Parece que los semáforos inteligentes no funcionan tan bien como deberían; el ejemplo lo tenemos en Torrevieja

La ciudad alicantina empieza a mostrar los defectos de estos sistemas de control de tráfico a pocos días de empezar el periodo vacacional.
En Torrevieja (Alicante) la implantación de los conocidos como semáforos inteligentes en la gestión del tráfico urbano está generando el efecto contrario al deseado a pocos días de empezar las vacaciones de verano y la llegada masiva de extranjeros.
Bajo la promesa de la modernización vial, lo que se diseñó como un sistema puntero destinado a agilizar la circulación y reducir los tiempos de espera de los conductores se ha convertido, para sorpresa y desgracia de los usuarios habituales de la vía, en un foco generador de retenciones kilométricas y desesperación al volante.
La teoría de la eficiencia digital no siempre se traduce de manera positiva cuando se aplica sobre el asfalto real, un fenómeno que está quedando en evidencia en la costa de la Vega Baja y que ha abierto un intenso debate sobre la verdadera utilidad de estos dispositivos automáticos.

El epicentro de este desajuste tecnológico se localiza en la transitada zona de Punta Prima, un punto neurálgico que conecta diversas urbanizaciones y áreas comerciales de la localidad y que soporta una densa carga de vehículos diariamente.
En este enclave estratégico se instalaron recientemente los sofisticados dispositivos lumínicos con el objetivo de regular el paso de manera fluida mediante sensores que, teóricamente, analizan el flujo de coches en tiempo real para priorizar los carriles más saturados.
No obstante, los atascos protagonizan el día a día tras la puesta en marcha de estos semáforos inteligentes en Punta Prima, transformando los trayectos cortos de apenas unos minutos en auténticas ratoneras donde los motores permanecen encendidos y parados durante mucho más tiempo del tolerable.
Las escenas de frustración se repiten especialmente durante las horas punta, momentos en los que la coincidencia de los desplazamientos laborales y comerciales pone a prueba la capacidad de la infraestructura vial.
Lejos de mitigar el impacto del volumen automovilístico, los algoritmos que coordinan los semáforos inteligentes parecen sufrir una suerte de colapso operativo ante la acumulación masiva de coches, prolongando las fases rojas de manera desmesurada y rompiendo cualquier atisbo de onda verde o sincronización que pudiera existir previamente.
Los conductores atrapados en estas retenciones observan con impotencia cómo las colas de vehículos se extienden a lo largo de varios kilómetros, afectando no solo a la fluidez del tráfico interno del municipio, sino entorpeciendo notablemente los accesos a las carreteras principales que conectan Torrevieja con otras localidades de la comarca.

Esta preocupante situación ha encendido las alarmas entre las asociaciones de vecinos y los comerciantes de la zona de Punta Prima, quienes temen que el caos circulatorio derivado de la mala optimización semafórica termine por disuadir a los clientes potenciales y afecte negativamente a la economía local.
El malestar ciudadano se ha canalizado rápidamente a través de protestas informales y quejas formales dirigidas a las autoridades municipales, exigiendo una revisión inmediata del software que gestiona los dispositivos o, en su defecto, la vuelta al sistema de regulación tradicional que, si bien no era perfecto, no generaba los niveles de colapso actuales.
El contraste entre la cuantiosa inversión económica realizada para la adquisición de esta tecnología inteligente y los resultados prácticos obtenidos a pie de calle alimenta un creciente sentimiento de indignación entre la población afectada.
Por su parte, los expertos en movilidad urbana señalan que este tipo de incidencias suele ocurrir cuando los sistemas inteligentes se configuran con parámetros genéricos que no tienen en cuenta las dinámicas específicas y complejas de cada intersección.
La inteligencia artificial aplicada al tráfico requiere de un periodo prolongado de aprendizaje y calibración constante que se ajuste a los hábitos de los conductores locales y a las particularidades físicas de la vía.
En el caso específico de Torrevieja, las variaciones estacionales en el volumen de población complican aún más la ecuación, ya que un algoritmo de tráfico diseñado para el invierno resulta ineficiente cuando las carreteras se saturan durante los periodos vacacionales o los fines de semana de buen tiempo.

Mientras las autoridades y los técnicos responsables buscan una solución técnica que consiga reprogramar adecuadamente los dispositivos para aliviar de una vez por todas la presión sobre la zona de Punta Prima, los usuarios de la vía se ven obligados a armarse de paciencia o a buscar rutas alternativas secundarias para evitar el embudo semafórico.
La experiencia actual en Torrevieja se alza como un toque de atención para otros municipios que planean digitalizar sus redes de transporte sin contar con una fase previa de pruebas exhaustivas. El caso evidencia con claridad que la tecnología carece de utilidad real si no es capaz de adaptarse con precisión milimétrica a las necesidades cotidianas de los ciudadanos que se desplazan por el territorio.


