Pere Navarro, director de la DGT, tampoco lo tenía muy claro: "Nos planteamos retrasar la baliza V16 al 31 de julio, pero..."

El mandamás de la DGT admite que surgieron dudas sobre la fecha de implantación de la baliza V16, aunque, finalmente, no se ha movido del día 1 de enero.
El proceso de modernización de la seguridad vial en España no está siendo fácil, sobre todo en sus despachos más altos. Pere Navarro, director general de Tráfico, acaba de reconocer que su equipo puso sobre la mesa la posibilidad de retrasar la fecha de entrada en vigor de la baliza V16 conectada, el dispositivo que sustituirá definitivamente a los tradicionales triángulos de preseñalización.
La idea inicial era desplazar la fecha límite hasta el 31 de julio, coincidiendo con la gran operación salida del verano, con el objetivo de dar un margen extra a los conductores. Sin embargo, tras analizar detenidamente la situación, el máximo responsable de la DGT decidió frenar esa prórroga y mantener el calendario establecido.
La reflexión interna de la Dirección General de Tráfico surge a raíz de la preocupación por el ritmo de adopción de este nuevo dispositivo por parte de los ciudadanos. La baliza V16 conectada no es solo una luz de emergencia, sino un equipo que envía la ubicación exacta del vehículo detenido a la nube de la DGT, permitiendo que otros conductores reciban el aviso en sus navegadores o paneles de carretera.

A pesar de las campañas de información, una parte significativa del parque móvil español aún no cuenta con el dispositivo, lo que llevó a los técnicos a considerar un tiempo de cortesía adicional para evitar sanciones masivas y facilitar una transición más suave.
La razón fundamental por la que Pere Navarro ha descartado finalmente este aplazamiento es tan pragmática como contundente. Según ha explicado el director, el análisis de experiencias previas demuestra que retrasar un plazo de este tipo no suele mejorar el cumplimiento, sino que simplemente traslada el problema de fecha.
Junto a ello, Navarro sostiene que, si se moviera la obligatoriedad al 31 de julio, la administración se encontraría en esa fecha con el mismo escenario de falta de previsión por parte de los usuarios, pero con el agravante de coincidir con el momento de mayor movilidad del año. Por tanto, la DGT considera que mantener la fecha actual es la única forma de garantizar que el parque móvil se actualice de manera efectiva.
Otro factor determinante en esta decisión es la seguridad de los operarios y de los propios conductores. El principal motivo para sustituir los triángulos por la baliza luminosa es evitar los atropellos que se producen cuando una persona baja del vehículo para colocar la señalización a pie de carretera.
La baliza V16 se coloca desde el interior del coche, simplemente bajando la ventanilla y situándola en el techo, lo que elimina el riesgo de exposición al tráfico. Para Tráfico, cada mes que se retrasa la obligatoriedad es un mes más en el que se producen situaciones de riesgo innecesarias en los arcenes de las autopistas y autovías españolas.
Además, desde la DGT se apunta a que ya existe una oferta suficiente de dispositivos en el mercado y que los precios se han estabilizado, eliminando las barreras de suministro que existieron en los primeros meses tras su homologación.

El mensaje que Pere Navarro lanza con esta decisión es de firmeza, el cambio tecnológico es irreversible y los conductores deben ser conscientes de que el tiempo de convivencia entre los viejos triángulos y la nueva luz conectada está llegando a su fin. La administración entiende que los plazos han sido lo suficientemente amplios como para que el ciudadano haya podido adquirir el dispositivo de manera escalonada.
A nivel logístico, el sistema de conectividad que respalda a estas balizas, la plataforma DGT 3.0, ya se encuentra plenamente operativa y lista para gestionar el flujo de datos que generarán millones de vehículos.
Un retraso en la normativa también supondría un freno a la digitalización de la red de carreteras, un proyecto en el que España es pionera y que busca reducir la siniestralidad mediante la comunicación en tiempo real entre la infraestructura y el conductor.
La integración de estos datos es vital para los servicios de emergencia y las patrullas de la Guardia Civil de Tráfico, que pueden acudir de forma más rápida y precisa a los lugares de los incidentes.
Aunque la tentación de dar una tregua hasta el verano estuvo presente en las reuniones de la DGT, la determinación de Pere Navarro marca un punto de no retorno. La baliza V16 será obligatoria según lo previsto, sin concesiones de última hora.
La seguridad vial se impone así a la flexibilidad administrativa, bajo la premisa de que la protección de la vida en la carretera no admite más esperas y que el cambio de hábitos, por difícil que sea, es la única vía para reducir las trágicas cifras de atropellos en arcén que todavía se registran en España.


