Enrique Álvarez, mecánico, avisa de la reducción de calidad en las piezas de coches: "No sé si es porque sería súper barata o en una edición limitada de basura. Yo muestro y vosotros juzgáis"

Enrique Álvarez mecánico
Enrique Álvarez, mecánico
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El mecánico toma como ejemplo la comparación entre una bomba de agua de metal antigua y una bomba de agua de plástico moderna.

En el mundo del motor, como ocurre en la vida en general, hay una sensación de que las cosas ya no están hechas para durar, que los coches tienen obsolescencia programada y sus piezas también. Pero una cosa es sentirlo y otra tener pruebas de ello, que es lo que pueden aportar mecánicos como Enrique Álvarez, de Talleres Piba, que toma como ejemplo una bomba de agua moderna: “es basura de plástico”.

El mecánico, que tiene cientos de miles de seguidores en sus redes sociales, como Instagram y Tiktok, es un habitual en lo que ha analizar componentes antiguos y modernos se refiere y, casi siempre, la conclusión es la misma: la calidad de las piezas ha caído el picado, algo que explica por qué antes los vehículos podían aguantar carros y carretas y ahora da la sensación de que son más “flojos”.

En su perfil lo ha demostrado con distintos tipos de piezas, pero en uno de sus vídeos más recientes analiza dos bombas de agua, una de los años 90 y otra actual, y la diferencia de calidad es clamorosa.

Empieza mostrando la antigua: “Bomba de agua de Ford Escort 1.800 turbo diésel del año 92 – 94, toda esa generación: completamente metálica. Hacía ya años que no veía en un turismo esta bomba. Mirad, entera, tanto la polea como la turbina o rodete, como el cuerpo, entera de metal. Es de Ford, pesa esto como tres o cuatro kilos, porque no lo podéis observar con el móvil”.

A pesar de ello, desde la pantalla se puede ver un componente recio, que trasmite solidez y que se ve que puede aguantar sin problema casi lo que le echen. Lamentablemente, las sensaciones que ofrece la moderna están en el polo opuesto.

El mecánico muestra la pérdida de calidad de los componentes

“Y aquí tenemos la evolución: bomba de agua de plástico entera. Bueno aquí el piñón, ya esto no, perdonadme, es metálico. Pero la turbina, rodete y el cuerpo de la bomba es de plástico. Esto muy pocos mecánicos lo han visto, porque yo también lo he visto muy poco”, es algo que es algo bueno, porque implica que no muchos fabricantes optan por montar una que, simplemente por reemplazar metal por plástico, ya es de peor calidad.

Para Álvarez, no le merece muy buena opinión el uso de componentes de este nivel: “Esta bomba no se quién la haría, de dónde ha salido. No sé por qué, si sería súper barata o en una edición limitada de basura o algo pasó ahí. Pero es que es de plástico entera, porque si es verdad que el otro 90% son de calamina o de aluminio, pero es que esta es de plástico, basura. La podría romper en persona”

Acto seguido coge unos alicates y con una facilidad bastante llamativa, la quiebra por uno de sus extremos: “Esto dirán algunos ‘no, esto es polímero avanzado reforzado con fibra de vidrio y usado para la industria aeroespacial, Elon Musk’. Pues no, es basura de plástico, porque para que rompas aquí una pieza con unos alicates con la mano de una persona humana… si es verdad que estoy muy fuerte, pues muy buena no puede ser”.

No hay que ser un experto para considerar que un elemento de un automóvil, por pequeña que pueda ser su función, que se pueda partir básicamente a mano, no puede tener una calidad demasiado buena y, sobre todo, que probablemente no tenga capacidad para aguantar la tensión y el esfuerzo al que se somete a un vehículo a lo largo de su vida útil.

Bomba de agua de metal contra bomba de agua de plástico

Y por si la poca resistencia a la rotura no fuera suficiente, “vamos a rizar más el rizo”, continúa diciendo mientras que se prepara para pesar ambas piezas. La de plástico pesa únicamente 655 gramos “y vamos a ver ahora la metálica, que se va a romper hasta la báscula”. Efectivamente la diferencia es abismal: 2,15 kilos para ésta.

Su conclusión es clara: “Hemos pasado de dos kilos de metal a 600 gramos de plástico. Yo muestro y vosotros juzgáis”.

De nuevo, no hay que ser ingeniero aeronáutico para darse cuenta de que es un componente de peor calidad, al menos desde el punto de vista de la resistencia. Se puede conceder que, utilizando piezas más ligeras se consigue hacer el coche más liviano y, por tanto, se mejoran las cifras de consumo y la eficiencia del coche, pero hay ciertos elementos para los que es mejor sacrificar peso en favor de la durabilidad.

Y es que, se mire como se mire, decantarse por un componente así el único motivo que tiene es el ahorro de costes, aunque eso resulte en un peor coche para el comprador.

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Mario Herráez

Colaborador

Colaborador redacción motor Auto Bild España