¿Que BYD tiene un deportivo que salta? No lo vimos en los Simpson, sino en un Lexus hace dos décadas

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El BYD Yangwang U9 es capaz de saltar, pero, aunque su tecnología sorprende, en 2004 una compañía especializada en equipos de sonido hizo lo mismo.
Las marcas de coches chinos llegan pisando fuerte. Su desembarco en Europa está siendo continuado y, por el momento, parecen estar apoyándose en dos pilares principalmente: los coches baratos y los coches eléctricos. BYD es una de las que apuesta por esta segunda vía, pero en el último año ha sorprendido separándose de su línea habitual con un coche que salta.
Por raro que suene, es una realidad. Se trata del Yangwang U9, un superdeportivo de cero emisiones que a priori llama la atención por su imagen, en segunda instancia deslumbra por su hoja técnica (cuatro motores y 1.300 CV de potencia) pero que en realidad resulta innovador por que es capaz de saltar.
El modelo chino cuenta con un conjunto de tecnologías agrupadas en el Disus-X y que le permiten tanto controlar el movimiento de la carrocería como de su amortiguación, de una manera tan avanzada que puede comprimir los muelles y soltarlos de manera simultánea, algo con lo que el vehículo se despega del suelo.
Esta habilidad ya se mostró en estático, haciendo que el coche en cierta manera “bailara”, de una manera muy similar a como lo hacen los ‘low riders’ tuneados con suspensión neumática, pero hace poco la firma asiática fue un paso más allá y demostró la utilidad de este sistema mientras se estaba circulando.
La compañía puso al Yangwang U9 frente a una recta con el objetivo de alcanzar los 120 km/h pero, como simplemente lidiando con las irregularidades del terreno no podría demostrar el potencial de su tecnología, decidió colocar algunos obstáculos con los que cualquier otro coche no podría lidiar.
Así, la pista quedó configurada de la siguiente manera:
Lo primero es un agujero en el suelo que, aunque no parece especialmente profundo, si tiene suficiente profundidad como para dañar un coche que circule a esa velocidad. Para más inri, tiene una longitud de 2,5 metros. Sin embargo, sumando velocidad y el salto que da, el U9 cubre 6 metros en el aire, solventado el reto sin problema.
Más adelante le espera otro desafío: para probar que no solo puede con obstáculos “hacia abajo”, en esta ocasión por el carril se extiende una maraña de pinchos que cubre 4 metros de largo y se alzan hasta 3,5 centímetros. De nuevo el deportivo lo solventa sin despeinarse.
A todas luces se trata de una tecnología digna de aplauso, espectacular e interesante (aunque está por ver que tipo de aplicación práctica le darán los conductores en situaciones de conducción real). Sin embargo, no es tan innovadora como se podría pensar, puesto que ya vimos algo muy similar hace nada menos que dos décadas.
El coche en el que se presentó fue un Lexus, pero en realidad la marca el modelo no tiene mucha importancia, puesto que se trataba de un proyecto llevado a cabo por Bose, la compañía de sistemas de sonido, que entre 1980 y 2004 trabajó en secreto en el ‘Project Sound’.
A pesar de su nombre, el objetivo era el de crear un sistema de suspensión muy avanzado para vehículos premium y de lujo, que contaba con motores electromagnéticos avanzados accionados por amplificadores de potencia e interruptores.
El resultado era que la suspensión podía adaptarse a las condiciones de la carretera, suavizando cualquier tipo de irregularidad en el terreno. Para demostrarlo, sometió a dos Lexus LS, un con el sistema y otro sin él, a las mismas pruebas y grabó los resultados, que no pudieron ser más llamativos:
Ya en el primer test se puede apreciar como se reduce significativamente el balanceo de la carrocería, en el segundo se ve lo mismo, así como la pérdida de control, al realizar un eslalon; y en el tercero la facilidad con la que filtra baches irregulares de manera independiente en cada rueda.
Sin embargo, dejaba para el final la bomba: el sistema podía hacer que el coche saltara. Colocando un pequeño resalto en la carretera, la suspensión permitía superarla sin ningún problema, levantando el eje que estaba a punto de pasar por él justo antes de que llegara.
Eso sí, en lo que el viejo Lexus no gana al BYD es que al volante de aquel había un hombre, mientras que el chino dispone de tecnología de conducción autónoma, por lo que realizó su llamativa demostración completamente solo, sin ningún ser humano a los mandos.
