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Prueba

Prueba del Ford Mustang GT Convertible: ¡Descapota Steve!

Prueba Ford Mustang GT Convertible
Nota

8

Un nuevo frontal más elegante, más tecnología y asistentes a la conducción, pero la misma esencia y fuerza de siempre. Este Mustang se pone a la última, pero mantiene su ADN de 'Muscle Car'. Si Steve McQueen levantara la cabeza... ¡Le encantaría!

Es un espectáculo. Una experiencia digna de ser vivida. Ponerse al volante de un Ford Mustang es conducir un pedacito de historia del automóvil, uno de los mayores iconos americanos de los 60. La marca del óvalo ha sabido mantenerlo a lo largo del tiempo para hacerlo llegar al siglo XXI con una tecnología nunca antes vista, pero con los mismos principios que lo han hecho tan mítico. Ponemos a prueba el Ford Mustang GT Convertible.

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Por fuera, lo vas a reconocer enseguida. Delante ofrece un nuevo frontal con una parrilla más ancha y faros con tecnología LED en forma de C. Se ha modificado el diseño del paragolpes, que ahora cuenta con entradas de aire más grandes y prominentes. Y en la zaga te encuentras con un difusor de mayores dimensiones y unas salidas de escape cuádruples, que anticipan lo que se esconde bajo el capó: el mítico motor V8. Por que sí, amigo; llevo debajo de esa enorme chapa gris el bloque más genuino de los que un Mustang puede montar: ocho enormes pistones cuyas detonaciones son las que en unos pocos segundos me van a poner los pelos de punta.

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Pero antes quiero hablarte del interior, un 2+2 plazas en el que te vas a sentir un auténtico privilegiado. Incorpora un cuadro de instrumentos digital con una pantalla de 12 pulgadas de alta definición, que está inspirada en la que lleva el Ford GT y que puede variar su aspecto en función del modo de conducción que hayas elegido. Como reminiscencia al pasado, incluso tienes a tu disposición un indicador horizontal para las revoluciones. Abunda el cuero y la botonera de la consola central casa con unos acabados más que convincentes. No es premium, pero no te vas a quejar. Los grandes butacones delanteros te abrazan para que tu comodidad no se ponga en juego y solo si tienes niños podrás utilizar las dos plazas traseras (los adultos entran con bastante más dificultad). ¿Se me olvida algo? ¡El maletero! Seguro que quieres saber cuánto podrías llevar contigo en una escapada de fin de semana. Pues te va a sorprender, porque el Mustang cubica 332 litros, que no están nada mal. Aunque, eso sí, tendrás que hacer malabares con las maletas para encajarlas, porque las formas son muy irregulares.

Dicho esto, me preparo ya para ponerme en marcha. Hay que dar vida a ese motor V8 para exprimirlo en una ruta que, por supuesto, voy a hacer completamente descapotado. Solo voy a necesitar diez segundos para quedarme a cielo descubierto. El mecanismo funciona así: primero hay que liberar el cierre con una maneta, para después plegarlo totalmente con un botón.  

Y ahora sí, arranco. El sonido no decepciona. Mi sonrisa inicial se convierte en una carcajada al acelerar a fondo. ¡Qué maravilla! El peso de este Mustang sube por encima de los 1.800 kilos, pero semejante cifra queda compensada con un motor que aporta mucho empuje en todo el rango de revoluciones. Tiene una respuesta muy viva. Como es atmosférico, siempre está atento a las reacciones de tu pie derecho y a partir de las 5.000 vueltas da lo mejor de sí mismo, con una intensidad que no decae hasta el corte, por encima de las 7.000. Asociado a este bloque cuento con la nueva caja de cambios automática de 10 velocidades, que no funciona nada mal, pero que no acaba de convencerme del todo (si lo prefieres, existe una transmisión manual de seis marchas que está equipada con una tecnología que acelera el giro del motor automáticamente para igualar las vueltas al reducir).

Analizo la electrónica: este Mustang tiene varias caras, tantas como modos de conducción ofrece: ahora están disponibles dos más que, como los otros, afectan al control de estabilidad, la respuesta del acelerador, el cambio automático, la dirección y el escape. Además de los modos Normal, Sport, Circuito y Nieve/Mojado, se han añadido la posición Circuito de Aceleración y la MyMode, que permite elegir tu propia configuración. Pero, sinceramente, este Ford no es un coche para quemar rueda en un trazado, sino para viajar rápido a cielo abierto. Y eso que no va nada mal cuando se trata de afrontar una carretera revirada. De hecho, es el mejor Mustang que he probado en esas lides. Y es que tiene soluciones que antes eran impensables, aerodinámica incluida... Por ejemplo, el faldón frontal incrementa la carga vertical para ayudar a mantener el eje delantero más sujeto al suelo y crear una mayor estabilidad tanto en recta como en curva. Así, sientes una mayor confianza para atacar las curvas, algo que antes no tenías... Lo dicho: si Steve McQueen levantara la cabeza, le encantaría este Mustang. No es tan genuino, de acuerdo, pero sigue fiel a su ADN, sobre todo con este motor V8 que es una auténtica pasada.

Opinión

¿Es un deportivo puro y duro? Para nada. El hecho de que el Ford Mustang tenga un motor de 450 CV no significa que pueda luchar contra deportivos de verdad como un Porsche 911, por ejemplo. Pero a este 'pony car' eso no le importa. Tiene tanto poder de seducción que no le hace falta ser el más rápido en pista. Un Mustang es un Mustang. Y si, además, es descapotable como esta unidad... doble satisfacción.

Conclusión

Lo mejor

Descapotable, conducción, transmisión y motor V8 5.0

Lo peor

Espacio plazas traseras y formas irregulares del maletero

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