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Coches 4x4

Prueba Land Rover Defender, nada le detiene

David López

En esta prueba del Land Rover Defender comprobamos como se comporta el 'abuelo' de la marca inglesa justo un año antes de que nos deje.

Si eres de los que busca desafío extremos con un automóvil y quites llegar verdaderamente lejos, entonces pocas opciones te quedan más capaces que esta. Esta prueba del Land Rover Defender es especial por varios motivos: es un che que no se coge todos los días… y en 2015 va a desaparecer. Una pena, porque sigue gozando de una salud envidiable tal y como ha demostrado en nuestro último test. Por supuesto, debes olvidarte de los últimos avances tecnológicos. Por ejemplo, hasta ahora no ha equipado 'airbags', aunque los británicos incluirán en control de estabilidad a partir del modelo de 2015. Y por el ABS hay que pagar 2.107 euros.

Delante te ubicas más hacia la puerta que hacia el habitáculo, como es tradicional en este modelo. Algo que, por otra parte, molesta bastante, ya que al maniobrar te das con la puerta. Y es que el margen de regulación del asiento es testimonial. Eso sí, la unidad probada equipaba dos sensacionales Recaro que no gustarán tanto a los conductores de talla grande. Seas de la altura que se seas, mirarás siempre lo que pasa en la carretera desde muy arriba. Lo mismo vale para las plazas traseras, que disfrutan de unas bonitas vistas siempre y cuando los baches del terreno no te hagan ir botando todo el tiempo.

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Paso a analizar el motor: desde 2012, el Defender está impulsado por el 2,2 litros diésel del Ford Transit. Es muy ruidoso y cuando aceleras parece el gruñido de un rinoceronte, además de ser un tragón de cuidado (12,5 litros). Pero a cambio ofrece una respuesta poderosa desde muy bajas vueltas, lo que resulta ideal para afrontar repechos muy pronunciados. De acuerdo, con sus 2,2 toneladas de peso no es un coche especialmente rápido, y a eso hay que añadir una dirección imprecisa y unas suspensiones que no son capaces de contrarrestar las inercias de la carrocería. Pero no olvidemos una cosa: es un todoterreno puro, de los de verdad.

Y es que el Land Rover Defender, desde que se lanzó en 1948, es un vehículo concebido para salirse del asfalto: con una primera relación cortísima, su reductora, su generosa altura respecto al suelo (21,5 centímetros), su capacidad para cruzar los ejes, su tracción total permanente unida a un diferencial central bloqueable... Muy pocos modelos en el mercado le pueden hacer frente cuando pisa la tierra, que es donde realmente se siente como en casa. Ahí es prácticamente imparable. Esto también vale para otro capítulo (no tan positivo): el de los frenos. Con más de 50 metros de distancia de frenada, se salta todos los estándares de hoy en día.

Siempre se acaba deteniendo, eso sí, pero bastante después de lo que te esperas. Termino con una buena noticia: el precio de reventa del Land Rover Defender es elevado, aunque no es un coche que, comprado nuevo, salga precisamente barato. Lo mejor es que puedes hacerte un Defender a tu medida gracias a su gran cantidad de accesorios y packs.

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