Te cuento la increíble historia de Pegaso, la marca de coches española que todos los famosos querían

Elígenos como tu fuente preferida en Google.
Nacida como una empresa estatal tras la Guerra Civil, estuvo especializada en camiones, pero también creó los deportivos Pegaso Z-102 y Z-103.
La historia del motor española está repleta de nombres. Aunque a día de hoy sean pocas las marcas que quedan vivas, siendo Seat la única generalista y el resto con una presencia mucho menor (aunque relanzamientos como el Ebro quieren cambiar eso), hubo nombres ilustres con una historia interesante que contar, como es el caso de Pegaso.
Para encontrar su origen hay que situarse en la España de la posguerra, puesto que fueron las necesidades del país en ese momento, básicamente transportes resistentes que pudieran lidiar con una red de carreteras que no era precisamente buena, las que fueron el germen de su génesis.
Con el país dentro de una autarquía, en la que se buscaba no depender del exterior, se creó la Empresa Nacional de Autocamiones SA (ENASA), que empezó a operar en 1946 con el objetivo de crear un camión que pesara entre 7 y 8 toneladas.
En un primer momento, Juan Antonio Suanzes, quien fuera director del Instituto Nacional de Industria (INI) pensó en Hispano Suiza, quien había apoyado el alzamiento y había colaborado durante la guerra volcando su actividad en la industria armamentística, consolidándose como un cliente predilecto del estado.
Sin embargo, durante el desarrollo de un motor militar, éste no acabó dando el fruto esperado, lo que hizo que el Gobierno cancelara el encargo y pasara a su plan de reserva.
Éste tenía nombre y apellidos: Wifredo Ricart, un ingeniero catalán que había trabajado en Alfa Romeo y que tenía experiencia con camiones. Tras la Segunda Guerra Mundial se pensó en él para volver a España y ponerse al frente de ENASA, que tendría a Pegaso como marca comercial.
Dicho y hecho, en el mencionado 1946 se estableció la empresa y comenzó a operar en Barcelona, concretamente en la fábrica de La Sagrera.
¿Por qué el nombre de Pegaso? Se tomó del caballo de la mitología griega, al que se veía como una imagen poderosa que simbolizaba tanto la potencia y la ligereza. Sin embargo, hay más: el hecho de que fuera un caballo se debió a la rivalidad de Ricart con Enzo Ferrari, mientras ambos estuvieron en Alfa. Así, Wilfredo quería que fuera más rápido que el de Ferrari.
De esta manera, el propio Ricart ayudó a diseñarlo junto al escultor Gabino Amaya, resultando en el reconocible caballo al galope en vista lateral conocido por todos.
A pesar del nombre y del logotipo, los primeros vehículos que desarrolló la marca distaron mucho de ser ágiles y veloces. La empresa se había constituido para crear camiones pesados y esos fueron sus primeros pasos, que además consistieron en adaptar modelos de Alfa Romeo.

El primero fue el Pegaso 'Mofletes' de 1946, que tenía un peso máximo autorizado, con remolque, de 26.500 kilos. Era capaz de subir pendientes de hasta el 14% y, entre sus particularidades, llevaba el volante en la derecha.
Le siguieron los Pegaso I y Pegaso II, pero no fue hasta más adelante que apareció el primer camión 100% desarrollado por la marca, el Pegaso Z-207 'Barajas'.
Con un peso máximo autorizado de 11.000 kilos, empleaba un motor diésel de aluminio con inyección directa derivado del propulsor Hispano-Suiza 66 y que le permitía superar los 90 km/h de velocidad punta. Fue un éxito comercial, vendiendo casi 4.500 unidades.
Tras él, la marca evolucionó sus productos a lo largo de cuatro décadas, dando a luz a modelos reconocidos como el Comet, una nueva serie con diseño de cabina cuadrada, el Mider o, ya en tiempos más modernos, el reconocible Troner. De hecho, la marca incluso participó en competiciones de raids o el Dakar.
El deportivo más deseado
A pesar de que su actividad estuvo centrada en los vehículos pesados, durante los años 50 la compañía se internó en un terreno desconocido, el de los coches deportivos, con un éxito relativamente notable.
En 1951 vio la luz el Pegaso Z-102, un coche de lujo que buscaba competir con los modelos de Ferrari (aquí se cristalizó la rivalidad de Ricart) y al que más adelante le siguió el Z-103.
Hijo de su época, lucía una carrocería muy elegante de formas redondeadas, con faros redondos, un largo capó, una cabina acristalada y múltiples detalles cromados.
Además de estética, también era codiciado por sus prestaciones. Montaba un motor V8 que desarrollaba hasta 170 CV, lo que hizo que en su día fuera el coche de producción más rápido del mundo, alcanzado hasta 245 km/h.
No es de extrañar que fueran el objeto de deseo de los más pudientes de la época, ni que a día de hoy sean el objetivo de los coleccionistas. Hasta 1957 se fabricaron unas 80 unidades, por lo que son muy exclusivos. Además, dado que lo que se fabricaba era el chasis y luego se carrozaba de múltiples maneras, cada uno es un ejemplar muy especial.
La historia de Pegaso como tal terminó en 1990, cuando ya con unas ventas que iban a la baja, el estado decidió deshacerse de la compañía, que fue adquirida por IVECO.

