Es el segundo radar de tramo más largo de España y está en la AP-68. Y ya ha empezado a multar

AP-68
AP-68Wikipedia

La Comunidad Floral de Navarra instala el segundo radar más largo de España en la AP-68, y ya ha empezado a repartir sus primeras multas.

La Dirección General de Tráfico ha puesto en funcionamiento un control de velocidad en la autopista AP-68 (Navarra) que, por su extensión y ubicación, se convierte automáticamente en uno de los más significativos y temidos de toda la red viaria nacional.

Este nuevo radar de tramo se encuentra localizado en la Ribera de Navarra, afectando a una de las arterias principales de comunicación entre el norte de la península y el valle del Ebro. Lo que hace que este dispositivo sea calificado de excepcional no es su tecnología, sino su longitud desmesurada, ya que cubre una distancia de más de 30 kilómetros de recorrido ininterrumpido.

A diferencia de los radares fijos convencionales, que captan la velocidad en un punto exacto, este sistema registra la matrícula del vehículo a la entrada y a la salida de un sector determinado, calculando el tiempo empleado en recorrerlo para obtener la velocidad media. Si dicha media supera el límite establecido para la vía, la sanción se tramita de forma automática.

Radares de la DGT
Radares de la DGT

La ubicación exacta de este control se sitúa en la AP-68, la autopista que conecta Zaragoza con Logroño y Bilbao, en un área conocida por sus largas rectas y una monotonía paisajística que a menudo invita a los conductores a aumentar la presión sobre el acelerador sin darse cuenta.

Al monitorizar un tramo de más de 30 kilómetros, las autoridades no solo buscan castigar un exceso de velocidad puntual, sino forzar un comportamiento sostenido de respeto a los límites legales durante un periodo de tiempo que puede superar los quince o veinte minutos de conducción. Esta estrategia responde a la intención de reducir la siniestralidad en una vía que, si bien cuenta con buenos firmes, registra incidentes graves derivados precisamente de la alta velocidad y las distracciones.

La entrada de Navarra en este club de radares kilométricos sitúa a la AP-68 al nivel de otros tramos célebres en la geografía española, como el ubicado en la provincia de Palencia en la CL-615 o los dispositivos de larga distancia de la AP-6 en Guadarrama.

Sin embargo, la longitud del tramo navarro resulta especialmente llamativa para los conductores habituales, quienes argumentan que mantener una velocidad estrictamente constante durante más de 30 kilómetros puede resultar en una fatiga adicional o en una atención excesiva al velocímetro en detrimento de la carretera.

Por el contrario, desde los organismos de seguridad vial se defiende que este tipo de radares son mucho más justos que los fijos, ya que eliminan el efecto del frenazo brusco ante la cabina y premian una conducción suave y homogénea.

La noticia de la instalación ha corrido como la pólvora entre los transportistas y viajeros frecuentes de la autopista del Ebro. El tramo afectado por este nuevo radar en la Ribera de Navarra cuenta con una señalización específica que advierte del inicio y el final de la zona de control, tal y como obliga la normativa vigente.

No obstante, la principal queja de las asociaciones de conductores reside en que, en tramos tan extensos, cualquier error de cálculo o un adelantamiento prolongado para superar a un vehículo pesado puede alterar la media final y derivar en una multa, a pesar de que el conductor haya mantenido una velocidad legal durante el 90% del trayecto.

Desde el punto de vista técnico, el sistema utiliza cámaras de alta definición con iluminación infrarroja capaces de leer matrículas en condiciones de baja visibilidad o nocturnidad total. Los datos son enviados en tiempo real al centro de gestión de denuncias, donde se cruzan los tiempos de paso.

Este despliegue en la AP-68 se enmarca en una tendencia nacional de sustituir radares de punto por radares de tramo, considerados más eficaces para calmar el tráfico en zonas de alta intensidad. Navarra, que tradicionalmente ha mantenido un control estricto de sus carreteras secundarias y principales, eleva así el listón de la vigilancia en una de las autopistas de peaje con más tránsito de la zona norte.

En conclusión, el nuevo radar de tramo de la Ribera navarra en la AP-68 no es solo una herramienta de sanción, sino un mensaje claro sobre la gestión de la velocidad en las autopistas modernas. Con más de 30 kilómetros de vigilancia ininterrumpida, los conductores se enfrentan a un reto de paciencia y precisión técnica.

Mientras las autoridades esperan una reducción drástica en el número de infracciones y accidentes en este sector, el colectivo de usuarios de la vía observa con recelo cómo el margen de error al volante se estrecha cada vez más en favor de un control automatizado y milimétrico de sus desplazamientos.

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