Ante la pregunta a Donald Trump de si va a deportar a Elon Musk por ser sudafricano: "Lo miraré"

Associated Press.

Los círculos políticos y tecnológicos de Estados Unidos vuelven a tambalearse tras declaraciones del presidente. 

Ante la pregunta a Donald Trump de si va a deportar a Elon Musk por ser sudafricano ha dicho: "Lo miraré". Los círculos políticos y tecnológicos de Estados Unidos vuelven a tambalearse tras declaraciones del presidente. Partió de declaraciones hechas durante un encuentro con la prensa, donde Trump dijo esto.

Cuando se le preguntó si deportaría al fundador de Tesla y SpaceX, dijo: “Lo miraré”. Y la insinuación se produjo en un contexto de crecientes tensiones entre Trump y Musk. Son las dos posiciones antagónicas sobre el borrador de ley de gasto republicano, una distancia que ha provocado esto.

Musk criticó el proyecto, argumentando en su red X que el último proyecto de ley del Senado destruirá millones de empleos en Estados Unidos y causará un inmenso impacto estratégico. Por ello, Trump elevó su tono durante una entrevista: “¿Vas a deportar a Elon Musk? Lo miraré”, decía.

Elon Musk confía en su nuevo plan maestro.
Elon Musk confía en su nuevo plan maestro.

La ruptura pública entre dos figuras que alguna vez parecían aliadas es total. Muestra igualmente el contraste entre intereses políticos y corporativos, que pueden tornarse en un conflicto con repercusiones institucionales.

Trump también planteó eliminar los subsidios federales que benefician a las compañías de Musk y revisar sus contratos gubernamentales. “Elon probablemente tendría que cerrar el negocio y volverse a casa a Sudáfrica”, todo si se le quitaban las ayudas que recibe en sus empresas.

Igualmente, se refirió evasivamente a una posible investigación liderada por DOGE, el famoso Departamento de Eficiencia Gubernamental, la agencia que Musk dirigió brevemente. Todo con el fin de auditar sus acuerdos con el gobierno. Un grupo asesor destinado a reducir burocracia que estuvo bajo control parcial de Musk en sus primeros meses.

Trump sugiere ahora reactivar ese mecanismo para examinar de cerca a Tesla y SpaceX. Pero en realidad, la deportación de Musk, quien nació en Sudáfrica, choca frontalmente con la realidad legal. Elon es ciudadano estadounidense y, por tanto, está protegido por la Constitución. 

Recordemos que un informe difundido el 8 de junio por la oficina de la senadora demócrata Elizabeth Warren expone que, durante los primeros 130 días del segundo mandato de Donald Trump, se implementaron más de cien medidas, normativas y acciones que favorecieron los negocios de Elon Musk.

Entonces estaba al frente del Departamento de Eficiencia Gubernamental. Estamos hablando de un documento de catorce páginas basado en fuentes periodísticas, comunicados oficiales y estudios. Según el informe, la combinación de esas medidas habría aumentado el patrimonio de Musk en al menos 100.000 millones de dólares. 

Y sumado a eso, se habrían evitado pasivos empresariales por alrededor de 2.370 millones de dólares. Las medidas favorecieron reducciones de costes, menores cargas regulatorias y aceleración de proyectos clave para sus empresas. Por otro lado, se habla de más de 40 investigaciones federales que habrían sido paralizadas. 

La Oficina de Protección Financiera del Consumidor cerró una investigación tras múltiples quejas relacionadas con Tesla. La popular Comisión de Bolsa y Valores, la conocida, SEC, vio limitada su capacidad investigadora respecto a posibles anuncios engañosos sobre proyectos de conducción autónoma de Tesla. 

Igualmente, la Casa Blanca solicitó un aumento del 13% en el presupuesto del Departamento de Defensa, beneficiando directamente a SpaceX con contratos millonarios. Según el informe, ya se habrían asegurado más de 7.000 millones de dólares en contratos para la compañía. Y diferentes nombramientos facilitaron contratos adicionales para SpaceX relacionados con transporte militar global.

Pero, ¿cuando se torció todo? Los republicanos veían en Elon Musk una figura externa, capaz de introducir reformas disruptivas. Pero no fue así, y con el paso del tiempo se demostró que su estilo contrastaba con la cultura política del Congreso y la Casa Blanca. 

Hasta que llegó la aprobación de un paquete de gasto de 3,8 billones de dólares, impulsado por Trump y sus aliados. Esto fue la gota que faltaba por caer en un vaso rebosante. El mismo Elon Musk había abogado públicamente por una reducción del gasto federal del 20%. 

También sumaba la retirada, por parte de Trump, de la nominación de Jared Isaacman como administrador de la NASA. Hasta entonces había sido una figura influyente, con voto en varias decisiones estratégicas del gobierno. Pero eso se terminó, y todo comenzó a complicarse hasta que Musk dejó la Casa Blanca y comenzaron los mensajes ofensivos en las dos direcciones.

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