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¿Y si le ponemos a un Toyota GT86 el V10 de un BMW M5?

Toyota GT86

Hemos conocido la existencia de uno de los deportivos más extremos que existen en el planeta, que no es otro que un Toyota GT86 destinado al World Time Attack Challenge que bajo su capó esconde un motor V10 como el que utilizada la generación E60 del BMW M5.

Si hay una parte de la automoción que se presta a llevar a cabo las ocurrencias más locas, es la competición. Y si no, solamente hay que mirar lo que ha sucedido con el Toyota GT86 que protagoniza este artículo. Poco, o más bien nada, tiene que ver con el convencional que puedas ver por la calle en tu día a día. Pero es que tampoco tiene comparación con cualquier unidad que haya pisado un circuito hasta ahora. Y es que este Toyota GT86 esconde dentro de sí un secreto con el que pocos chasis podrían.

Después de darse algunos ejemplos verdaderamente increíbles en los que el Toyota GT86 ha visto como se le acoplaban motores de mucha mayor potencia que el suyo original, la gente de Zoom Garage ha rizado el rizo equipando para esta variante del deportivo japonés destinada al World Time Attack Challenge el corazón de un BMW M5 de la generación E60. Eso quiere decir, amigos, que estamos hablando nada más y nada menos que de un propulsor V10 de 5 litros que, para la ocasión, desarrolla una potencia de 527 CV. El aumento de esta cifra respecto a la original se debe, principalmente, a mejoras realizadas sobre la bomba de combustible y los inyectores, además de a la utilización de un carburante especial.

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Otra de las variaciones que presenta este Toyota GT86 con tan malas pulgas lo encontramos en la caja de cambios. Ésta también procede de BMW, pero en este caso de un M3 E92, con sus seis velocidades. También podemos contaros que el motor en cuestión pesa casi 20 kilogramos más que el original, lo que ayuda a que el reparto de pesos del coche sea de 52/48.

Teniendo en cuenta el escaso peso del Toyota GT86, no queremos ni imaginar las sensaciones que producirá al volante este 'engendro'. Desde luego que suena a locura de las buenas. Pero, ¿a quién no le gustaría probarlo aunque fuese una vez en la vida?

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