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50 años de la victoria de Mini en el Rally de Montecarlo

Rodrigo Fersainz

02/22/2014 - 23:08

Se cumplen 50 años de la victoria de Mini en el Rally de Montecarlo. Esta vez, el mundo se rindió ante uno de los utilitarios más emblemáticos, y no por su manejabilidad contra el tráfico de la ciudad, sino por sus cualidades deportivas en una de las pruebas más exigentes.

Alec Issigonis había dado la campanada en 1959 por haber creado un revolucionario modelo que entraría de cabeza en la historia del automóvil desde su nacimiento: el Mini. Con el pequeño utilitario inglés, su creador había demostrado lo que un día escenificó, moviendo las sillas de un restaurante ante sus acompañantes, que en poco más de tres metros de largo y menos de metro y medio de ancho, podían viajar cómodamente cuatro adultos. Pero ese solo sería el comienzo de la leyenda, pues sus características técnicas darían mucho de sí, especialmente hace 50 años, en el Rally de Montecarlo.

Y es que John Cooper pronto vería las posibilidades de aquel cubo con ruedas para exprimir sus prestaciones, con las bendiciones de la British Motor Corporation (BMC). En el circuito de Silverstone, al norte de Londres, contaría con algunos de los pilo- tos más famosos de la época -como Graham Hill, Jack Brabham o Jim Clark- para convertir el urbanita en un auténtico bólido.

Otra corredora mucho menos conocida, Patt Moss, hermana de un tal Stirling, sería pionera en conducir al Mini hasta la victoria en el Rally Tulip y en el Rally Baden-Baden en 1962. Pero había que buscar algo con mucha más repercusión, algo que tuviera mayor proyección internacional, algo en lo que probar de verdad las bondades del coche. Y así, nació la aventura de Montecarlo.

Y el Mini se hizo gigante

El Rally de Montecarlo venía celebrándose desde 1911 de forma discontinua. Tras el parón entre 1939 y 1949 provocado por la II Guerra Mundial, fue consolidándose en el calendario y su nuevo formato de tramos cronometrados lo convirtió en referencia. Además, vehículos de diferentes tamaños y prestaciones podían correr a la vez, lo que le daba un aliciente extra para

el aficionado. Otro de sus puntos fuertes fue el recorrido, que en 1964 iba a contar con tramos cronometrados diurnos y nocturnos, por la montaña y por la capital del Principado.

El equipo BMC acudía a la cita con tres Mini Cooper S, dotados de un modesto motor de 1.071 cc al que se le había podido extraer 90 CV, todo un logro para ese pequeño bloque de cuatro cilindros en línea, pero una broma contra los Mercedes 300 SE de seis cilindros o los Ford Falcon V8 de la competencia, por ejemplo. A los mandos, Patrick -'Paddy'- Hopkirk, Timo Mäkinen y Rauno Aaltonen (coincidimos con Aaltonen en el Rally Hamburgo-Berlín 2011, que saldrían con sus copilotos desde Minsk (Bielorrusia), París y Oslo, respectivamente.

Ese año había nevado bastante, por lo que el equipo se había esmerado en entrenar y en preparar el coche para esas circunstancias. En estas tareas, bajando y subiendo carreteras muy viradas, pronto se dieron cuenta de que el Mini era especialmente ágil en los descensos.

Ya en carrera, esta circunstancia fue decisiva: con una correcta elección de neumáticos, Hopkirk empezó a ver cómo su bólido se desenvolvía en el Col de Turini (a 1.607 metros sobre el nivel del mar) mejor que bien, y cómo su pequeño tracción delantera plantaba cara a otros coches de mayor tamaño. Para colmo de bienes, aquel diablo rojo y negro con el número 37 supo escurrirse como nadie en el a lo largo del penúltimo stage, y su piloto, administrar la ventaja que iba obteniendo en las zonas más reviradas hasta cruzar la meta primero y con 17 segundos de ventaja sobre el Ford Falcon de Bo Ljungfeldt.

No fue casualidad

Fue la reedición sobre ruedas de David y Goliat, lo de hace 50 años con aquella victoria de Mini en el Rally de Montecarlo, el triunfo del pequeño matagigantes inglés, que se hacía invencible en tierras galas, uno de los mayores rompeapuestas que haya conocido la historia más reciente. A los Tres Mosqueteros aquel rally les supo a victoria, aunque Mäkinen y Aaltonen solo consiguieran la cuarta y la séptima plaza. Entre las felicitaciones, Hopkirk recibió la del Gobierno británico, e incluso Los Beatles le mandaron un cariñoso telegrama y una foto firmada por los cuatro en el que ponía “Ahora eres uno de los nuestros, Paddy”.

Sin embargo, durante las siguientes ediciones se demostraría que esta gesta no fue fruto de la casualidad, sino de que los Mini Cooper eran coches verdaderamente competitivos. En 1965, el Mini contaba con un motor de 1.275 cc para revalidar el título. Las condiciones de la pista se complicaron por el hielo y la nieve, pero los organizadores decidieron continuar y hacer hasta un segundo stage nocturno. Mäkinen se hizo con la victoria.

En 1966, los tres Mini dieron un recital y coparon el podio... hasta que los descalificaron por irregularidades en la instalación de los focos, así que la victoria se la llevó Pauli Tivonen, con su Citroën. El año de la reconquista fue 1967: en esta ocasión, fue Aaltonen quien ganó, y lo hizo con Liddon como copiloto –el ex de Hopkirk, campeón con él en el 64-, un “fuera de serie”, según el propio Paddy.

Los Mini no brillarían más en los Rallys hasta el lejano 2011, bajo el sello de BMW. Pero ya no era el clásico urbanita, sino el Mini John Cooper Works WRC Y luego, este modelo acabaría lu- ciéndose en el Dakar americano, a los mandos de Peterhansel, Al- Attiyah y el último campeón, del Rally Dakar 2014, el español Joan 'Nani' Roma, el pasado enero.

La magia de Cooper


Alec Issigonis en los 60 era el director técnico adjunto de la BMC, y, desde el principio, demostró su olfato para las carreras. El preparador John Cooper hizo el resto, con un coche cuyas características técnicas de base fueron muy propicias para el éxito, aunque el Mini de producción solo contara con 34 CV de como punto de partida.

Las claves del Mini para ganar Montecarlo fueron su ligereza y agilidad, gracias a su tracción delantera, su motor de cuatro cilindros delantero y trasversal, sus reducidas dimensiones, un centro de gravedad bajo y una suspensión firme de poco recorrido. El conjunto: un coche muy competitivo.

Y Hopkirk se enteró por la prensa

“Fuimos afortunados, el coche era bueno, todo sucedió cuando debía y nosotros llegamos en el momento oportuno”, relata Hopkirk a sus 80 años: “Las características del Mini supusieron una gran ventaja en aquellas carreteras [...] Entonces, en los rallys, tú no sabías en qué posición estabas. Cuando terminamos, los periodistas me dijeron que había ganado y no me lo creía. Fue una sorpresa para todo el mundo, pero también para nosotros”.


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Rodrigo Fersainz

Redactor jefe de Reportajes, Competición y Motos

Coches, motos, lavadoras, marcapasos... Pruebo todo lo que pase por mis manos ¡y siempre, a la carrera!

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