Los coches vuelven a los botones físicos, pero seguirán con pantallas, aunque plantean algunos problemas de seguridad

Los fabricantes han aceptado las críticas y empiezan a ver una solución híbrida como el camino a seguir más interesante para sus habitáculos.
La industria del automóvil es como el resto del mundo: se vuelca con la novedad. Da igual si hablamos de sistemas de propulsión, de carrocerías o de tecnología. Lo último es especialmente importante, porque en las últimas dos décadas se ha experimentado una evolución en la tecnología de abordo de los coches como nunca antes se había visto. Uno de los mayores exponentes de esto son las pantallas… que han sido fuente de no pocas polémicas.
Reservadas en primera instancia para coches de alta gama, marcas premium y los segmentos superiores, de un tiempo a esta parte son comunes en cualquier tipo de automóvil, hasta tal punto que se ha llegado a decir que los coches parecen tablets con ruedas. Esto ha tenido aspectos positivos, como la personalización, poder mostrar más información, etc.; pero también negativos, e importantes, como es la seguridad.
Eso nos ha llevado a un momento de transición relativamente profunda en la que, aunque se sigue apostando por la mejora tecnológica, se ha echado un poco freno en lo digital, con la industria estableciendo un consenso en lo que a la vuelta de los botones físicos se refiere.
Tras una etapa en la que las pantallas táctiles ocupaban el centro del tablero y, pese a que es una tendencia que se mantendrá, cada vez son más los fabricantes los que apuestan por resucitar los controles analógicos, aunque sea de manera parcial, porque también tienen ventajas notables respecto a los táctiles.
El auge de las pantallas y sus límites
Durante la última década, la tendencia dominante fue la eliminación progresiva de los controles físicos en favor de pantallas táctiles de gran tamaño. Fabricantes como Tesla popularizaron la idea de un solo panel central en el que se controlan prácticamente todas las funciones del vehículo: navegación, climatización, modos de conducción, música y configuraciones del coche.
La propuesta era clara: interfaces modernas, actualizaciones de software continuas y una estética limpia y minimalista. Es una tendencia a la que se ha sumado la inmensa mayoría de la industria. Sencillamente, daba lugar a habitáculos más modernos, hacía que los coches se percibieran con mayor calidad… pero en un primer momento no se prestó atención al hecho de que podía ser algo peligroso.
A medida que estas soluciones se extendieron, emergieron críticas significativas sobre seguridad y usabilidad. Numerosos estudios y organizaciones de seguridad vial han señalado en reiteradas ocasiones que las pantallas táctiles, al requerir que el conductor quite la vista de la carretera para interactuar con menús complejos, pueden aumentar las distracciones al volante.
A diferencia de los botones físicos, que permiten un uso más intuitivo y “a ciegas”, las pantallas suelen necesitar múltiples toques para acceder a funciones básicas, como ajustar la temperatura o cambiar emisoras de radio, lo que hace que inevitablemente la mirada y la atención de quien esté al volante se desvíe de la carretera, que es donde debería estar.
Informes de entidades como la AAA (Automobile Association of America) y la IIHS (Insurance Institute for Highway Safety) han puesto de manifiesto que la carga cognitiva asociada a las pantallas táctiles puede ser más peligrosa que enviar un mensaje de texto mientras se conduce.
Se calcula que, de media, interactuar con la pantalla central del vehículo supone entre 1 y 2 segundos, pudiendo ser hasta 2,5 segundos en algunas ocasiones. Puede parecer un tiempo corto y breve, pero en movimiento pueden pasar muchas cosas. Circulando a 100 km/h, son más de 50 metros los que se está sin mirar a la carretera, suficiente para que ocurra cualquier imprevisto y acabe en un accidente.
La vuelta de los botones físicos
Frente a estas críticas, que llevan esgrimiendo desde hace ya unos años, varios fabricantes están reintroduciendo botones físicos, mandos giratorios y superficies táctiles hápticas tanto en los volantes como en las zonas clave del salpicadero. Tras la reflexión, se ha llegado a la conclusión de que ofrecer una solución híbrida es la mejor opción.
Pero, ¿qué es lo que aportan los botones físicos? Su principal argumento a favor es la seguridad. Los botones físicos permiten al conductor realizar ajustes sin apartar la vista de la carretera, apoyándose en el tacto y la memoria muscular, por lo que su atención sigue en la carretera. Por ejemplo, los controles de climatización con perillas físicas o botones específicos para el volumen y la selección de emisoras reducen el tiempo de interacción.

El segundo es que su uso es mucho más intuitivo. Son más fáciles de localizar sin mirar y al interactuar con ellos se logra un feedback táctil muy útil: un botón que se pulsa, una rueda que gira, son sensaciones que el usuario recibe de vuelta, algo que es difícil de replicar en una pantalla.
Además de por estos motivos, si las marcas han vuelto a los controles físicos es porque el mercado así lo demanda. Los fabricantes han escuchado a los usuarios, a sus quejas por la complejidad creciente de los sistemas multimedia de sus coches y han optado por ofrecer una combinación híbrida: pantallas grandes para funciones complejas y gráficos, y botones físicos para tareas de uso frecuente.
Las pantallas no se van a ninguna parte
Aunque los botones físicos vuelvan, las pantallas digitales no van a desaparecer. Es algo sencillamente imposible, porque son el mejor soporte para mostrar la inmensa mayoría de funciones que a día de hoy se consideran indispensables en la experiencia de usuario dentro de un vehículo.
Pensemos en las aplicaciones, los mapas, la instrumentación digital personalizable detrás del volante, las imágenes que captan las cámaras, la integración con smartphones, etc. Todo está demasiado integrado en los automóviles como para dar marcha atrás.
La clave está en encontrar el equilibrio, algo que ya se ha visto en casos concretos como Volkswagen, que ha sido una de las principales abanderadas de esta nueva tendencia, Ford o Audi.
Hasta que la conducción plenamente autónoma sea una realidad, algo para lo que todavía queda bastante, es necesario que la atención del conductor esté en lo que ocurre en la carretera durante todo el tiempo que sea posible. Volver a una solución sencilla como son los botones, ayudará a ello con creces.

