La R1 era el Honda NSX de las dos ruedas, pero ahora solo es para circuito. Su hueco lo ha llenado la nueva Yamaha R9

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Dentro del mundo de las dos ruedas, como ocurre con los coches, hay modelos y nombres que son míticos. Entre las superdeportivas de primer nivel las japonesas siempre han llevado la voz cantante y uno de sus referentes más radicales siempre ha sido la Yamaha R1. Sin embargo, ésta se ha hecho un lado para dar paso a su sucesora, la Yamaha R9.

No es que la R1 deje de existir, pero sí que va a dejar de venderse para la calle, va a quedar en exclusiva para circuito. Esto, lógicamente, abría un hueco en la gama por encima de la R7, así que la marca del diapasón no ha tardado en reaccionar para rellenarlo.

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Salta a la vista que es digna sucesora, con una estética igual de agresiva y radical, con un frontal que le confiere cierta imagen de insecto gracias a la combinación de la entrada de aire central custodiada por unos grupos ópticos de tamaño mínimo colocados en la parte inferior.

Las aletas con las que se inicia el carenado, la forma de la cúpula y lo estilizado del colín dan buena cuenta del trabajo aerodinámico realizado en el modelo.

Tiene un el chasis desarrollado específicamente para el modelo, hecho de aluminio fundido y que pesa solo 9,7 kg. Esto contribuye a la ligereza de la motocicleta, que orden de marcha, con el depósito de 14 litros lleno, solo pesa 195 kg.

Su motor si que es compartido con sus hermanas, las MT-09 y Tracer 9, pues es el CP3 de 890 cc, un motor tricilíndrico del que no ha querido dar su potencia la marca, pero que debería rondar los 119 CV que rinde en los otros modelos. 

En cuanto al sistema de frenos, emplea unas pinzas monobloque Brembo Stylema de cuatro pistones de 30 mm que muerden unos discos delanteros de 320 mm de diámetro. Por su parte, la suspensión corre a cargo de KYB, con una horquilla delantera invertida de 43 mm y un amortiguador trasero que se puede ajustar en una amplia variedad de parámetros.

Como es el tono general en motocicletas de este calibre, el arsenal tecnológico del que dispone es amplísimo: regulador de deslizamiento trasero (BSR), control de frenado (BC), entrega de potencia (PWR), sistema de control de deslizamiento (SCS), control de tracción (TCS), gestión del freno motor (EBM) y control de elevación de la rueda delantera (LIF). 

Y la cosa no para ahí, puesto que la electrónica también tiene lo suyo. La IMU deriva de la R1 y es capaz de medir la aceleración de adelante a atrás, de arriba a abajo y de izquierda a derecha, además del balanceo y el cabeceo. Además, cuenta con el Yamaha Ride Control (YRC) con tres modos de conducción (Sport, Street y Rain).

La Yamaha R9 llegará al mercado el próximo año en una fecha todavía por confirmar, pero que se espera que sea alrededor de marzo. Por el momento tampoco se sabe su precio, que se dará a conocer durante los próximos meses.

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Mario Herráez

Colaborador

Colaborador redacción motor Auto Bild España