Niño Becerra, sin pelos en la lengua sobre el estado de la AP-7: "Día sí y dia también. Desastres continuados"

El economista Niño Becerra, indignado por la situación en la AP-7, apunta directamente a la liberalización de la autopista como causante de su alta siniestralidad.
El catedrático en economía Santiago Niño Becerra ha vuelto a levantar la voz ante una situación que, según él, ya ha llegado al límite. La dramática siniestralidad y la inseguridad de la autopista AP-7, especialmente en su tramo sur, en Cataluña, ha provocado ya numerosos accidentes de tráfico este año tras su liberalización.
En sus redes sociales, Niño Becerra ha definido el panorama con dureza: “Día sí y día también. Desastres continuados”. Con esa frase, lanza una alerta sobre un problema que, afirman autoridades y usuarios, ha empeorado desde que la vía dejó de ser de peaje en 2021.
La AP-7 se ha convertido durante 2025 en una de las arterias con mayor densidad de tráfico de mercancías en España. En algunos de sus tramos circulan cada día entre 10.000 y 12.000 camiones, lo que multiplica exponencialmente el riesgo. Según los datos recientes, en lo que va de año ya han fallecido 10 camioneros en esa vía.
Niño Becerra apunta directamente a la eliminación de los peajes
Ese tráfico intenso, sumado al incremento en circulación desde la liberalización de la autopista, según Niño Becerra, podría haber alterado de forma peligrosa la idoneidad de la vía para soportar un volumen tan elevado de vehículos pesados.
“Cuando esta vía era de peaje, esta catarata de desastres continuados no se producía”, afirma el economista, sugiriendo que la eliminación de barreras de peaje ha incentivado un uso masivo sin el correspondiente refuerzo en mantenimiento, seguridad o revisión técnica.
Ante semejante panorama, algunos organismos ya han reaccionado con medidas de urgencia. En el tramo más conflictivo, entre las comarcas del Bajo Ebro y el Montsià, se ha limitado la velocidad de los camiones a 80 km/h, y la de los turismos a 100 km/h. Además, se ha impuesto la prohibición de adelantamientos entre camiones.
Pero para Niño Becerra esas medidas son parches insuficientes. En un nuevo mensaje en su cuenta de X (anteriormente Twitter), sugiere una salida estructural al problema que consta de fomentar el transporte de mercancías por ferrocarril, en lugar de condenar a la AP-7 a absorber el 100% del tráfico pesado.
Lo que denuncia Niño Becerra no es solo una cuestión de mantenimiento o de control de tráfico. Es un problema de modelo. La liberalización de la AP-7, que la convirtió en gratuita para miles de usuarios, tendría efectos negativos imprevistos, como un uso intensivo masivo, una sobrecarga estructural y una seguridad vial comprometida.
El catedrático de economía sugiere que, al desaparecer el peaje, muchos transportistas y viajeros decidieron sacar el máximo partido a algo que hasta entonces consideraban exclusivo, una autopista amplia y directa que conecta el Mediterráneo. Pero las autopistas, sostiene, no fueron concebidas para absorber un tráfico tan elevado sin inversión, mantenimiento, vigilancia reforzada y modernización.
Medidas insuficientes para frenar la siniestralidad
El aumento de siniestros no solo preocupa a los conductores particulares. Las asociaciones de transportistas y agentes del sector denuncian que los atascos, los cortes provocados por infracciones, las reducciones de velocidad obligatorias, y las prohibiciones de adelantamiento están generando un colapso logístico continuo. En muchos casos, simplemente trasladar mercancías ya no resulta rentable si cada trayecto puede demorarse varias horas en atascos.
Por su parte, las autoridades han aumentado la presencia policial y de controles en la AP-7, algo que ya se percibe en los tramos más conflictivos, aunque de momento no ha logrado revertir del todo la estadística de siniestralidad.
El problema fundamental radica en una autopista originalmente diseñada para un volumen limitado de tráfico. Pero la liberalización de tramos ha disparado la demanda sin que se refuercen los estándares de seguridad, mantenimiento y diseño adaptados a las nuevas circunstancias.
Tal como alerta Niño Becerra, la autopista está actuando hoy como una vía saturada, expuesta, donde el tráfico intenso y constante de vehículos pesados, con sus inercias, su peso y su desgaste, incrementa el riesgo de accidentes graves. Y eso sin tener en cuenta fallos estructurales, posibles deficiencias en mantenimiento, señalización o vías de escape adecuadas.
Transportistas denuncian que cada accidente, cada corte de vía, cada intervención policial por infracciones, no solo retrasa entregas, las hace inviables.
Para Niño Becerra la receta pasa por diversificar. Propone que se apueste por el ferrocarril como alternativa real para el transporte de mercancías. De ese modo, la AP-7 recuperaría su papel (o al menos dejaría de ser un cuello de botella), el riesgo disminuiría, y el sistema de transporte logístico nacional podría ganar en eficiencia, seguridad y sostenibilidad.
Además, plantea que las inversiones en mantenimiento, control, señalización, refuerzo estructural y modernización de túneles y tramos sean una prioridad. Sin una infraestructura a la altura del tráfico actual, cualquier medida será simplemente cosmética.
