El motor de agua está inventado desde hace 50 años, pero aún no lo utiliza ninguna marca

El agua podría ser la alternativa más sostenible y económica a los coches eléctricos, pero ninguna marca quiere producir ningún vehículo.
El aumento del precio del combustible ha llevado a las personas a buscar alternativas con las que alimentar sus vehículos, aunque esta necesidad no es nueva. Arturo Estévez Varela presentó un vehículo que funcionaba solo con agua a comienzos de 1970, incluso tuvo su espacio en los informativos de aquel entonces.
Estévez tenía un secreto. El hombre añadía un suplemento para hacer apto este combustible y durante décadas se ha especulado que podría ser ferrosilicio, aunque ahora se ha confirmado que era boro.
Las leyes de la termodinámica tienen unos principios claros, uno de ellos afirma que no puedes extraer de un sistema más energía de la que ingresas. El proceso para conseguir combustible del agua implica separarla en hidrógeno y oxígeno mediante electrólisis para luego quemar el hidrógeno y generar una corriente eléctrica que hace funcionar el motor.
Este sistema necesita más energía que la que se libera cuando se quema el hidrógeno, además se pierde gran parte debido al calor. Los defensores de los motores de agua aseguran que se puede volver a unir el hidrógeno con el oxígeno para producir agua y volver a sacar el hidrógeno obteniendo una fuente de energía infinita.
La teoría vuelve a tener algunas lagunas: no se puede utilizar la misma energía obtenida del proceso para volver a unir los componentes del agua porque ya se habrían empleado para alimentar el coche.
El hidrógeno no siempre proviene de una fuente limpia
Algunas marcas como Toyota apuestan por los coches de hidrógeno en los últimos años. Este combustible es relativamente sencillo de obtener y no contamina, aunque el gas utilizado en el proceso no siempre es limpio.
El hidrógeno se produce en masa mediante la reacción del vapor con gas natural, principalmente metano. El proceso produce una elevada cantidad de CO2 y da lugar a lo que se conoce como hidrógeno gris. Si el CO2 se captura sin ser liberado, se denomina hidrógeno azul. El hidrógeno verde es el menos contaminante ya que se produce sin que se emita CO2. El biocombustible se obtiene mediante electrólisis y la electricidad utilizada en el proceso proviene de energías renovables.
El hidrógeno ha llegado a prácticamente todos los medios de transporte, desde coches, hasta autobuses, camiones o incluso aviones. Los vehículos de hidrógeno son coches eléctricos que no obtienen electricidad mediante una batería sino gracias a la reacción del hidrógeno con el oxígeno en el motor.
El boro podría cambiar las reglas del juego
La producción de hidrógeno es más costosa que la de gasolina o diésel debido a la necesidad de mantenerlo a una temperatura muy baja aplicando alta presión al gas. El boro reacciona con el agua para producir hidrógeno mediante el calor, así que se ha empezado a experimentar en los vehículos.
Tareq Abu Hamed es ingeniero químico y tuvo la idea de producir hidrógeno directamente en los automóviles para acabar con el problema de almacenar hidrógeno a temperatura ultrabaja. El proceso es peligroso, pero evitaría construir gasoductos tan costosos.
Abu Hamed se propuso comprobar que el boro no solo produce hidrógeno a partir del agua, también se puede retirar del coche y reciclarlo. La ley de la termodinámica vuelve a romperse porque se necesita más energía para convertir el trióxido de boro de nuevo en boro de la que se obtiene.
El precio del boro tampoco lo pone sencillo con 2.500 dólares el kg, unos 2.260 euros. Un coche de hidrógeno consume entre 0,05 y 0,1 kg de hidrógeno por km a un precio de unos 10€/kg de este gas. El vehículo necesitaría 1 kg de boro para recorrer entre 50 y 100 km, así que un viaje de 100 km costaría entre 1.250 y 2.500 euros.
