Necesito un coche para hacer 100 kilómetros al día. ¿Qué clase de coche debería comprar? ¿Diésel? ¿Gasolina? ¿Otra cosa?

Hoy en día muchos usuarios tienen dudas sobre qué tipo de vehículo debe comprar: gasolina, diésel, híbrido, eléctrico… Vamos a arrojar algo de luz en medio de tanta oscuridad.
Suele decirse que la compra de un automóvil responde a criterios emocionales. Es así en buena medida y es un error. Muchas veces cuando vamos a comprar un coche no tenemos claras cuáles son nuestras verdaderas necesidades y terminamos comprando ‘con los ojos’.
Uno de los puntos más importantes a la hora de elegir un coche es el tipo de motor. Tradicionalmente, la pregunta era: ¿gasolina o diésel? Y la respuesta era relativamente sencilla: si hacías muchos kilómetros, diésel; en caso contrario, gasolina.
Pero el panorama ha cambiado de forma sustancial con la irrupción de la electrificación, tanto parcial como total. Hoy, en el mercado encontramos una amplia variedad mecánicas, con coches de combustión, pero también híbridos (enchufables o no), eléctricos (incluidos de autonomía extendida) y, en menor medida, de hidrógeno.
Esto ha provocado cierta confusión en el consumidor. Confusión que se ha visto incrementada con las diferentes medidas en materia de tráfico que las autoridades han implantado en los últimos tiempos, como las Zonas de Bajas Emisiones, y con decisiones como la prohibición de la UE de los motores de combustión en 2035.
Para arrojar un poco de luz, vamos a poner varios supuestos en los que la gran mayoría del público se va a ver reflejado y, dependiendo de cada caso, diremos qué tipo de coche conviene más.
Qué tipo de propulsión conviene más, según cada caso

Vamos a empezar por lo fácil y dejaremos lo más complicado para el final. Y lo más fácil es la ecuación de toda la vida: muchos kilómetros anuales = diésel; pocos kilómetros = gasolina.
La dificultad aquí está en determinar a partir de qué kilometraje hay que pasar de la gasolina al diésel. Normalmente, a partir de 20.000 kilómetros anuales de media, el motor diésel es la opción más recomendable.
La explicación es sencilla: un motor diésel consume menos que un motor equivalente de gasolina y el litro de gasóleo es más barato que el de gasolina. Al final, el coste por kilómetros es claramente más bajo.
A igualdad de potencia y equipamiento, un coche de gasolina es más barato, pero la diferencia de precio quedará compensada al hacer un uso considerable.

En cambio, no nada recomendable un coche diésel para quien circule la mayor parte del tiempo en ciudad. El coche diésel es para carretera y autovía, es decir, hacer largos trayectos.
Y no son compatibles con la conducción urbana debido a los sistemas que incorpora para reducir las emisiones de dióxido de nitrógeno, como la válvula EGR, el filtro de partículas (esto también los coches de gasolina modernos) y el catalizador SCR con AdBlue.
La cosa se complica con los vehículos electrificados. Aquí tenemos que distinguir entre varios tipos: híbridos, híbridos no enchufables, híbridos ligeros (o microhíbridos) y eléctricos puros.
Coches electrificados

Los vehículos híbridos ligeros no son híbridos en realidad. Son coches de combustión, pero llevan un pequeño motor eléctrico que funciona como generador y motor de arranque, con tecnología de 12 o 48 voltios, según el modelo.
Esta tecnología permite restar algunas décimas en el consumo de combustible y emisiones, pero nada más. Lo interesante es que entra dentro del grupo de vehículos a los que corresponde la etiqueta ECO de la DGT.
Si lo que quieres es este distintivo por miedo a las restricciones en las ZBE, es una opción más económica que un híbrido normal. Lo mismo se puede decir de los coches compatibles con GLP o GNC. En este caso, se benefician de un precio muy bajo del gas, comparado con el diésel y la gasolina.
Para hacernos una idea, en el momento de escribir estas líneas el litro de gasolina 95 se paga a 1,494 euros de media (1,377 euros el litro de gasóleo), frente a los 0,944 euros del GLP.
Nos quedan los híbridos convencionales, los enchufables y los eléctricos. Los híbridos son muy apropiados para quienes utilicen el coche la mayor parte del tiempo en ciudad, porque consiguen consumos realmente bajos, debido al funcionamiento del sistema de propulsión.
Estos vehículos no pueden circular en modo eléctrico más que unos minutos, normalmente unos dos kilómetros, ya que la batería es pequeña. Pero esa batería se recarga durante la conducción, en las frenadas y desaceleraciones, lo que hace que siempre haya un mínimo de energía para activar el motor eléctrico y apoyar al térmico.
Frente a un coche de gasolina, un híbrido es más caro, pero si se utiliza a menudo (sobre todo, en ciudad), esa diferencia de precio quedará amortizada en poco tiempo.
Los híbridos enchufables

Ahora bien, si usas más el coche en ciudad, pero con alguna escapada por carretera y no quieres un eléctrico puro porque son muy caros, por miedo a la autonomía o por no encontrar un cargador, un coche híbrido enchufable es el más adecuado.
Siempre se dice y con acierto que el híbrido enchufable PHEV combina lo mejor de dos mundos, el coche de combustión y el eléctrico. Estos automóviles tienen un motor térmico, generalmente de gasolina, y otro eléctrico más potente, con una batería más grande que los híbridos convencionales.
Este esquema mecánico les permite circular una mayor distancia en modo eléctrico. La mayoría de los modelos disponibles en el mercado homologan una autonomía eléctrica superior a 40 kilómetros, que es el requisito que establece la DGT para conceder la etiqueta CERO, la más ventajosa.

Sin embargo, cada vez hay más coches en el mercado que se acercan a los 100 kilómetros de autonomía e, incluso, rebasan ese umbral. Esto hace que, prácticamente, se puedan utilizar en el día a día como un coche eléctrico, pero también dispone de un motor térmico para salir de viaje.
Además, estos coches se conducen como un eléctrico, tienen un sistema de frenada regenerativa que permite manejarlos con un solo pedal (al levantar el acelerador, el sistema retiene el avance casi como si frenara) y son igual de silenciosos.
Por último, los coches eléctricos son ideales para la ciudad por su facilidad de uso. También son cómodos en autovía, pero están limitados por la autonomía. Pero, como vehículo para circular 100% por núcleos urbanos, es lo mejor.
