Prueba

Prueba radical: Donkervoort D8 GTO 2016. 380 CV y 695 kilos

Luis Meyer

17/07/2016 - 15:14


Es un coche que da miedo. No solo ópticamente. Después de esta prueba radical del Donkervoort D8 GTO, uno se alegra de haber sobrevivido. ¿Quieres saber lo que se siente al volante de esta bestia indómita? Sigue leyendo.

Lo hemos probado en el transcurso del Rekord Tag (Día del Récord) en el circuito de Sachsenring, de AUTOBILD y Michelin. Y ha sido una experiencia sin parangón: pura radicalidad. Prueba radical: Donkervoort D8 GTO. 380 CV y 695 kilos.

Si lo ves directamente desde delante, tiene cara de estar muy cabreado. Se parece a sus antecesores, pero también recuerda inevitablemente a un Catherman. ¿Te haces una idea de lo que hablo?

Entrar es más fácil de lo que pensaba al principio. Primero deslizo las piernas por delante del asiento y luego, sencillamente, me dejo caer. Importante: cerrar la puerta antes de ponerse al cinturón. A continuación, girar la llave de Audi y despertar al cinco cilindros.

Si no fuera por la postura al volante extremadamente baja y el cinturón de cinco puntos, lo cierto es que en los primeros metros recorridos el Donkervoort D8 GTO parece bastante civilizado. El embrague y el clásico cambio de cinco velocidades se dejan manejar con facilidad. Un recorrido de la palanca, por cierto, en forma de H y recorridos ultracortos. Si sigues leyendo, entenderás que este no es un coche para desviar la vista del circuito ni un segundo, y requiere precisión máxima en tiempo mínimo.

¿La visibilidad? Pues en un coche donde la carrocería brilla por su ausencia, lo cierto es que es magnífica. Un detalle curioso: a bajas vueltas, el espejo retrovisor vibra tanto que no reconoces nada de lo que refleja. ¿Solución? ¡Pisar a fondo!

El volante parece el de un kart, u en lugar de alojar un airbag, tiene un centro mullido. No importa: el cinturón de cinco punto me agarra de tal manera que en caso de accidente mi cuerpo no se desplazaría ni 10 centímetros. Y como corresponde a un coche destinado única y exclusivamente a la dirección, prescinde de la servodirección. Desde parado, uno debe tener unos brazos mínimamente atléticos para guiarlo. A partir de 50 km/h, dejas de echar de menos la asistencia.

donkervoort

Otro detalle: como el piloto va situado a la altura de las ruedas (la altura del Donkervoort es de 1,14 metros) ve en todo momento su posición, por leve que sea su acción al volante. Y eso permite una precisión absoluta. 

El motor es el 2,5 litros de cinco cilindros con turbo que ya conocemos del Audi RS 3 y el Audi TT RS: 380 CV y un par máximo de 475 Nm... Para mover solamente 695 kilos. Ok, conmigo encima, son 770 kilos. La mitad que cualquier coche "normal".

¿Agujero del turbo? Aquí no existe eso. A partir de 4.000 rpm el turbo ejerce la máxima compresión y, en ese momento... Ya es demasiado tarde para contemplaciones. La aguja se dispara a las 6.800 vueltas. Subo de marcha. El sonido es el típico de un cinco cilindros... Pero resuena en mi cabeza como si estuviera metido bajo en capó de un coche de rally. 

Cuando piso a fondo el Donkervoort desata toda su brutalidad. En frío, las Michelin Pilot Sport Cup 2 de 18 pulgadas del eje trasero se ven rápidamente sobrepasadas. Pero en cuanto alcanzan su temperatura (también rápidamente) se agarran al asfalto con uñas y dientes. Hay que decir que esto lo logran en circuito: en una carretera abierta, los semilsicks no podrían llegar a su temperatura: los límites dinámicos del Donkervoort no están hechos para el mundo civilizado.

El D8 GTO llevará de serie unos semislicks Hankook con los que, sobre el papel, acelera de 0 a 100 km/h en 2,8 segundos. Cuando circulo a esta velocidad, por cierto, el cerebro lo percibe como si volara a 300. Por suerte, los frenos (por supuesto, sin asistencia) detienen al coche con vehemencia... En cuanto te haces al duro tacto del pedal, con un recorrido poco homogéneo. 

Conclusión

Tras esta corta ronda de prueba, me siento feliz de que tanto yo como el coche sigamos vivos y coleando. Una experiencia sin igual que tiene su precio, claro: más de 160.000 euros cuesta un Donkervoort D8 GTO en su versión básica. Lo mismo que un Ferrari 488 GTB. y Aún llegará otro más caro: en Donkervoort trabajan en un D8 GTO-RS. Más potente, claro. De locos.

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