Irene y Carlos, pareja española que vive en una camper: “Son 10 metros cuadrados, pero cada uno tiene su espacio”

Los creadores del proyecto ‘Una Vida Camper’ muestran la realidad de vivir en una furgoneta camperizada, tanto lo bueno como lo malo.
Vivir en una furgoneta camperizada durante unas vacaciones es una experiencia que cada vez más personas se animan a probar, pero hacerlo de manera permanente, convirtiendo esos pocos metros cuadrados en un hogar, un lugar de trabajo y el escenario de una relación de pareja, es algo completamente diferente. Eso es precisamente lo que llevan haciendo desde hace tres años Irene y Carlos, los creadores del proyecto ‘Una Vida Camper’, que han convertido su día a día sobre ruedas en una forma de vida y en una comunidad seguida por miles de personas en redes sociales.
La pareja, que comparte sus experiencias en Instagram, TikTok, YouTube y también a través de su propia página web, vive en una Volkswagen Crafter de apenas diez metros cuadrados construida por ellos mismos. A ese pequeño espacio también se suman sus dos mascotas, la perra Are y la gata Pita. Lejos de mostrar una visión idealizada del denominado van life, Irene y Carlos aseguran que su objetivo es enseñar “la vida camper de verdad”, incluyendo tanto las ventajas como las dificultades que implica renunciar a una vivienda convencional.
Uno de los vídeos que más repercusión ha tenido recientemente aborda precisamente una de las preguntas que más reciben de sus seguidores: cómo es posible convivir durante años en un espacio tan reducido sin que la relación termine deteriorándose. Ellos mismos reconocen que vivir juntos en diez metros cuadrados “puede ser una pesadilla” si no existen unas reglas claras desde el principio.
La primera de esas normas consiste en crear lo que denominan un “espacio psicológico”. Aunque la camper carece de habitaciones o lugares separados, ambos consideran imprescindible reservar pequeños momentos individuales para desconectar. “Aunque no haya espacio físico, cada uno tiene su momento y su lugar”, explican, dando forma a una estrategia que les permite mantener cierta independencia dentro de una convivencia en la que prácticamente comparten las 24 horas del día.
La segunda regla tiene que ver con la toma de decisiones. Después de tres años viajando, aseguran haber aprendido que nunca es buena idea decidir el destino del siguiente día o el lugar donde dormir cuando están cansados, nerviosos o estresados. Según cuentan, la mayoría de sus discusiones surgían precisamente al final de la jornada, cuando el cansancio hacía más difícil ponerse de acuerdo. Por eso intentan resolver las cuestiones importantes cuando ambos están tranquilos y pueden hablar con calma.
La tercera pauta es celebrar los pequeños momentos positivos. En una rutina marcada por la logística, los desplazamientos, el mantenimiento del vehículo y los imprevistos propios de viajar constantemente, consideran fundamental recordar por qué eligieron este estilo de vida. Compartir aquello que ha salido bien durante el día les ayuda a relativizar los problemas cotidianos y a fortalecer la relación. “Las pequeñas cosas en diez metros cuadrados se amplifican”, reconocen.
Su historia refleja el crecimiento que está experimentando la vida nómada sobre ruedas en España. En los últimos años, el auge del teletrabajo, el elevado precio de la vivienda y el deseo de disfrutar de una mayor libertad han impulsado el interés por las furgonetas camperizadas y las autocaravanas.
Sin embargo, Irene y Carlos insisten en que vivir en una camper no significa necesariamente vivir barato. En su propia web explican con total transparencia que sus gastos mensuales rondan los 1.500 euros, una cantidad que incluye combustible, alimentación, mantenimiento del vehículo, conexión a internet mediante Starlink y otros costes habituales de la vida en ruta.
A ello hay que sumar la inversión inicial necesaria para adquirir la furgoneta y camperizarla, un proceso que ellos realizaron personalmente durante cuatro meses antes de comenzar su nueva vida. Esa alternativa tiene un coste más reducido, pero sigue teniendo un coste, pero es que hacerlo con empresas profesionales hace que las cantidades se disparen de manera considerable.
Además, esta forma de vida exige conocer bien la normativa. En España es posible dormir dentro de una camper siempre que el vehículo esté correctamente estacionado y no se considere que se está acampando. La diferencia puede depender de detalles como desplegar un toldo, sacar mesas o sillas al exterior o ocupar espacio fuera del vehículo. Incumplir estas normas puede acarrear sanciones que varían en función del municipio o del espacio protegido en el que se encuentre la furgoneta.
De esta manera, la pareja ofrece en redes una visión global y completa de lo que es vivir en una camper, no solo la fotografía idílica que muchos influencers de este segmento muestran. Tiene sus ventajas, pero también unos inconvenientes que hay que valorar.


