He probado el Aston Martin Vanquish Volante: un cabrio con motor V12 de 835 CV sin concesiones

Hace 60 años vio la luz el primer Aston Martin descapotable. Con este modelo, los británicos marcan un hito con una potencia impresionante y un sonido magnífico.
Hubo un tiempo en que los cabrios no eran especialmente populares; a no pocos se les notaba la tendencia a la torsión debida a su construcción, en cualquier caso eran más pesados y más caros que los respectivos coupés, y además por lo general también algo más lentos.
Hace mucho de eso, porque hoy las versiones abiertas se desarrollan junto con los coupés y ocupan un lugar destacado en la jerarquía. Como, por ejemplo, el Aston Martin Vanquish Volante, la “joya de la corona de una gama de modelos con 60 años de historia”, como subraya el comunicado de prensa de la versión cabrio del “Conquistador” (“Vanquish”). “Definitorio del estilo de los coupés elegantes y deportivos”, añade Adrian Hallmark, CEO de Aston Martin.
Motor: tradición V12
Como gemelo sin techo del coupé, la variante cabrio, tan tradicional en Aston Martin, también es superlativo. Está, por un lado, el V12, una extravagancia de la que muchos otros fabricantes se han despedido por completo. Aston Martin mantiene esta tradición desde el V12 atmosférico del DB7 Vantage de 1999, de forma ininterrumpida.
Y es más: con el V12 actual establecen también algunos récords. El 5,2 litros biturbo genera 835 CV y 1.000 Nm, lo que convierte al Volante no solo en el cabrio de motor delantero más potente, sino también en el Aston de serie abierto más rápido hasta la fecha: con sus 345 km/h de punta, por cierto, ni un ápice más lento que el coupé.
Diseño
La ejecución estética del concepto cabrio ha salido, como casi siempre en Aston, a la perfección. La capota en forma de K se pliega en un paquete de solo 26 cm de altura bajo la cubierta y no interfiere en absoluto con sus líneas impresionantes.

Entre ambos estados se puede elegir hasta una velocidad de 50 km/h y cronometrar: no se necesitan más de 14 segundos para convertir el Vanquish en un cabrio, y en 16 segundos el techo vuelve a cerrarse y atenúa de forma bastante eficaz el ruido exterior, lamentablemente también el del V12, que acompaña la su desempeño —capaz de aumentar sin esfuerzo hasta lo dramático— con su voz ahumada y brutal, que en el cabrio despliega todo su poder orquestal.
Ese es ya uno de los principales contrastes entre ambas variantes, porque no se percibe ni el más mínimo indicio de tendencia a la torsión del Vantage, ni la diferencia de peso de unos 100 kilogramos resulta apreciable de manera significativa fuera de un circuito. Ni transversal ni longitudinalmente: una décima de segundo es la diferencia entre coupé y cabrio en el sprint de 0 a 100 km/h.
Pero claro, tanta exclusividad tiene un precio: nuestro coche de prueba superaba con holgura los 400.000 euros. Si uno empieza a pensarlo demasiado, puede hasta marearse…
Comportamiento
También podría marearse uno en esa interminable carretera secundaria sinuosa y estrechamente curvada en el interior de España, cerca de Barcelona, que no es precisamente el terreno ideal para un gran, ancho y casi violentamente potente V12.
Dadas estas circunstancias, sin embargo, el lujoso cabrio dialoga con las curvas de manera sobresaliente. El chasis y la dirección están bien coordinados, la distribución de peso del Vanquish Volante —que no es precisamente ligero con sus 1.880 kg en seco— es equilibrada. Y los amortiguadores Bilstein DTX abarcan realmente un espectro impresionante, desde un rodar suave hasta una firmeza deportiva.

El Aston, al girar, corta casi sin movimientos de la carrocería incluso las curvas enlazadas más estrechas con elegancia y estilo es impresionante, pero no es la competencia principal del noble británico.
Y es que el mayor deleite se concentra en su V12, que aquí se deja oír sin reservas y que, bajo el maravilloso y largo capó, parece esperar únicamente el momento de, más allá de las 2.000 rpm, desatar un infierno de aceleración que estimula los sentidos desde distintas direcciones.
Está, por un lado, el empuje monumental que se siente en la nuca; por otro, el brevísimo lapso en el que el 5,2 litros impulsa las 1,8 toneladas de carbono noble hacia el límite de revoluciones, mientras los rápidos cambios de marcha de la caja automática ZF de ocho velocidades, situada en la parte trasera, liberan un empuje continuo. Todo ello va acompañado de un sonido que es áspero, salvaje y al mismo tiempo armonioso: típico Aston Martin.

Poco antes de terminar el trayecto cerramos casi a regañadientes la capota; de golpe todo se vuelve más silencioso. Después del intenso trajín de curvas, el noble Gran Turismo que hay dentro del Vanquish vuelve a hacerse notar: relajado, superior y siempre dispuesto a saltar hacia la línea del horizonte.
Conclusión
Solo por el sonido sin restricciones, el Vanquish abierto entusiasma más que el coupé. La diferencia de peso no debería molestar seriamente a nadie lejos del cronómetro; en cambio, la ganancia en placer sensorial pesa demasiado. ¿El precio? Especial, ¡como el coche!
