Me he subido en China a un coche de BYD con el sistema 'Ojo de Dios', que gracias a la IA y Big Data puede tener una conducción autónoma de nivel 3

Tanto las administraciones como los automóviles chinos van un paso por delante de las europeas. Es el caso de Denza, la marca de lujo de BYD. Lo he podido comprobar en China, donde he visto como su coche autónomo con el sistema 'God’s Eye 5.0' funciona realmente bien.
He viajado a China para probar el sistema de conducción autónoma de nivel 3 de BYD (es el primero que ha recibido la licencia nacional para este tipo de pruebas), que la firma oriental ha denominado 'God’s Eye 5.0' ('Ojo de Dios 5.0'). Y qué mejor que corroborar su buen o mal funcionamiento que en una caótica ciudad como Shenzhen, donde el tráfico está gobernado por motocicletas eléctricas cuyos conductores no tienen aprecio por su vida.
La novedad es que el sistema no se basa en reglas de programación tradicionales como 'IF‑THEN‑ELSE' (abajo te dejo una imagen de un ejemplo), sino que utiliza una IA de modelo ‘extremo a extremo’ combinada con aprendizaje por refuerzo.

Eso significa que ya no solo ejecuta órdenes establecidas por los ingenieros, sino que aprende a tomar decisiones con comportamientos parecidos a los de un humano.
Y ese aprendizaje continuo se realiza gracias a que más de 2,65 millones de vehículos BYD en China equipan el sistema conducción asistida, por lo que el sistema aprende de situaciones del mundo real y evoluciona con los más de 160 millones de kilómetros diarios que cubren.
Cada automóvil con este sistema utiliza un amplio abanico de sensores que se nutren de diferentes tecnologías para que el 'cerebro' analice y decida la acción en tiempo real. Por ejemplo, equipa LiDAR de alta precisión (Light Detection and Ranging: tecnología de teledetección que emite pulsos de luz láser), que se encarga de mapear el entorno en 3D, además de ser capaz de crear 'carriles virtuales' cuando la vía no tiene las marcas pintadas en el asfalto. También presume de montar cámaras HD y radares de ondas milimétricas, que logran detectar obstáculos, peatones y vehículos.
Además, para una mayor seguridad, los modelos de alta gama integran redundancia de hardware en dirección, frenos y propulsión, asegurando que el coche mantendrá el control ante un fallo.

Yo he podido probarlo desde el asiento del acompañante de un Denza Z9GT, el Shooting Brake de la marca de lujo de BYD con hasta 1.156 CV y una potencia de carga de 1.500 kW. Por cierto, mi compañero Kike Ruiz ha podido probar este coche eléctrico de 115.000 euros desde el asiento del conductor, con el volante en sus manos, por las calles de París.
El conductor activa el sistema tocando la leva izquierda, que es cuando las luces azules del retrovisor y la trasera se encienden. En China, los coches que circulan de forma autónoma deben indicarlo con esta luz. También, por ley, el conductor está obligado a, al menos, rozar el volante para seguir disfrutando del sistema.
Una vez en marcha sorprende, y mucho, cómo es capaz de sortear, mediante el freno o la dirección, un tráfico tan denso y descontrolado como el de China, donde las motos en dirección contraria se adjudican el papel principal del largometraje. Y no es una película ni un cuento chino... Asombrado me deja ver cómo gira en los cruces, cambia de dirección en U (si el ángulo de giro es muy estrecho, maniobra solo), supera glorietas, gestiona semáforos, adelanta, cambia de carril, evita conos o se adapta a desvíos por obras (también es capaz de hacerlo en terrenos embarrados o nevados); y si se topa con una carretera cortada, busca otra vía.
Y es que, el sistema está tan avanzado, que hasta puede driftar sin que el conductor intervenga, como puedes ver en este vídeo. Pero en el nivel 3 no se va a quedar la empresa china, porque quiere seguir perfeccionando y evolucionándolo; para ello invertirá más de 12.000 millones de euros.
Tan segura está BYD de su conducción autónoma, en la que trabajan 5.000 ingenieros, que ha anunciado que garantiza cobertura total de daños ante un accidente durante un año.

