Comparativa

Duelo extremo en Volvo. Coche vs Camión: S60 vs Iron Knight

Versiones comparadas:

Luis Meyer

02/01/2017 - 09:06

El camión más veloz del mundo rinde 2.400 CV. Lo hemos enfrentado contra su hermano pequeño de carreras, y la combinación ha resultado de lo más explosiva. En este duelo extremo en Volvo, del S60 vs Iron Knight, demostramos que en el mundo del automóvil aún hay margen para maravillosas locuras.

Iron Knight, esto es: caballero de hierro. Tal vez suene de entrada algo antiguo: a caballos al galope, a largas lanzas, a duelos por un pañuelo colorado... Todo suena muy romántico, sí. Pero aquí no hay nada de eso. Esto es un duelo extremo en Volvo. Coche vs Camión: S60 vs Iron Knight.

Uno de ellos, de hecho, ostenta un récord mundial: el Volvo Iron Knight es el camión más veloz del mundo. Por ejemplo, ningún otro camión recorre antes los 1.000 metros desde parado. Esta bestia solo necesita 21,9 segundos. En 4,5 segundos pasa de 0 a 100 km/h, a solo 9,6 ya vuela a 200. Como un Porsche. De los buenos. Pero claro, el camión de Volvo ha logrado estas cifras en una larga pista de despegue, en recta. La pregunta: ¿Cómo se desenvuelve en curvas? ¿Logrará transmitir las sensaciones de un turismo de competición?

Un momento: Volvo también tiene algo así en su gama. La marca sueca participa en la categoría WTCC con una berlina del segmento medio en formato "racer". Hablamos, concretamente, de un Volvo S60 TC1 2016, con un portentoso cuatro cilindros con turbo que rinde 400 CV. Un bólido de carreras con todas las letras, frente al camión más bruta y rápido del mundo. Esto promete. Empezamos, desde la línea de salida, por la disciplina "dragster", esto es: línea recta y pedal a fondo. 

Aquí los tienes a los dos. Preparados, listos... ¡Ya!

En el camión voy sentado a casi 1,50 metros de altura, después de sortear los tubos de la celda protectora, para finalmente quedarme encajado en sus baquets con cinturones de cinco puntos. Ante mí, un volante de Alcantara e infinidad de botones e indicadores de temperaturas, un extintor. Despierto a la bestia girando una llave. Cuatro turbos presionan como si no hubiera un mañana en los seis cilindros de 13 litros. Cifras: 2.400 CV y 6.000 Nm de par máximo. 300 km/h de punta teórica, en la práctica, este camión ya ha rodado a 286. La entrega de la potencia, por su concepción, es brutal. La fuerza, a través de su cambio de doble embrague, llega con algo de retraso, luego embiste sin piedad. Ya a 130 km/h va insertada la novena de 12 relaciones, pero las ruedas traseras siguen dejando algunas estelas. Si quieres pintar con franjas negras toda la pista, te basta con pisar a fondo y dejar que los cuatro escapes de compresión trabajen a placer. Lo podrás hacer hasta más allá de los 200 km/h.

Lo más sorprendente: la dirección es muy espontánea, este coloso apenas balancea en cambios de trayectoria e incluso en los giros más cerrados me permite apurar el interior de la curva.  Pero la sensación al pilotar este camión por circuito es que es una constante lucha contra la física. Cada vez que piso el acelerador da la impresión de que la zaga pugna por no separarse del resto del conjunto. Después de tres vueltas y apenas cinco minutos, vuelvo a entrar en boxes. Los técnicos comprueban, en primer lugar, el estado de los frenos cerámicos. Siguen en buena forma, pero no aguantarían al 100% más vueltas deteniendo a esta mole de 4,5 toneladas. Están desarrollando un sistema de refrigeración por agua de los discos que le implantarán en breve. Entonces, la diversión durará todavía más.

El S60, claro, es un peso ligero al lado del camión: solo pesa 1.100 kilos, es mucho más aerodinámicos, va sobre unos brazos de suspensión Öhlins que mantiene los slicks bien pegados al asfalto. Aunque tiene tracción integral, entra y sale de las curvas con sorprendente ímpetu y precisión. El motor turbo de 400 CV se combina con un cambio secuencial que lo hace girar... ¡Hasta las 8.500 vueltas! La máquina, aúlla, ruge y resopla que es un placer. 

El Volvo se dirige con precisión milimétrica en los cambios de apoyo, lo frenos me detienen en todo momento con contundencia y sin síntomas de agotamiento. Tres vueltas y cinco minutos después, vuelvo a entrar en boxes con una sonrisa en la cara. ¿Cuál es más rápido?, te preguntarás. Eso es lo de menos. Aquí hablamos de sensaciones. Por un lado, una bestia que traspasa todos los límites de la física (y la decencia); por otro, una máquina ligera de precisión capaz de pasar por las curvas con tiralíneas, y de apurar las frenadas como con pocos coches de hoy en día. Muy diferentes, pero los dos coinciden en algo: garantizan momentos irrepetibles en circuito. 

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