011 fue declarado Bien de Interés Cultural (BIC) por la Comunidad de Madrid y desde 2010 a 2015 el Ayuntamiento de la capital procedió a su expropiación por 7 millones de euros. A ellos, habrá que sumar luego una inversión de 38 millones de euros para la primera parte de la restauración, que empezaría en 2017 y se concretaría, fundamentalmente, en 2019. 

Fronton Beti-Jai Madrid.

Archivo Regional de Madrid

Archivo Regional de Madrid

Tal y como hemos podido constatar en AUTO BILD.ES, el resultado actual es impresionante, aunque de momento, sólo se pueda acceder a este emblemático lugar (no te pierdas la galería de fotos que te hemos preparado) mediante visitas guiadas de reducidísimos grupos en días muy señalados y, siempre, concertando cita previa.

La fachada, en el barrio de Chamberí, luce mejor que nunca, aunque algo camuflada por los árboles y el resto de edificaciones con los que comparte la calle. La lateral, -a la que ahora sólo se accede pagando la entrada- en la que colgaban los carteles de los talleres, ha sido minuciosamente recuperada y da acceso a una escalera de madera (recién rehabilitada), y al antiguo café.  



Del graderío sólo queda el suelo de madera y en sus pórticos lucen otra vez las majestuosas columnas y barandillas metálicas (típicas de la arquitectura del siglo XIX) que habían quedado de alguna forma preservadas por el ladrillo y la pintura con la que fueron reforzadas muchos años atrás y crear galerías y almacenes.

Y en el interior, la zona principal: el área destinada a la parte del público que se sentaba en las sillas, a ras del suelo, y a los corredores de apuestas; la cancha propiamente dicha -ahora, perfectamente restaurada, desde el frontis al suelo pasando por las paredes (aún en un desconcertante gris, sin marcas del juego de pelota)-... 

Por no hablar de una fachada interior por la que se accedía a la pista y sobre la que colgaba un modernísimo marcador eléctrico, y que en la inauguración tardó en funcionar correctamente, aunque cuando lo hizo se vio muy bien desde todos los puntos, tal y como recoge Ignacio Ramos en su libro 'Frontones madrileños. Auge y caída de la pelota Vasca en Madrid' (ed. La Librería, 2013). 

De hecho, las crónicas de la prensa deportiva alabaron la capacidad del frontón, la vistosidad de su arquitectura, la calidad de sus deportistas y la "alegría" que se respiraba en los encuentros, pese a haber ya en Madrid otro frontón llamado precisamente así en euskera (Jai-Alai), de los muchos establecimientos similares de esa época que tampoco han llegado a nuestros días. 

No obstante, lo que sí sabemos es que nuestro protagonista de hoy tiene una increíble historia como el frontón Beti-Jai de Madrid, que pasó de ser sede de la pelota vasca en la capital a concesionario Harley-Davidson en incluso taller de Citroën, entre otros usos. Pero también, que 127 años después de su inauguración, su futuro no está tan claro como nos gustaría. 

De hecho, su rehabilitación está paralizada y hay opiniones para todos los gustos acerca del uso que se le podría dar ya en este estado o cuando esté terminado. Incluso, hay quienes proponen techarlo con una cubierta que nunca tuvo para hacer de el renacido Beti-Jai un espacio todavía más polivalente, si cabe, de lo que fue nunca. 

En cualquier caso, tras el parón de la pandemia y los ajustes presupuestarios, ¿se completarán alguna vez los trabajos de restauración? ¿Volverá a albergar competiciones deportivas? Seguiremos muy pendientes al impulso de todos y en especial, de colectivos como 'Salvemos Beti-Jai'. Aunque lo que no parece probable es que vuelva a convertirse en ningún taller de coches ni de motos...               

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