Mercedes dio la oportunidad de demostrar quién era el mejor piloto de Fórmula 1: les soltó un Mercedes 190E a cada uno y a correr

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Pilotos como Lauda, Hunt, Prost, Hill o Rosberg fueron algunos de los deportistas que participaron en esta icónica carrera en Alemania.
En una era en la que los contratos, las marcas y las obligaciones comerciales hacen impensable ver a pilotos de distintas disciplinas enfrentándose en igualdad de condiciones, Mercedes-Benz llevó a cabo en 1984 un experimento único. La firma alemana reunió a algunas de las mayores leyendas del automovilismo mundial, les entregó un Mercedes-Benz 190 E 2.3-16 idéntico a cada una y les invitó a competir en el recién reabierto circuito de Nürburgring.
El resultado fue una de las carreras más recordadas de la historia del motor. No solo porque reunió a campeones del mundo de Fórmula 1 de distintas generaciones, sino porque sirvió para que un joven brasileño de apenas 24 años demostrara delante de todos que estaba destinado a convertirse en una leyenda: Ayrton Senna.
La Fórmula 1 en los coches de calle: Mercedes 190E
La denominada Race of Champions se celebró el 12 de mayo de 1984 coincidiendo con la reapertura de Nürburgring tras varios años de remodelación. Mercedes quería promocionar el 190 E 2.3-16, la versión más deportiva de su nueva berlina compacta, y pensó que no había mejor escaparate que ponerla en manos de los mejores pilotos del planeta.

Para garantizar la igualdad, la marca fabricó 20 unidades prácticamente idénticas del modelo. Todos los vehículos mantenían la misma configuración mecánica, aunque fueron adaptados para la competición con jaula antivuelco, arneses de seis puntos, chasis más rígido, una suspensión rebajada y relaciones de cambio más cortas.
El coche elegido tampoco era una simple berlina. Equipaba un motor Cosworth de cuatro cilindros, 2.3 litros y 16 válvulas capaz de desarrollar 185 CV. Aquella potencia, unida a una preparación específica para circuito, convertía al Mercedes en una máquina ideal para que el talento de los pilotos marcase realmente la diferencia.
Una parrilla irrepetible con los mejores pilotos del mundo de F1
Lo que hace especial aquella carrera no es solo el coche utilizado, sino la calidad de los participantes. Mercedes consiguió reunir a una auténtica constelación de estrellas del automovilismo en una época en la que este tipo de eventos todavía eran posibles. Entre los invitados figuraban campeones del mundo de Fórmula 1 como Niki Lauda, Alain Prost, James Hunt, Jody Scheckter, Phil Hill, John Surtees, Jack Brabham, Keke Rosberg o Denny Hulme. Junto a ellos también participaron pilotos de primer nivel procedentes de otras categorías y especialistas de Nürburgring.
La presencia de tantos campeones en una misma parrilla convirtió la carrera en un acontecimiento excepcional. De hecho, nunca más se ha vuelto a reunir en una competición semejante una concentración tan elevada de campeones mundiales de Fórmula 1. Incluso Juan Manuel Fangio acudió al circuito como invitado, aunque no participó debido a su edad.
En medio de semejante colección de estrellas aparecía un nombre todavía poco conocido para buena parte del gran público: Ayrton Senna. El brasileño comenzaba a dar sus primeros pasos en la Fórmula 1 y todavía estaba lejos de convertirse en el mito que hoy recuerda todo aficionado al automovilismo. Sin embargo, aquella carrera iba a cambiar muchas percepciones. En la clasificación logró situarse tercero en la parrilla de salida, únicamente por detrás de Alain Prost y Carlos Reutemann. Ya desde ese momento dejó claro que no había acudido a Nürburgring para ejercer de comparsa.

La carrera terminó convirtiéndose en un duelo generacional entre dos pilotos llamados a representar épocas muy distintas del automovilismo. Por un lado estaba Lauda, campeón mundial y uno de los pilotos más respetados de la época. Por otro, un joven Senna que quería demostrar que había llegado para quedarse. Finalmente, el brasileño se impuso tras superar a Lauda en los compases finales de la prueba. Cruzó la meta con apenas tres décimas de segundo de ventaja sobre el austríaco y consiguió una victoria que tuvo una enorme repercusión mediática.
Aquella tarde Mercedes descubrió el potencial promocional del 190 E 2.3-16 y el mundo del motor pudo comprobar que el joven brasileño tenía algo diferente. La victoria ante un grupo de campeones consagrados sirvió como carta de presentación internacional de un piloto que pocos años después dominaría la Fórmula 1 y pasaría a formar parte de la historia del deporte.

