Ya he probado el Aston Martin Valhalla: un millón de euros, más de 1.000 CV y sensaciones infinitas

El deportivo más radical de la firma británica es para quienes tienen gasolina en las venas. Ya lo hemos conducido.
De repente, el cielo huele a goma y gasolina: Aston Martin acaba de aparcar allí su divinidad, Valhalla. Y no solo su nombre está por las nubes, también el precio y la potencia: un millón de euros y nada menos que 1.079 CV dicen mucho de este coche deportivo con propulsión híbrida.
Los guerreros vikingos tenían que entregar su vida para llegar al Valhalla, el paraíso de los dioses. Aston Martin, sin embargo, se lo pone ahora un poco más fácil a la élite con ganas de velocidad. A cambio, la experiencia es mucho más intensa. Porque lo que los británicos venden ahora bajo el nombre de Valhalla no es un lugar etéreo perdido en ninguna parte, sino el deportivo definitivo, capaz de convertir cualquier carretera secundaria, el carril izquierdo de la autopista y, sobre todo, un circuito, en el auténtico paraíso para los apasionados de la gasolina.
Motor: potencia híbrida con tecnología AMG
Puede sonar exagerado. Pero si hay un Aston Martin que merece semejante honor, ese es el Valhalla. Porque aquí no solo están por las nubes el nombre y el precio. Además de ser un coche que, como es habitual en la marca, resulta espectacular a la vista, esta vez también se conduce exactamente como promete, algo que ya no es tan habitual. Y, por si fuera poco, por fin está técnicamente a la altura de los tiempos, algo que casi supone una excepción dentro de Aston Martin.
Sí, una vez más los británicos recurren al V8 de AMG como base. La diferencia es que, por primera vez en más de 100 años de historia de la marca, el divertido motor biturbo de cuatro litros va montado detrás de los ocupantes. Además, gracias a unos turbocompresores de mayor tamaño y a unos árboles de levas más agresivos, desarrolla casi 100 CV más que la versión fabricada en Affalterbach.
Y a esos ya impresionantes 828 CV se suman, gracias al primer híbrido enchufable de la historia de Aston Martin, otros tres motores eléctricos que aportan 251 CV adicionales, catapultando a este misil rasante hasta una nueva categoría con una potencia conjunta de 1.079 CV.
Al mismo tiempo, el motor eléctrico integrado en la caja de cambios de doble embrague —otra primicia para Aston Martin— actúa como generador y recarga la batería AMG de 6,1 kWh, equipada con unas celdas especiales capaces de soportar enormes esfuerzos. Unas baterías que aportan mucho más en un circuito, ayudando con las correcciones eléctricas de trayectoria, que durante los escasos 12 kilómetros que puede recorrer en modo totalmente eléctrico.
El Valhalla dispone incluso —otra novedad para la marca británica— de una toma de carga. Sin embargo, cuesta imaginar que alguno de sus propietarios se tome realmente la molestia de enchufarlo en casa, sobre todo porque ni siquiera hay espacio en el coche para guardar el cable.
Circuito antes que carretera: sensaciones de un prototipo de competición
Como potente híbrido enchufable destinado a una élite con prisa, el Valhalla se convierte en el rival más directo del Lamborghini Revuelto y del Ferrari Testarossa. Sin embargo, mientras los dos italianos siguen pareciendo deportivos de carretera, el Valhalla está mucho más cerca de un prototipo de resistencia que de un coche convencional, y solo a duras penas ha sido adaptado a las exigencias de la homologación para circular por carretera.
Todo comienza con el monocasco de fibra de carbono, continúa con las puertas de apertura vertical ancladas al techo, el alerón delantero retráctil oculto en el frontal con una forma inspirada en la Fórmula 1 y el enorme alerón trasero móvil, y culmina en una posición de conducción en la que uno va prácticamente tumbado dentro de un habitáculo con forma de cabina de avión. No es de extrañar que incluso una carretera secundaria de la España rural llegue a sentirse como la recta de Mulsanne en Le Mans.
Comportamiento
Y más aún cuando la primera toma de contacto comienza directamente en un circuito y este elegante deportivo puede mostrar su lado más salvaje. Como si acabaran de soltar a un depredador, se aferra al asfalto, devora las curvas y dispara sobre las rectas como si el tiempo realmente fuera relativo.
Cuando, pese al alerón delantero invisible y al enorme plano trasero, la situación se complica, entra en acción la electrónica. Pero no como un estricto vigilante, sino como un auténtico cómplice. Los motores eléctricos del eje delantero giran hasta 19.000 rpm y consiguen arrastrar el coche incluso por curvas que parecían ya perdidas. Así, la asistencia eléctrica no resta diversión, sino que multiplica las sensaciones.
Mientras tanto, la mirada salta nerviosamente entre tres puntos de referencia: la pequeña pantalla situada tras el volante, el punto de frenada de la siguiente curva y el muro de boxes. Por favor, todavía no. Una vuelta más. Y otra. Y otra.
Gran Turismo con adrenalina: sorprendentemente apto para el día a día
De vuelta a la carretera, todo aquello parece casi irreal. Como si un instante antes hubieras estado cabalgando un depredador y, de repente, te encontraras sentado en un Gran Turismo. El Valhalla también sabe comportarse de otra manera, y precisamente eso es lo que lo hace tan fascinante. A pesar de la enorme brutalidad de su sistema de propulsión, transmite una serenidad sorprendente.
Mientras otros hiperdeportivos convierten sus prestaciones en un gran espectáculo dramático, el Aston Martin las ofrece con una naturalidad casi despreocupada. Incluso circulando a velocidades de hasta 350 km/h, todo parece suceder sin esfuerzo. La suspensión sabe perfectamente que, fuera del circuito, rigen otras normas, y se adapta a ellas con una soltura poco habitual incluso en esta exclusiva categoría.
Conclusión
¡Olvídate del 007! Normalmente resulta imposible pensar en un Aston Martin sin que venga inmediatamente a la cabeza James Bond. Pero el Valhalla es tan extraordinario que no necesita ningún mito cinematográfico para brillar: él mismo es toda una estrella. Aun así, comparte muchos rasgos con el célebre agente secreto: sorprendentemente refinado y aterradoramente brutal, descomunalmente potente y de una precisión quirúrgica. Y, además, sencillamente espectacular.
Valoración
Nota 9,5
Lo mejor
Impresionante comportamiento en circuito, elegante en carretera, potencia máxima, prestaciones.
Lo peor
Un precio solo al alcance de unos pocos, aunque es algo esperable en un coche así.



