El precio del petróleo se desploma un 20% pero no se refleja en la gasolina. Los expertos hablan de "supersobreoferta" y hay un motivo para ello

Desde el verano, el precio del crudo ha caído considerablemente, pero los combustibles apenas se inmutan. El motivo está en el refino y Europa es el epicentro del problema.
A principios del verano, el diésel subió, coincidiendo con la primera operación salida de las vacaciones. Lo de siempre cada verano. También lo hizo la gasolina, aunque un poco menos. Desde entonces, ambos combustibles se han mantenido, más o menos, igual. Sin embargo, el precio del petróleo se ha desplomado un 20%.
Que el precio del crudo caiga y no se refleje en los surtidores es algo que no nos va a sorprender ahora. Seguramente, ya estés pensando que es culpa de las petroleras y todos los agentes que participan en la cadena de suministro. Algo de eso hay siempre, pero no es el principal motivo.
El precio del petróleo ha caído bruscamente desde el pasado verano, nada menos que un 20%, si bien en las últimas horas ha repuntado como consecuencia de la crisis en el Caribe, tras el “bloqueo total de los petroleros sancionados” que entren y salgan de Venezuela decretado por el presidente de los Estados Unidos, Donald Trump.
Aun así, el barril de Brent (la referencia para fijar el precio en Europa y a nivel mundial, junto con el WTI de Estados Unidos y Dubái-Omán en Asia), bajó de los 60 dólares y rozó el nivel mínimo anual. En estos momentos está en 60 dólares.
El precio del petróleo cae porque hay “supersobreoferta”

Tal y como explica el compañero Vicente Nieves en El Economista, hay exceso de petróleo, hasta el punto de que la Agencia Internacional de la Energía (AIE) y algunos expertos hablan de “supersobreoferta”, un palabro que nos ayuda a comprender que hay crudo por todas partes.
De hecho, se prevé que en los dos primeros trimestres de 2026 sobren cuatro millones de barriles de petróleo al día. O lo que es lo mismo, la oferta superará en cuatro millones de barriles a la demanda.
Esta situación se debe, en parte, a la decisión de la OPEP+ (los países productores liderados por Arabia Saudí más Rusia) hace unos meses de aumentar la producción de crudo, tal y como acordó con el presidente Trump.
Pero hay otro factor que explica la caída del precio del petróleo sin que ello se vea reflejado en las gasolineras. Y no es porque éstas quieran ampliar su margen de beneficio, sino porque no hay refinerías suficientes para satisfacer la oferta de oro negro.
Según explica el diario económico, el sector apenas ha crecido y no tiene capacidad para refinar tanto petróleo, de modo que la caída de precios no se va a trasladar íntegramente a los combustibles.
Por su parte, John Evans, analista de PVM Oil Associates, asegura que "es poco probable que las crecientes diferencias entre los precios del crudo y los precios de los productos se alivien por el momento".
E insiste: "Se trata de un problema de refino y uno que persistirá en el futuro previsible, a menos que se construyan nuevas plantas en las economías occidentales, algo muy improbable".
Cuello de botella

Es un cuello de botella que provoca un escenario paradójico: el petróleo se desploma, mientras el precio de la gasolina apenas se inmuta.
En su último informe mensual, la AIE explica que “as sanciones del primer trimestre de 2026 plantearán nuevos desafíos. El marcado contraste entre el aumento de la oferta de crudo y la inesperada escasez en el mercado de productos refinados ha devuelto los márgenes de las refinerías a niveles no vistos desde la invasión rusa de Ucrania".
La pregunta aquí es: ¿por qué no hay refinerías y por qué el sector no ha crecido? Pues por las políticas ecologistas en Europa en los últimos años para avanzar hacia un mundo con menos hidrocarburos.
El problema podría agravarse por la pausa en las compras por parte de las refinerías independientes chinas, ante el agotamiento de las cuotas de importación.
Tensión extrema por las sanciones a Rusia

La AIE, que depende de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE), explica que con "las interrupciones en las refinerías y las inminentes restricciones de la UE a las importaciones de productos derivados del crudo ruso han impulsado las fracturas de producto y los márgenes de refinación a máximos de tres años en noviembre”.
Asimismo, asegura que “aunque los mercados de crudo y LGN (Gas Natural Licuado) se mantienen bien abastecidos, la limitada capacidad de refino disponible fuera de China para procesarlo implica que es posible que los mercados paralelos persistan durante algún tiempo".
El organismo lanza una advertencia: el mercado mundial de productos refinados se acerca a una fase de tensión extrema, debido a que el sector deberá afrontar el impacto de la prohibición que la Unión Europea aplicará a los combustibles procesados con crudo ruso a partir de mediados de enero.
Esto provocará efectos severos en Europa, especialmente, en las importaciones de diésel y queroseno “justo cuando arranca la temporada alta de invierno", según la AIE.
El informe del organismo destaca la creciente desconexión entre una oferta de crudo en expansión y unos mercados de productos sorprendentemente estrechos. En consecuencia, este desajuste ha devuelto la rentabilidad del refino "a niveles no vistos desde el inmediato estallido de la guerra en Ucrania".
A esta tensión contribuye el endurecimiento de las sanciones de Bruselas a las exportaciones rusas, que en noviembre "apretaron aún más los mercados de productos y elevaron los márgenes", complicando el acceso a diésel y queroseno, en un contexto de demanda estacionalmente fuerte.
El epicentro está en Europa

El epicentro de esta situación no hay que buscarlo en otra región del planeta que en Europa. El motivo es que Europa corta lazos con Rusia y prohíbe combustibles derivados del crudo ruso. Pero este flujo representaba una parte relevante del equilibrio regional.
Ahora, el continente va a sustituir el flujo ruso por otro que vendrá desde más lejos. Concretamente, va a depender cada vez más de cargamentos procedentes de Oriente Próximo y Asia, según la AIE que, además, advierte que "serán necesarios diferenciales de arbitraje más altos" para atraer esos barriles adicionales.
Como ya podrás imaginar, esto se traduce en costes más elevados, mayor competencia por los suministros y un riesgo real de cuellos de botella, si el mercado global no redirige suficiente producto hacia Europa.
