Laura Granja, teniente de la Guardia Civil de Tráfico: "El móvil es como una enfermedad más de nuestro cuerpo"

El uso del teléfono móvil durante la conducción es cada vez más común
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Tres o cuatro segundos de distracción equivale a recorrer a ciegas una distancia superior a la longitud entera de un campo de fútbol profesional.

Las distracciones al volante continúan encabezando las estadísticas de siniestralidad en la red viaria de nuestro país, consolidándose año tras año como una de las principales y más complejas amenazas para la seguridad de todos los usuarios de la vía. En este preocupante contexto, la teniente de la Agrupación de Tráfico de la Guardia Civil, Laura Granja, ha expresado con contundencia la dimensión de un problema que califica abiertamente como una auténtica adicción al volante: la dependencia absoluta del teléfono inteligente durante la conducción. 

En unas recientes declaraciones, la responsable policial ha comparado la presencia permanente de estos dispositivos en las manos de los conductores con una afección grave e incontrolable, señalando tajantemente que "el móvil es como una enfermedad más de nuestro cuerpo" para visibilizar la incapacidad manifiesta de una gran cantidad de ciudadanos para despegarse de la pantalla mientras operan un vehículo a motor. El uso desmedido y negligente de los teléfonos móviles durante la marcha ha sobrepasado los límites de lo que antes se consideraba una simple infracción puntual o un descuido aislado, convirtiéndose en un patrón de conducta sumamente arraigado y peligroso.

Tal y como explica detalladamente la teniente Granja, la atención integral exigida al circular por cualquier tipo de vía requiere de la totalidad de las facultades cognitivas y de los sentidos de quien maneja. Sin embargo, la necesidad compulsiva de consultar notificaciones de redes sociales, responder mensajes de texto instantáneos o atender llamadas telefónicas provoca que una gran cantidad de conductores pierdan de vista la trayectoria de la carretera durante segundos que resultan críticos. A velocidades normales de circulación urbana o interurbana, apartar la mirada de la calzada durante apenas tres o cuatro segundos equivale a recorrer a ciegas una distancia superior a la longitud entera de un campo de fútbol profesional.

Los agentes pertenecientes a la Agrupación de Tráfico comprueban en su labor diaria cómo este tipo de comportamientos imprudentes se repiten de forma sistemática entre conductores pertenecientes a todas las franjas de edad, desde los más jóvenes hasta los más experimentados. A pesar de las intensas y continuas campañas de concienciación institucional impulsadas por la Dirección General de Tráfico, así como del severo endurecimiento de las sanciones pecuniarias y la pérdida drástica de puntos del carné de conducir, la tentación de interactuar con el dispositivo móvil persiste de manera alarmante. En su trabajo cotidiano, los agentes de tráfico se enfrentan a diario a situaciones límite en las que los despistes causados por el uso de la tecnología derivan en trágicas salidas de vía, colisiones por alcance y atropellos a peatones de extrema gravedad.

La contundente afirmación de la teniente de la Guardia Civil pone el foco directo en el complejo componente psicológico que alimenta este hábito. La comparación directa de esta conducta con una patología incontrolable subraya que la dependencia tecnológica ha traspasado por completo las barreras del ámbito estrictamente personal para adentrarse de lleno y peligrosamente en la esfera pública de la seguridad vial. Cuando un usuario asume de forma irresponsable el riesgo de manipular una pantalla táctil en pleno desplazamiento, no solo pone en juego su propia integridad física, sino que compromete de forma directa la vida del resto de ocupantes de la calzada, actuando bajo un impulso de hiperconectividad que anula por completo la percepción objetiva del peligro real.

Frente a esta compleja coyuntura, las unidades de vigilancia e inspección de la Guardia Civil se han visto obligadas a reforzar sustancialmente los operativos de supervisión en toda la red de carreteras españolas, empleando para ello medios tecnológicos avanzados como cámaras automatizadas, vehículos camuflados y drones de última generación orientados a detectar de forma rápida la manipulación de pantallas dentro del habitáculo. No obstante, los mandos policiales coinciden unánimemente en que la presión fiscalizadora y sancionadora, por sí sola, resulta insuficiente si no va acompañada de un cambio cultural profundo en la mentalidad colectiva de la sociedad. 

La visión manifestada por Laura Granja invita a la sociedad a reflexionar sobre la urgencia de catalogar el uso indebido del teléfono al volante con la misma gravedad moral y contundencia punitiva con la que actualmente se perciben la conducción bajo los efectos del alcohol o de las drogas. Asimilar el dispositivo móvil como un elemento totalmente ajeno e incompatible con el acto de conducir representa el único camino viable para revertir esta preocupante tendencia.

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Alicia Pérez

Colaboradora

Colaboradora redacción motor Auto Bild España