Radares de tramo en España, la DGT casi los ha doblado en 2026, pero esconden un punto débil que no multa

Elígenos como tu fuente preferida en Google.
Los radares de tramo en España que la DGT ha añadido a su arsenal son sistemas bastante eficaces a la hora de cazar excesos de velocidad. Sin embargo, no son del todo infalibles y hay un punto débil con el que puedes evitar una denuncia.
En España hay un total de 295 radares de tramo operativos, incluyendo los que utiliza la Dirección General de Tráfico (DGT), el Servei Català de Trànsit y Trafikoa. Sin embargo, este número era menor en 2025, cuando se contabilizaban menos de 200 de estos dispositivos en servicio. Evitar ser cazado por estos cinemómetros es cada vez más difícil, sobre todo si no respetas el límite de velocidad en el tramo que controla, pero todos ellos cuentan con un punto débil que te permitirá esquivar la multa incluso si duplicas el máximo permitido en la vía.
Resulta que a la ya amplia dotación de radares fijos y móviles de los que dispone Tráfico, en 2026 el organismo dirigido por Pere Navarro ha añadido 122 nuevos cinemómetros de tramo para reforzar la vigilancia en aquellas carreteras donde se registra una alta siniestralidad. La efectividad de estas cámaras de velocidad, al acabar con el denominado ‘efecto frenazo’ ha llevado a la DGT a hacer una gran apuesta por ellos en 2026.
Eso sí, incluso en un sistema que se presume infalible contra los excesos de velocidad en la carretera, existe un punto débil que puede ahorrarte una multa. Pero antes de hablar de cómo burlar la vigilancia de los radares de tramo, expliquemos cómo funciona esta tecnología.
¿Cómo funcionan los radares de tramo de la DGT?
Los radares de tramo son un sistema de control de velocidad que permite comprobar a qué velocidad media circula un vehículo durante un recorrido concreto, algunos de unos cientos de metros y otros con una extensión que incluye varios kilómetros. A diferencia de los radares fijos convencionales, que miden la velocidad en un punto concreto, estos dispositivos calculan el tiempo que tarda cada coche en recorrer una distancia determinada comprobando así si ha respetado el límite de la vía.
Este tipo de cinemómetros basan su funcionamiento en un sistema de cámaras de visión artificial instaladas al principio y al final del tramo de medición. Estos equipos incorporan tecnología de reconocimiento automático de matrículas, que permite identificar cada vehículo cuando entra y sale de la zona vigilada. Además, disponen infrarrojos para funcionar también durante la noche y en condiciones de baja luminosidad.
Cuando un coche pasa frente a un radar de tramo, el sistema activa las cámaras que se encargan de registrar la matrícula y la hora exacta. Sus relojes están sincronizados mediante sistemas GPS, lo que permite medir con precisión el tiempo transcurrido entre ambos puntos. A partir de ese dato y de la distancia previamente establecida, un ordenador calcula la velocidad media del vehículo. Por ejemplo, si un coche recorre diez kilómetros en cinco minutos, su velocidad media durante ese trayecto habrá sido de 120 km/h.
Cuando el sistema detecta que la velocidad media supera el límite permitido, genera un registro con las imágenes del vehículo y los datos necesarios para acreditar la posible infracción. La información se envía al Centro de Tratamiento de Denuncias Automatizadas de la DGT, donde se somete a comprobaciones, tanto automáticas como manuales. Entre ellas se encuentran la correcta identificación de la matrícula, la calidad de las imágenes, el funcionamiento del equipo y la validez de sus certificados metrológicos. Si se cumplen los requisitos exigidos, se tramita la denuncia.
Los radares de tramo están señalizados con antelación y pueden instalarse en autopistas, autovías y carreteras convencionales. Su objetivo, según explica Tráfico, es conseguir que los conductores respeten la velocidad máxima durante todo el recorrido, en lugar de reducirla únicamente al aproximarse al radar para, una vez superado, volver a acelerar.
El punto débil de los radares de tramo
Ya sabemos que los radares de tramo miden el tiempo que tarda un vehículo en recorrer la distancia que separa la primera cámara de la segunda, es decir, el principio y el final del tramo controlado. También sabemos que hay muchos radares que son especialmente largos. De hecho, el que tiene la mayor extensión del país se encuentra en la carretera CL-615 en Palencia, con nada menos que 32 kilómetros.
Si tu ruta pasa exactamente por la totalidad de kilómetros controlados por un radar de tramo, no queda otra que respetar el límite de velocidad establecido en esa carretera para evitar acabar con una multa. Pero si te desvías antes de pasar por la segunda cámara, la del final del tramo, la medición no tiene efecto y, por tanto, si circulabas a más velocidad de la permitida no te van a denunciar.
Y ese es precisamente el punto débil de los radares de tramo. Basta con desviarse del tramo que controlan estos cinemómetros para que la medición no sirva de nada. Si sales de la carretera o te desvías por otra vía, el segundo radar nunca va a parar el cronómetro. Y si te paras, por ejemplo, en una gasolinera, pasará tiempo de sobra para que el radar no te acabe cazando, independientemente de la velocidad a la que circules.
Multas de los radares de tramo en España
Las sanciones por exceso de velocidad en los radares de tramo son las mismas que se aplican cuando la infracción se detecta con un radar fijo o móvil. La cuantía depende de cuánto se supere el límite de la vía, por lo que oscila entre 100 y 600 euros, además de conllevar la pérdida de hasta 6 puntos del carné de conducir.
Las infracciones más leves por exceso de velocidad se castigan con 100 euros (50 euros por pronto pago) y no restan puntos. Cuando la velocidad registrada aumenta, las sanciones pasan a ser de 300 euros y 2 puntos; 400 euros y 4 puntos; 500 euros y 6 puntos. Y en el caso de los excesos más elevados, 600 euros y 6 puntos.
En los casos más graves, superar en más de 60 km/h el límite en una vía urbana o en más de 80 km/h el de una vía interurbana puede constituir un delito contra la seguridad vial, con consecuencias penales que incluyen la retirada del carné de conducir de 1 a 4 años, prisión de 3 a 6 meses, multa de 6 a 12 meses o trabajos en beneficio de la comunidad de 31 a 90 días, según el artículo 379.1 del Código Penal.
