Durante años los veíamos como un atraso, pero ahora los frenos de tambor podrían ponerse de moda de nuevo por cosas como la Euro 7

Aunque los frenos de tambor llevan años en desuso (con algunas excepciones), la norma de emisiones Euro 7 podría acabar trayéndolos de vuelta a la vida.

Hace décadas que la tecnología de frenado de los coches experimentó todo un salto en cuanto a prestaciones, rendimiento y seguridad cunado los tradicionales tambores fueron reemplazados poco a poco por los más eficaces frenos de disco. Durante muchos años han sido el sistema dominante en la industria automotriz, pero la norma Euro 7 podría revertir esta tendencia y volver a mirar al pasado.

Los frenos de tambor fueron la norma durante muchas décadas. De hecho, no sería hasta el año 1955 cuando se presentó el primer coche de producción en masa con discos de freno en lugar de tambores. Ese honor corresponde al Citroën DS, un coche en cierta medida adelantado a su tiempo que sentó las bases para un importante cambio en materia de frenado en el sector.

Ambos sistemas, el de tambor y el de disco, están diseñados con un mismo objetivo: frenar un vehículo. Sin embargo, estas tecnologías no ofrecen el mismo desempeño, algo que provocó que en la década de 1960 cada vez más fabricantes reemplazaron el sistema tradicional por los discos mordidos por pinzas hidráulicas donde se incluye pastillas de freno.

La razón principal es el sobrecalentamiento. Los tambores, que funcionan empujando unas zapatas contra la parte interior de un tambor sólido, tienden a acumular exceso de temperatura cuando son sometidos a un uso intensivo y prolongado. Esto provoca una reducción de la eficiencia de frenado, lo que puede ser contraproducente en materia de seguridad.

Por eso, y por que el rendimiento de frenado era superior, los discos reemplazaron a los tambores hace ya varias décadas. Al menos en el eje delantero de los coches, ya que algunos modelos de bajo coste, normalmente versiones de acceso a gama con motores menos potentes, siguen equipando tambores en el tren trasero.

La norma Euro 7 podría devolver los frenos de tambor a la industria

No obstante, la llegada de la normativa de emisiones Euro 7 a partir de noviembre de 2026 podría cambiar la tendencia en el mundo de los frenos de automóvil para siempre. Y todo se debe a las cada vez más exigentes normas anticontaminación que introducen estos reglamentos en la industria del automóvil.

La Euro 7 no solo conllevará una rebaja en los límites de emisiones de gases de escape permitidos en los coches con motor de combustión, sino que también pondrá el foco en otro tipo de emisiones como es el conocido polvo de freno. 

Este polvo proviene de los frenos, concretamente de la fricción entre las pastillas y los discos al frenar. Esta fricción genera un residuo fino compuesto por restos de metales pesados y fibras que son perjudiciales para la salud. Su inhalación provoca inflamación pulmonar, riesgo de infecciones e incluso enfermedades crónicas como la enfermedad pulmonar obstructiva crónica.

Por tanto, la nueva norma Euro 7 va a reducir el límite actual de 7 mg/km de polvo de freno a 3 mg/km para el año 2035. Este nuevo límite pone en jaque a la industria del automóvil, que empieza a contemplar con cada vez más interés el regreso de los frenos de tambor.

El motivo no es otro que el mismo por el que fueron desechados hace más de medio siglo. Al tratarse de un compartimento hermético, gran parte del polvo de freno generado por la fricción entre zapatas y tambor se queda en su interior. Por tanto, no acaba en el ambiente y tampoco manchará las llantas de tu coche.

El freno regenerativo en los coches electrificados

Esta decisión cobra aún más sentido con la llegada del coche eléctrico y la popularización de los coches híbridos. Este tipo de vehículos están equipados con sistemas de frenada regenerativa donde el motor eléctrico se encarga ofrecer resistencia al avance, aprovechando ese movimiento que retiene para generar electricidad que recarga la batería. 

Además de aumentar la autonomía por carga, también reduce el uso de los frenos, lo que conlleva un ahorro en costes de mantenimiento y en repuestos. Por tanto, la frenada regenerativa de los coches eléctricos podría convertirse en la razón por la que este tipo de vehículos acaben contando con frenos de tambor en sus ruedas, a pesar de que son coches más potentes que muchos de combustión.

Algunas de las otras soluciones que contemplan los fabricantes es aplicar un recubrimiento en los discos de freno de acero o cambiar a pastillas de freno de menor desgaste con discos de carbono, aunque esta es la opción menos viable debido al altos coste que tienen este tipo de equipos de freno, mucho más orientados al mundo de la alta competición.

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Aarón Pérez

Colaborador

Colaborador redacción motor Auto Bild España