Equipa un motor V10 de Fórmula 1, exhibe un diseño de los que ya no se crean y presume de 507 CV. Este deportivo marcó una época

Después de dos décadas, BMW recuperó a mediados de los 2000 un espectacular coupé deportivo equipado con un motor V10 de Fórmula 1: el BMW M6 con 507 CV.

A mediados de los 2000, BMW recuperó un coche y una denominación que había tenido en los 80, sólo una generación que no tuvo ningún sucesor. Aparte de un diseño espectacular, tenía un motor V10 de Fórmula 1 con 507 CV.

Suele decirse que las marcas alemanas acostumbran a ser bastante conservadoras, sobre todo, en lo que hace referencia al diseño. Pero BMW se salió de ese redil cuando empezó el nuevo milenio.

El modelo más disruptivo fue la nueva Serie 7 E65/E66 lanzada en 2001, con una estética que rompía completamente con el pasado, obra de Chris Bangle, y que chocaba con lo que es habitual en un gran sedán de lujo, que suelen ser más bien discretos.

Luego le siguió la Serie 5 E60, menos llamativo que la Serie 7, pero también muy diferente a la generación anterior (E39). Sobre la base de la Serie 5, BMW desarrolló la Serie 6, un coupé grande que compartía elementos con la berlina y que estuvo disponible tanto con carrocería cerrada como descapotable.

BMW M6, un espectacular coupé con motor V10 de Fórmula 1

No es ninguna exageración decir que el BMW M6 montaba un motor de Fórmula 1. Era el mismo motor del M5 E60. Se trata del propulsor FW25 procedente del equipo BMW Williams F1 que pilotaron Mark Webber y Nick Heidfeld.

Por supuesto, el motor del M6 no entregaba los 960 CV que tenía el monoplaza, ni giraba hasta las 20.000 vueltas. Pero sí que erogaba una destacadísima potencia de 507 CV a 7.750 rpm y 520 Nm de par.

El motor, con código S85, tenía el corte de inyección en las 8.250 rpm y estaba conectado a una caja de cambios semiautomática SMG III con siete velocidades. No era el punto fuerte de este BMW M6.

En aquella época, ya estaba en el mercado la transmisión automática de doble embrague DSG de Volkswagen, con un funcionamiento óptimo, y había otros fabricantes desarrollando la suya, como Porsche con la PDK que llegaría después.

Funcionando en modo automático, la caja SMG no subía de marcha cuando llegaba al límite de giro ni tampoco bajaba al pisar el pedal del acelerador a fondo, yendo a baja velocidad. En modo secuencial, sólo subía a una marcha más larga al llegar al régimen máximo si se activa el modo Launch Control.

Comparado con su hermano M5, el M6 tardaba un segundo menos en alcanzar los 100 km/h (4,6 segundos frente a 4,7 de la berlina) y tenía un centro de gravedad un poco más bajo. La velocidad máxima estaba igualmente limitada electrónicamente a 250 km/h. No obstante, si se montaba el paquete M Driver, podía llegar a los 305 km/h.

Este paquete incluía la función MDrive que se activa desde el botón ‘M’ en el volante. Al hacerlo, se modificaban automáticamente diferentes parámetros, como la máxima potencia, la máxima dureza de la suspensión y la máxima rapidez posible del cambio de marchas. Igualmente, el control de estabilidad era menos intrusivo.

Un sonido de esos que cautivan

El motor tenía una particularidad. Declaraba una potencia de 507 CV, pero esa potencia no estaba disponible desde el principio. Inicialmente, entregaba 400 CV y, para obtener los 107 restantes, había que pulsar un botón.

Según explicaba BMW en su momento, de esta forma se podía regular la potencia del motor y manejar más fácilmente el coche en situaciones de tráfico, circulación en ciudad o a la hora de aparcar. Además, permitía reducir las emisiones.

Con toda la caballería disponible, el V10 del BMW M6 era un motor de esos que hay que llevar a un alto régimen de giro para sentir los 507 CV, como es habitual en los atmosféricos, lo cual exigía utilizar con frecuencia el cambio de marchas. No era un coche para ir con marchas largas.

Ganaba velocidad con mucha facilidad, aunque no lo parecía, debido al buen aislamiento del habitáculo. No obstante, el aumento de velocidad era muy progresivo, no empujaba con la fuerza de otros coches de la época con un planteamiento más deportivo, incluso, con menos potencia, como el Mercedes CL 600, su rival directo, que tenía 500 CV pero con un V12 biturbo.

Eso sí, el sonido del V10 era mucho más cautivador. De este coche también podemos decir que su tecnología iba acorde con su propulsor, de tal manera que montaba el Launch Control y disponía de hasta 11 programas para la caja de cambios automática.

Aunque el BMW M6 se basaba en el M5, tenía un precio mucho más caro. Costaba 115.300 euros, unos 20.000 euros más que la berlina.

Otros artículos interesantes:

Álvaro Escobar

Colaborador

Colaborador redacción motor Auto Bild España