Reportaje

Conducción en África: Sudáfrica, Botsuana y Zimbaue

David Durán

09/12/2013 - 12:01

¿Sabes a qué se refería Shakira cuando cantaba aquello de “Porque esto es África” en su famoso ‘Waka-waka’? AUTO BILD lo ha descubierto –al menos en lo que a conducción se refiere– después de recorrerse tres países del sur de ese continente.

Cuando el año pasado me fui de vacaciones a Sudáfrica, poco conocía acerca de ese país. Como mucho, asociaba Sudáfrica al imborrable recuerdo de la consecución del primer Campeonato del Mundo de fútbol conquistado por la Selección Española, aunque también al vergonzoso Apartheid que durante décadas marcó el devenir de la población negra y 'coloured' (mestiza) de ese país. Tampoco quise investigar mucho más previamente, con el ánimo de no elevar en exceso mis expectativas. Prefiero las sorpresas, y la verdad es que en Sudáfrica, y en otros países del entorno, como Botsuana y Zimbaue, y tras más de 7.000 kilómetros al volante, sorpresas tuve unas cuantas.  

La primera me la llevé al salir del aeropuerto de Johannesburgo (ciudad en la que murió Nelson Mandela -el Mercedes Clase S que se hizo especialmente para Mandela-) y tomar la autopista hacia el norte. Me llamó poderosamente la atención ver mucha gente –demasiada– andando por allí. Lo peor de todo es que esos peatones caminan por el arcén a todas horas –incluso por la noche– e independientemente de la climatología que haga. El motivo: unos, para hacer autostop y para advertir de ello a los conductores, agitan con la mano un billete como dando a entender que pagarían por el trayecto; otros, porque la vía más segura para desplazarse es por la carretera.

El arcén facilita adelantar

Es curioso el partido que se le saca al arcén en Sudáfrica, porque además de lo descrito líneas más arriba, esta parte de la calzada también sirve para facilitar los adelantamientos. Y es que en todo tipo de carreteras, incluidas las autopistas, si te encuentras con un vehículo que circula a una velocidad inferior, éste se suele echar al arcén para facilitar la maniobra, y la forma de agradecérselo es activando el warning –nada de tocar el claxon–. Eso sí, esta curiosa costumbre solo está permitida por el día, pues por la noche, ante la ausencia de luces en la carretera, puede resultar extremadamente peligroso dada la profusión de peatones por el arcén. Lógico que se produzcan miles de atropellos mortales en las carreteras sudafricanas.

Personas arcén

Un grupo de personas andando por el arcén.

Otro detalle que me sorprendió es la velocidad a la que circulan allí. Van a toda mecha, aunque también hay que tener en cuenta la velocidad genérica de vías secundarias, ¡120 km/h!, lo que contribuye a la alegría con el acelerador… Pero es que produce pavor ver a través del espejo retrovisor cómo te come los talones un pick-up (allí se los llama bakkie) o un camión yendo a más de 120 km/h. Pero, claro, si se tiene en cuenta que la multa más alta por exceso de velocidad son 500 rands (unos 50 euros al cambio), parece que te inviten a darle caña…

Si a estas circunstancias se suma que los taxis de Sudáfrica suelen ser minibuses –conocidos de forma políticamente incorrecta como black taxis– con capacidad en principio para ocho plazas –aunque algunas veces llevan el doble de gente y cuando se produce un accidente, el resultado de fallecidos es enorme–, así como la poco segura costumbre de llevar pasajeros en las bañeras de los bakkies y los camiones como si de ganado o carga se tratara, es normal que el tráfico rodado en Sudáfrica arroje cifras de muertos escandalosas todos los años –casi 14.000 en 2010, según el organismo no oficial Arrive Alive-.

Carretera de Sudáfrica

Una vía secundaria plagada de baches y en la que pueden cruzarse animales.

Desagradable sorpresa me llevé cuando fui a devolver el primer coche que alquilé en mi periplo por el sur de África, un Renault Koleos con tan solo 100 kilómetros. Como mandan los cánones –y las condiciones del contrato–, antes de devolver el Koleos llené el depósito y así lo verificó el operario de la empresa de alquiler, Hertz en este caso. Lo que pasa es que o bien el operario puso en el informe lo que le vino en gana o, como me confirmó gente que vive allí, la empresa de alquiler 'me la intentó meter por debajo del babi'. La cuestión es que me cobraron ¡75 euros! por, cito textualmente, “devolver el coche con el depósito completamente vacío”. Me costó dios y ayuda demostrar que yo había devuelto el depósito en condiciones –menos mal que guardé todos los comprobantes– y aun así no me repusieron el dinero hasta dos meses después. Así que, ándate con ojo con las alquiladoras en Sudáfrica, se llamen Hertz o 'La-casa-de-tócame-Roque-Rent-a-car…'.

Y de una alquiladora a otra. Para viajar a Botsuana alquilé un Toyota Hilux Camper (con la casa a cuestas) en la compañía especializada Britz (te la desaconsejo totalmente). Tras revisarlo todo, hice lo propio con el motor, por si las moscas. En ese momento me llevé la triste sorpresa de que el cuentakilómetros marcaba casi 78.000 km, y en el parabrisas había una pegatina que advertía de que la próxima revisión técnica del vehículo había que pasarla a los 80.000 km. Teniendo en cuenta que había calculado hacer unos 4.000 km y que pensaba moverme por todo tipo de terrenos, me entró el canguelo. Pero el gerente de Britz me espetó: “Tranquilo, esto es estándar africano”. ¡Toma ya! Calidad africana… a precio europeo. Menudos bribones. El problema es que no había margen de maniobra y tuve que envainármela. 'Afortunadamente', los frenos empezaron a fallar en Johannesburgo, a unos 50 kilómetros de las oficinas de Britz…

Antes de llevarnos esa 'sorpresa-sorpresa', tuvimos unas cuantas anécdotas en Botsuana y en Zimbaue. En este último país, lo más llamativo es la corrupción imperante, por lo que si quieres cruzar de uno a otro para visitar las cataratas Victoria, como era mi intención, o bien apuestas por un transporte organizado y en la tarifa está incluida la 'mordida' para el funcionario de la frontera, o te arriesgas a que te pongan todo tipo de problemas hasta que te retrates –además de pagar 30 dólares de visado– en la frontera y durante el trayecto, como tuve la oportunidad de ver.

Pero fue en Botsuana donde sufrí en propias carnes la alargada sombra de la corrupción de los agentes de Tráfico, y a punto estuve de cagarla, pero bien. Al salir de la ciudad de Kasane, en el norte del país, e incorporarme a la carretera –que no autopista– que lleva a la frontera con Sudáfrica, tomé una vía secundaria en cuesta, con un repecho del 20%. En lo alto de la cuesta vislumbré la presencia de un agente en animada compañía con un radar con trípode. Imagínate tirar de un trasto como el Hilux Camper cargado hasta arriba –unas dos toneladas– en una pendiente del 20%. De todos modos, y al haber detectado al agente, yo circulaba a unos 60 km/h. Al acercarme a su posición, me dio el alto, y tras pedirme los papeles me hizo bajar del vehículo porque, afirmaba, me había cazado con el radar a 83 km/h. Le intenté convencer de que eso era imposible, aparte del hecho de que no había en dos kilómetros a la redonda señal alguna que indicara la velocidad permitida. El agente me remitió al radar, es decir, sin foto y sin nada, un cinemómetro en el que solo aparecía la velocidad medida. Nada más. Es decir que podía ser yo o, lo más lógico, algún coche que iba en el sentido contrario, de bajada.

Tolerancia cero a la corrupción

Cartel de propaganda anticorrupción en Botsuana.

La ‘cagué’ del todo

Por más que se lo explicaba, daba igual: me la iba a meter… la multa. Le di a su ayudante (no muy espabilado) el Permiso Internacional para que tomara los datos para rellenar el boletín sancionador, y el muy 'lumbreras' le gritó a su jefe que ese Permiso era inválido porque no tenía foto ni datos –no sabía ni abrir el librito del Permiso–. Y ahí la cagué del todo, porque presa de mi desesperación por la situación y ante esta nueva sorpresa que me dejaba literalmente vendido ante la autoridad, perdí las riendas y di un golpe en el capó de pura rabia y les mostré que el Permiso era válido. Entonces el agente chungo acercó su cara a la mía y me amenazó: “Vas a lamentar tu comportamiento”.

En ese momento pasaron por mi mente imágenes de la película Celda 211 pero aún más bestias y en peores condiciones: un blanquito entre unos cuantos negritos… Pedí disculpas y más disculpas y saqué de la faltriquera del dinero un fajo de billetes con ánimo de colaborar por la causa, además de seguir pidiendo perdón y clemencia. Al final, y porque creo que en el Cielo a alguien le debo de caer bien, me retiró la multa y quedé “Oficialmente advertido”. En román paladino: la próxima, al talego. Merecido, en cualquier caso.

Una carretera espectacular

Carretera Sudáfrica

Aunque para conducir en el sur de África hay que armarse de paciencia, no todo es negativo. Tanto Botsuana como Sudáfrica son países preciosos y sus gentes, muy amables. Además, hay vías espectaculares como el Chapman’s Peak Drive, una de las diez mejores carreteras costeras del mundo en Ciudad del Cabo.

Carretera sudafricana

Además de asfalto, también puedes hacer una increíble ruta 4x4 por Botsuana, el país de la luz. Supone todo un sueño para los amantes de la naturaleza en estado puro.

Asimismo, podrás recorrer el Parque Kruger una de las mayores reservas naturales del planeta. ¿Sabías que su superficie es equivalente a la de Bélgica?

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David Durán

Becario de AutoBild.es

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