Enrique Álvarez, mecánico, se queja de la pésima calidad de las piezas en los coches modernos: "¿Quién va a tener el poder adquisitivo para mantener un vehículo?"

Álvarez destaca el descenso en la calidad de los materiales
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El experto en vehículos denuncia la drástica bajada de calidad de los materiales de fabricación de los automóviles con el paso de los años. 

Una sustitución de bujías puede terminar costando mucho más de lo previsto si, al desmontar las bobinas, sus aislantes se rompen. Es lo que denuncia el mecánico Enrique Álvarez tras intervenir en un coche de 2014: las cuatro bobinas funcionaban, pero el material aislante se deshizo durante la extracción. Según sus cálculos, una operación que antes podía costar 60 euros acaba acercándose a los 300 al tener que cambiar también esos componentes. "Saco esta bobina y veo que se rompe el aislante", manifiesta.

Álvarez atribuye lo ocurrido a una pérdida de calidad de los materiales y lamenta que el propietario termine pagando las consecuencias. "Mira que me juré a mí mismo que no iba a hacer más vídeos de estos, pero es que viendo esto no puedo dejar de hacerlo", comenta. Su enfado se centra en el sobrecoste que introduce una pieza que, hasta el momento de desmontarla, cumplía su función.

Cuatro bobinas rotas por el experto al realizar un cambio de bujías

El mecánico explica que el problema apareció cuando retiró la primera bobina para acceder a la bujía. "Saco esta bobina y veo que se rompe el aislante", relata. Una parte del material quedó dentro y tuvo que extraerla con un destornillador. Al mostrar la pieza, señala la zona que falta y explica que ese aislamiento separa la conexión de la bujía de la culata metálica para evitar que la chispa salte donde no corresponde.

Tras esa primera rotura, intentó comprobar si podía evitar que sucediera lo mismo con las otras tres. "He probado en frío y en caliente y las tres se han roto", asegura. Según describe, no se trataba de un fragmento desprendido de forma limpia, sino de un material que se descomponía al manipularlo: "Se deshace, se descompone todo el aislante".

La consecuencia fue que las cuatro bobinas quedaron dañadas durante una intervención cuyo objetivo era sustituir las bujías. Álvarez insiste en que eran "cuatro bobinas que funcionaban perfectamente". Su queja parte de esa diferencia: el cliente no había acudido para reparar una avería en ellas, pero su deterioro terminó añadiendo otra sustitución a la operación prevista.

El profesional menciona incluso la posibilidad de intentar pegar el aislante para ahorrar ese gasto al propietario, aunque él mismo lo califica como "una chapuza". En este caso, explica, la descomposición del material impedía recuperarlo. No presenta esa opción como una reparación recomendable, sino como una muestra de su frustración ante un componente que se rompía en numerosos fragmentos.

El mecánico, el malo: una factura que pasa de 60 a cerca de 300 euros

Álvarez calcula que cada bobina nueva supone entre 50 y 60 euros adicionales, aparte de las cuatro bujías. Si se toma el precio más alto que menciona, las bobinas suman 240 euros. Al añadir los 60 euros que utiliza como referencia para el cambio de bujías, el total alcanza los 300. Son las cifras de su ejemplo, no una tarifa general para cualquier vehículo.

"Antes, sustituir las bujías, 60 euros", resume. El salto de precio explica su indignación: una tarea de mantenimiento termina multiplicando su coste por la necesidad de reemplazar otras piezas. "¿Pero estamos locos o qué pasa aquí?", protesta mientras muestra el aislante deteriorado. Para él, el problema no está únicamente en cuánto cuesta el recambio, sino en que haya dejado de ser aprovechable al desmontarlo.

El mecánico contrapone el desgaste de las bujías con la duración que considera esperable en una bobina. En su explicación habla de sustituir las primeras cada 60.000 kilómetros y sostiene que las segundas podían alcanzar 300.000 o 400.000. Esas referencias forman parte de su valoración del caso: el audio no identifica el modelo, la motorización ni el programa de mantenimiento del fabricante.

Álvarez asegura que ya había encontrado un problema similar en otra ocasión. Ahora critica que el aislante "a los diez años se pudra, se rompa, se parta". Su denuncia vincula la calidad de los materiales con el bolsillo del conductor: cuando una pieza se deshace durante el mantenimiento, el gasto deja de limitarse al trabajo previsto.

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Alicia Pérez

Colaboradora

Colaboradora redacción motor Auto Bild España