Reportaje

Los cinco grandes éxitos de Ferdinand Piëch en el Grupo VW

Luis Guisado

22/09/2015 - 13:09

Ferdinand Piëch abandonó la compañía a principios de 2015 por desavenencias con la cúpula directiva. Pero sin este ingeniero, que es además nieto de Ferdinand Porsche, los coches del Grupo Volkswagen no serían como son. Aquí cinco razones que te van a convencer.

Ferdinand Piëch tenía fama de testarudo. No es que consiguiera siempre todo lo que se proponía, pero sí 'casi siempre'. En sus ojos solía  brillar la sensación del triunfo. Quien se interpusiera en su camino, debía estar dispuesto a ser arrinconado. Todo rival parecía pequeño para él.

Y es que el nieto de Ferdinand Porsche era todo un patriarca. Con su tradicional forma de dirigir alcanzó el éxito. Sin él, el Grupo Volkswagen probablemente no se habría convertido en el primer fabricante mundial en el primer semestre de 2015 al superar al más que gigante Toyota.

Pero a principios de 2015 surgió una batalla campal entre Piëch, presidente del Consejo de Vigilancia y de Martin Winterkorn, presidente del Consejo de Administración, que ha sido tan dura como imprevista. En un principio se trataba a Winterkorn como sucesor natural de Piëch, pero muchas diferencias les llevaron a una batalla total por la supremacía del grupo. Finalmente ganó Winterkorn y tanto Ferdinand como su esposa, Ursula, abandonaron el Consejo.

Aun así, hay que reconocer que sin su ambición por marcar siempre nuevos horizontes en la tecnología, posiblemente el mundo del automóvil sería hoy mucho más triste. Aquí los cinco mayores éxitos de Ferdinand Piëch.

1. La invención del diésel divertido

Los diésel con inyección directa eran más comunes en los camiones: demasiado ruidosos, toscos y sucios. En los años 80 aún eran motores mal considerados y relegados en su mayor parte a vehículos industriales. Los primeros motores en serie de Fiat y Austin solo reforzaban esta percepción. Piëch, por el contrario, solo veía en estos motores el culmen de la eficiencia. En 1989 lanzó el Audi 100 TDI (Turbo Direct Injection), no demasiado refinado pero extremadamente ahorrador y capaz de romper con el paradigma. Inauguró una nueva percepción del diésel y originó un 'shock' entre la competencia.

2. Éxito de Porsche en competición

Piëch le hincó el diente a Porsche en 1963 cuando era un recién licenciado en ingeniería. Nieto del fundador, Ferdinand Piëch sabía que él estaba en el centro de todas las miradas, pero rápidamente se puso a trabajar. La competición fue su punta de lanza: sus primeros modelos fueron los Porsche 906 y Porsche 910 (o Carrera 10); luego les siguieron el 907 y 908. Motores bóxer de ocho cilindros refrigerados por aire, componentes extremadamente ligeros... en poco tiempo, los Porsche comenzaron a copar las primeras posiciones en la pista. En 1967, el 907 ganó por primera vez las 24h de Le Mans. En 1969 llegó el salvaje Porsche 917. Fueron producidos 25 unidades para homologarlo: "El coche más arriesgado de mi vida", llegó a explicar Piëch.

3. El rescate de Volkswagen

En 1992 se convirtió en presidente de Volkswagen. La marca estaba al borde del abismo, pero Piëch instauró jornadas semanales de cuatro días y se ganó la lealtad de sus trabajadores. La productividad aumentó, así como la calidad de los productos: el Volkswagen Passat B5 es un buen ejemplo. Entre 1994 y 2000, los ingresos aumentaron de 40.000 a 84.000 millones de euros, y los beneficios se dispararon de 75 millones ¡a 2.000 millones!

4. Construcción ligera

Su hobby era crear coches y los retos de ingeniería eran sus favoritos. Hacerlos cada vez más ligeros era algo capital para él...y lo consiguió: ¿su solución? La carrocería de aluminio con armazón prensado. El primero fue el Audi A8 de 1994, le siguió el incomprendido Audi A2 de 1999. No ganó dinero con él, pero presentó el futuro de la automoción: ahora todo el mundo sigue sus ideas al pie de la letra.

5. La transformación de Skoda

Volkswagen se hizo con el control de Skoda en 1991, antes de que Piëch fuera presidente del grupo, pero fue él quien tuvo la visión de convertir la marca checa en una alternativa real a otros modelos del grupo. Una especie de Volvo del Este. Consecuente con esta idea, integró la tecnología VW en la gama y permitió a la firma checa, al mismo tiempo, marcar su propia y nueva personalidad. La estrategia tuvo un gran éxito: en 2014, la marca vendió por primera vez más de un millón de coches, cumpliendo uno de los objetivos del Grupo VW. 25 años después es uno de los mayores competidores de la propia VW. ¡Quién lo iba a decir!

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