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Prueba: Mercedes-AMG GLC 43 Coupé

Luis Meyer

03/01/2017 - 08:30

Veamos con qué ingredientes se ha aliñado a la variante más deportiva del SUV coupé de Mercedes: motor V6, suspensión neumática, cambio de 9 velocidades... En esta prueba del Mercedes-AMG GLC 43 Coupé demostramos por qué esta es una creación muy especial.

El Mercedes GLC Coupé recibe ahora el tratamiento AMG. Y no solo se nota en la carrocería, con detalles que la hacen más deportiva y agresiva. El secreto, en este caso, no está en la masa, sino bajo la chapa. Prueba: Mercedes-AMG GLC 43 Coupé.

Primer ingrediente: un V6 con doble turbo, instalado en el interior de las dos bancadas en V, para elevar la temperatura de partida y mejorar la respuesta. Hay más: 367 CV extraídos de los tres litros de cilindrada, 540 Nm de par máximo gestionados por una tracción integral que prioriza al eje posterior (31% frente a 69). El resultado es que el Mercedes AMG GLC 43 Coupé pisa con increíble agarre en carretera, especialmente si lo has puesto en modo Sport+. Acelera de 0 a 100 km/h en 4,9 segundos y la velocidad máxima está limitada a 250 km/h.

Segundo ingrediente: la suspensión neumática. Aquí, AMG ha echado el resto. Un sistema con tres depósitos en cada brazo se regula electrónicamente a voluntad del conductor, y en Sport+, en favor de la dinámica, el tarado es algo más blando delante que detrás. Esto ayuda a reducir los balanceos al mínimo. Y el paso por curvas, por muy cerradas que sean, siempre se hace con mucha relajación, muy neutra y sin que esta mole pierda las formas. La dirección electromecánica comunica mucho en modo Sport, es directa y precisa. En suma, el GLC 43 también pasa con absoluto aplomo por curvas rápidas. 

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La suspensión neumática de este Mercedes es también es tirando a firme en modo Confort: aquí mantiene su tacto deportivo, y al mismo tiempo, filtra las irregularidades con absoluta eficacia: solo se perciben en el interior los baches cortos y continuados, como adoquines. Y gracias a su buen aislamiento, el sonido de su V6 nunca se hace molesto en el interior. Incluso se oye decente. Lo que cambia en modo Sport+, en el que las reducciones del cambio automático colorean el sonido con el punta-tacón. Pero en este caso, el GLC renuncia a mariposas en el escape para regular a voluntad el sonido, en timbre e intensidad. Una pena.

Tercer ingrediente: el cambio de nueve velocidades. Para esta variante AMG se ha reescrito su software, y se han reducido perceptiblemente los tiempos de inserción Ojo: si quieres, también puedes ensuciar esta belleza y sacarla del asfalto: tiene una capacidad de vadeo de 30 centímetros, y ángulos de ataque de 20,8 grados delante y 18,6 detrás. Y si es necesario, puede tirar de un remolque de hasta 2,5 toneladas. Aunque estamos convencidos de que el propietario de un coche así lo que quiere es ves de lo que es capaz en asfalto, liberado de ataduras.

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