La Guardia Civil advierte sobre el peligro de colocar mal el ordenador dentro del coche en caso de accidente y la DGT lo confirma: a 90 km/h equivale al peso de un oso pardo

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Tanto los agentes como la propia dirección de tráfico coinciden en la importancia de guardar correctamente los distintos objetos dentro del coche.
Un gesto habitual al subir al coche, como dejar el maletín del ordenador sobre la banqueta trasera, el asiento del copiloto o encima del equipaje en la bandeja posterior, puede transformar un objeto cotidiano de uso profesional en un proyectil letal. La Guardia Civil ha vuelto a alertar sobre los graves riesgos que entraña transportar dispositivos electrónicos y bultos sueltos en el habitáculo de los vehículos.
Las advertencias de la Benemérita han sido plenamente respaldadas por la Dirección General de Tráfico (DGT), que utiliza datos físicos impactantes para concienciar a los conductores: en caso de colisión o desaceleración brusca a una velocidad de 90 kilómetros por hora, un ordenador portátil de apenas dos kilos multiplica de tal manera su inercia que sale despedido con un impacto equivalente al peso de un oso pardo adulto, unos 275 kilogramos.
Esta alarmante metamorfosis física responde a lo que los expertos en seguridad vial denominan el "efecto elefante". Dicho fenómeno se fundamenta en la primera ley de Newton sobre la inercia, la cual establece que cualquier cuerpo dentro de un vehículo mantendrá su velocidad de desplazamiento constante aunque el coche se detenga de manera súbita debido a un frenazo de emergencia o un impacto directo contra otro obstáculo.
A una velocidad moderada de 50 km/h, la fuerza con la que un objeto suelto golpea a los ocupantes del vehículo multiplica su masa original unas cuarenta veces. Sin embargo, al elevarse la velocidad hasta los 90 ( km/hhabitual en carreteras secundarias o accesos urbanos), la energía cinética acumulada crece exponencialmente. De esta forma, el ordenador portátil de 2,2 kilos, que a 50 km/h impactaría con la fuerza de un jabalí de 85 kilos, se transforma al alcanzar los 90 km/h en un proyectil cuya fuerza equivale a la de un ejemplar de oso pardo.
La infografía divulgada por la DGT en sus canales oficiales y recordada periódicamente por las fuerzas de seguridad no se limita exclusivamente a los equipos informáticos. Los estudios revelan que otros enseres comunes trasladados de forma descuidada acarrean desenlaces similares. Un teléfono móvil de solo 110 gramos adquiere a 90 km/h la masa e impacto de un perro de raza Cocker Spaniel de más de doce kilos.
Por su parte, un bolso de mano con un peso aproximado de cuatro kilos golpearía a los pasajeros de la parte delantera con la descomunal fuerza de un toro de lidia de más de 500 kilos, mientras que un simple biberón lleno se proyectaría con la contundencia de una oveja de 50 kilos. El riesgo del "efecto elefante" no radica únicamente en las lesiones traumáticas severas que puede ocasionar el golpe directo del objeto sobre la cabeza, la nuca o la espalda de los ocupantes.
Un bulto proyectado contra el parabrisas delantero puede alterar la trayectoria del conductor, provocar la distracción crítica del piloto en plena maniobra de esquiva o entorpecer gravemente el despliegue correcto de los airbags de seguridad, anulando la protección para la que fueron diseñados.
Ante esta amenaza constante en los desplazamientos diarios, las autoridades recuerdan que el espacio adecuado para alojar los ordenadores portátiles, maletines, mochilas y demás equipaje es el maletero. En caso de ser imprescindible transportar el ordenador dentro de la cabina, este debe colocarse en el suelo de la parte posterior, encajado firmemente entre la base del respaldo delantero y la banqueta trasera, donde el espacio libre es mínimo y la inercia queda contenida.
Asimismo, la normativa vigente contempla duras sanciones para quienes ignoren estas recomendaciones de seguridad. El Reglamento General de Circulación estipula que la carga debe estar colocada de tal forma que no pueda arrastrar, caer o desplazar de manera peligrosa dentro del habitáculo. Transportar objetos sueltos que puedan interferir en la conducción o suponer un peligro para la integridad física de los ocupantes está tipificado como una infracción grave, lo que puede acarrear sanciones económicas de hasta 200 euros.

