Andrea Fernández, joven camionera española, aclara lo que más le gusta de su trabajo: "Estar orgullosa de mí, de este trabajo, de este sector. Siento que estoy paseando, no trabajando"

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La profesional del transporte asegura que disfruta de su trabajo en la cabina y muchas veces no lo siente como tal.
Andrea Fernández ha encontrado en la carretera una profesión que, además de gustarle, le permite reivindicar su lugar en un sector tradicionalmente asociado a los hombres. La camionera gallega explica que disfruta de conducir y de demostrar que la edad o el género no determinan la capacidad para hacer bien el trabajo. «Siento que estoy paseando, no trabajando», resume al hablar de lo que más le gusta de su día a día.
Fernández cuenta que su interés por el transporte fue creciendo mientras trabajaba en una frutería y veía a los camioneros entrar y salir. La posibilidad de dedicarse a algo que le gustaba y, al mismo tiempo, encontrar una salida laboral terminó de convencerla. «Siempre me gustó conducir», explica en una entrevista sobre su experiencia en el sector. «Quería algo con salida, que no me faltara trabajo y que me permitiese mejorar un poco el sueldo. Y dije: ¿por qué no? Ya que me gusta conducir, me lanzo a la aventura».
La decisión la llevó a ponerse al volante de un camión y a recorrer carretera acompañada por Brugal, su perro. Entre los aspectos que más valora de su oficio están precisamente el viaje y la posibilidad de disfrutar del trayecto. En su caso, trabajar no se limita a cumplir una ruta: también significa conducir, conocer lugares y vivir una experiencia que conecta con una afición previa.
«Poder dar a la gente en la cara» es otra de las frases con las que expresa su satisfacción. La camionera lo relaciona con el orgullo de haber elegido y sacado adelante una profesión en la que todavía persisten prejuicios. «Estar orgullosa de mí, de este trabajo, de este sector», añade. Su mensaje no se dirige únicamente a quienes dudan de su capacidad, sino también a las personas que siguen considerando el transporte una ocupación exclusivamente masculina.
Fernández ha convertido parte de esa experiencia en contenido para redes sociales. Según ha contado, al principio compartía su día a día con familiares y amigos; con el tiempo, sus publicaciones empezaron a llegar a más personas. Esa comunidad acompaña sus rutas y permite acercar el trabajo de una conductora profesional a quienes quizá solo conocen el sector desde fuera.
Romper prejuicios en la carretera
La camionera también ha hablado de las dificultades de abrirse camino siendo joven y mujer. En sus primeros pasos en el sector, recuerda haber recibido comentarios que cuestionaban su presencia o su experiencia. «Por ser mujer y joven no significa que haga mal la faena», ha defendido al responder a ese tipo de prejuicios. Su postura es que la experiencia se adquiere trabajando y que nadie empieza con todos los conocimientos aprendidos.

En otra conversación sobre su trayectoria, explicó que su incorporación al transporte respondió tanto a su gusto por conducir como a la búsqueda de estabilidad y mejores oportunidades. Su historia refleja una realidad diversa dentro de la profesión: el transporte de mercancías incluye distintas especialidades, rutas y condiciones laborales, y no todas las experiencias son iguales. La propia Andrea anima a quienes sienten interés por el sector a informarse y perseverar, en lugar de descartarlo por estereotipos.
El camión que conduce también ocupa un lugar especial en su relato. Fernández explicó que se fijó en un IVECO Stralis de la empresa y pidió quedarse con él. «Lo vi en la nave de la empresa y me enamoré a primera vista: amplio, cómodo y encima azul, mi color favorito», recordó.
Su entusiasmo no implica que el trabajo carezca de exigencias. Conducir profesionalmente requiere responsabilidad, prudencia y atención a las condiciones de cada ruta. Pero Fernández pone el acento en una faceta que a menudo queda fuera de los estereotipos sobre el oficio: también puede ser una profesión elegida por vocación y disfrutada en el día a día.
«Siento que estoy paseando, no trabajando» sintetiza esa conexión con la carretera. Y cuando habla de sentirse orgullosa de sí misma y del sector, convierte su experiencia personal en una reivindicación más amplia: que las mujeres puedan incorporarse al transporte sin tener que demostrar de antemano que merecen estar allí.

