Deja su Mercedes en el taller del concesionario y mediante el GPS ve que se mueve de bar en bar

La víctima ha presentado cargos contra el trabajador y el concesionario
La víctima ha presentado cargos contra el trabajador y el concesionario

Una estadounidense descubre que el taller estaba haciendo un uso personal de su vehículo cuando deberían estar reparándolo.

Confiar un vehículo de alta gama al servicio oficial de una marca suele ser la opción predilecta para quienes buscan seguridad, profesionalidad y un trato exquisito. Sin embargo, para Kimberly Porter, una residente de Memphis, lo que debía ser una reparación rutinaria en un concesionario de Mercedes-Benz se transformó en una experiencia surrealista que terminó con una detención policial y una demanda judicial.

Es más, el incidente ha puesto de manifiesto los riesgos de la confianza ciega y cómo la tecnología moderna, en este caso el sistema de rastreo por GPS, puede convertirse en el peor enemigo de un empleado deshonesto.

Todo comenzó a mediados de diciembre, cuando el Mercedes Clase C300 de Porter empezó a presentar fallos mecánicos tras un repostaje de combustible que ella sospechaba estaba en mal estado.

El coche fue remolcado hasta las instalaciones de Mercedes-Benz en Collierville, donde permaneció durante semanas bajo la supuesta supervisión de técnicos especializados. Tras un mes de espera, el vehículo seguía en el taller el viernes 16 de enero, o al menos eso es lo que Porter creía hasta que su teléfono móvil comenzó a emitir una serie de alertas inesperadas.

Alrededor de las seis de la tarde de aquel viernes, la aplicación de rastreo GPS de su Mercedes le notificó que el coche había abandonado el recinto del concesionario. En un principio, la propietaria pensó que se trataba de un error informático o de una prueba de conducción legítima por parte de los mecánicos para verificar el estado del motor.

No obstante, sus sospechas se dispararon cuando las notificaciones continuaron durante la noche, indicando que el sedán se desplazaba por zonas de ocio que nada tenían que ver con un trayecto de prueba técnico.

Ante la incredulidad de lo que estaba sucediendo, Porter decidió tomar cartas en el asunto. Se subió al vehículo de sustitución que el propio concesionario le había facilitado y se dirigió a la ubicación exacta que marcaba su pantalla. Al llegar al aparcamiento del bar, se encontró con su Mercedes estacionado, confirmando que no se trataba de ningún error de software.

Así pues, Porter utilizó su llave de repuesto para acceder al coche y llamó de inmediato a la policía, asumiendo inicialmente que el vehículo había sido robado de las instalaciones del concesionario por un delincuente externo.

Sin embargo, la sorpresa fue mayúscula cuando los agentes registraron el interior del automóvil. En el asiento se encontraba un abrigo que contenía la identificación de Derrick Nguyen, quien resultó ser un empleado del mismo concesionario donde el coche debería estar siendo reparado.

La situación alcanzó su punto álgido cuando la policía localizó a Nguyen dentro del bar y lo sacó del establecimiento esposado. Según los informes policiales, el empleado presentaba signos evidentes de embriaguez en el momento de su detención.

Aunque Nguyen alegó ante los oficiales que tenía permiso de la empresa para utilizar el vehículo de la cliente, el gerente de servicio del concesionario desmintió tajantemente esta versión poco después. El trabajador, finalmente, fue arrestado y acusado de robo de propiedad, dejando al concesionario en una posición pública sumamente comprometida.

Tras el incidente, la respuesta de la empresa no hizo sino caldear más los ánimos de la afectada. Porter asegura que un ejecutivo del concesionario se puso en contacto con ella para pedirle que retirara los cargos, describiendo al empleado detenido como un buen chico que simplemente había cometido un error.

Sin embargo, la presión escaló cuando, según el relato de la propietaria, el establecimiento la amenazó con denunciar como robado el vehículo de cortesía que ella estaba usando si no lo devolvía de inmediato antes de una hora determinada.

Indignada por el trato recibido y por el uso no autorizado de su coche para una noche de copas, Kimberly Porter ha iniciado una demanda civil tanto contra el empleado como contra el concesionario Mercedes-Benz de Collierville.

Tras todo lo ocurrido, el caso ha generado un intenso debate sobre la privacidad y la custodia de bienes personales en establecimientos comerciales. La tecnología GPS, que suele comercializarse como una herramienta antirrobo, demostró en esta ocasión ser una herramienta de transparencia radical, permitiendo a una clienta fiscalizar en tiempo real el comportamiento de quienes prometieron cuidar de su patrimonio.

Mientras el proceso judicial avanza, el suceso queda como un recordatorio para todos los conductores, y es que hoy en día, los coches no solo transportan personas, sino que también cuentan historias que sus dueños pueden leer desde la palma de su mano.